Eduardo Zapata

Eduardo Zapata

Tócame que soy realidad

Hay que “tocar” al Estado para concebirlo como real

Tócame que soy realidad
Eduardo Zapata
05 de octubre del 2017

Como todos sabemos, la baja popularidad presidencial —y de las instituciones estatales— constituye una debilidad para el ejercicio de la gobernanza democrática. Y habíamos dicho en una nota anterior que el Gobierno actual tenía tres balas de plata para recuperar la confianza ciudadana.

El partido de fútbol de hoy es una de ellas. Si el éxito nos sonríe y el Gobierno aprovecha la coyuntura —y aunque muchos lo critiquen— esta será una de las balas de plata que urgimos como país. Esperemos que así sea.

Quedarán solo otras dos balas de plata. La visita papal y la reconstrucción con cambios. Ocasiones para fortalecer la imagen presidencial la primera, y por extensión al Gobierno todo. Y la segunda para fortalecer también la imagen presidencial, pero sobre todo la de una primera ministra que se muestre ejecutiva.

La frase de un joven futbolista ocupó hace algunos años muchas páginas de análisis en los diarios y provocó desde sesudos diagnósticos —psiquiátricos y sociológicos— hasta risueñas complicidades fácticas. De hecho, muchas combis y micros rápidamente adornaron sus vehículos con ella.

Este último dato y el uso frecuente que los hablantes hicieron de ella, revelaba que —más allá de la burla o la sonrisa— la expresión refleja el imaginario de vastos sectores de la población. Particularmente de aquella a la que se denomina despreocupadamente como la “población antisistema” —emergente o no— deseosa supuestamente de aceptaciones fáciles y proclive a la ruptura de las reglas. Expresión del “achoramiento”, dicen muchos.

Si trasladamos esta visión popular a la concepción de lo que los ciudadanos esperan del Estado, hallaremos un sentido profundo —y un reclamo— respecto a lo que tanta gente espera de él: cercanía para comprobar su real existencia. El pretencioso Estado también necesita ser “tocado” por la gente para ser realidad. Si usted cree que es inaccesible, pues solo tocándolo caerá en la cuenta de que existe.

En ese sentido, las balas de plata del fútbol y la visita papal serán —si son debidamente explotadas— ocasiones para devolver algo de fe a la gente. Pero la verdadera bala de plata será el reto de la reconstrucción. O esta es debidamente explotada desde el punto de vista de la comunicación política y el Gobierno retoma la confianza evanescida, o todo ya está perdido para este periodo gubernamental.

En los últimos años se ha hablado de la necesidad de “adelgazar” el Estado, de “quitarle grasa”, de ponerlo finalmente a dieta. Lamentablemente el consejo nutricionista ha devenido solo en neutralizar atribuciones y funciones, vía estériles transferencias a gobiernos locales, manteniéndose el “índice de grasa” —léase burocracia— por encima de lo permisible. ¿Resultado? Nuestro Estado se percibe cada vez más como un obeso omnívoro incapaz, casi, de moverse. Y cuando lo hace, lo hace torpe y tardíamente. Y eso no puede ocurrir con la reconstrucción.

De cara al futuro creo que haríamos bien en trasladar al Estado el mensaje subyacente a la expresión “Tócame que soy realidad”. La gente —no juzgo aquí su concepción— espera un Estado capaz de ser tocado para poder ser concebido como real. ¿Qué significa esto? Que la gente espera que Estado, Poder y Autoridad sean tangibles. Para poder creer en él.

El discurso tecnocrático suele recetar una dieta para el Estado. Obvio que necesaria. Estado pequeño pero eficiente. Pero me temo que la mano invisible del Estado que estos nutricionistas propugnan ha devenido en un Estado anémico incapaz de ejercer Poder y, menos, Autoridad.

La invisibilidad de la mano del mercado es correcta y necesaria. El Estado, en cambio, necesita ser percibido como visible y capaz de proveer oportunamente los servicios que —como contraprestación— exigimos quienes pagamos impuestos.

Más o menos gordito, pues, requerimos que el Estado exista. La mano del Estado —en la concepción ciudadana— requiere visibilidad. Y la anunciada reconstrucción con cambios será la bala de plata que podría dar una visible oportunidad de gobernanza.

Eduardo Zapata Saldaña

Eduardo Zapata
05 de octubre del 2017

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