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Superhéroes sociales

Columna

Superhéroes sociales

17 de Agosto del 2017

Activistas, defensores, ideólogos y oenegeros

Mi álbum de superhéroes sociales lo empecé de niño. Las primeras figuritas fueron de los barbudos con fusil y uniforme militar que entraron a La Habana para dizque liberar al pueblo de la dictadura, pero luego se quedaron eternamente oprimiendo al pueblo, y aún siguen allí. Desde entonces mi álbum ha crecido con toda clase de superhéroes, luchadores sociales, defensores de causas nobles y cursis igual de farsantes. La última figurita la saqué de una marcha “Ni una menos”. Muestra a unas chicas con torso descubierto y las tetas al aire, como si fueran las femen de los pobres.

He coleccionado luchadores y defensores de todo tipo: de los pobres, de los nativos, de los toros, los animales (perros y gatos, para ser específicos), de la mujer, de la moral, de los derechos, de la familia, del ambiente, del consumidor, etc. De nunca acabar. Lo que más sobra en este mundo son luchadores sociales y defensores de causas nobles y cursis. Estamos hasta la coronilla de estos superhéroes sociales.

La lógica de ellos es siempre la misma: hay una “víctima del sistema” (un grupo social, etnia, clase, especie, género, etc.) y un “sistema” que amenaza y causa el mal, y contra el que hay que luchar. Las víctimas siempre son víctimas inocentes, y esto es un dogma intocable. La culpa siempre recae en otros, básicamente en el “sistema”. Es así que los pobres no tienen la culpa de ser pobres ni las mujeres de ser maltratadas, y cuidadito con sugerir lo contrario porque te saltarán al cuello como vampiros. Ellos son los dueños de la verdad, la moral, el pensamiento correcto y las teorías totales.

Veamos el caso del feminismo trasnochado que, para empezar, ha victimizado a la mujer para luchar contra el sistema opresor del patriarcado y el machismo; aunque a veces se extienden contra del capitalismo, el neoliberalismo, el romanticismo, etc. Sin mayor análisis, llevadas solo por la histeria militante, inventaron el delito de feminicidio, cuya definición no calza con la realidad de las mujeres asesinadas, pero eso no importa. Toda mujer asesinada por un hombre es un “feminicidio”. ¿Qué cambia eso? Nada. Tampoco el aumento de penas tiene incidencia alguna en la realidad de la mujer. Nada ha cambiado con las marchas ni con las leyes tremebundas, y menos con las teorías conspirativas y trasnochadas del feminismo marxistoide.

Esto es lo que pasa siempre con los luchadores sociales: nunca resuelven nada porque nunca tienen el diagnóstico correcto ni las recetas efectivas. Solo son expertos en el show, el floro, la consigna, etc. Son aprovechadores profesionales que utilizan una situación para ganar sus propios espacios. Utilizan a las víctimas para posar como luchadores y profetas de la liberación, pero los problemas siguen allí y las víctimas aumentan. Es el caso de los socialistas con los pobres o las feministas con la mujer.

En el debate sobre la mujer solo les dan cabida a víctimas y activistas. Estoy cansado de oírlas cacarear las mismas condenas y maldiciones. Pueden llevar mil de estas feministas y todas dirán exactamente lo mismo. Y por desgracia, la prensa no pasa de ese nivel primario del show. Nunca he visto un panel de especialistas de verdad, de psicólogos, psiquiatras, antropólogos, sociólogos, etc., que aborden esta problemática desde puntos de vista científicos y cruzados. Seguramente que eso les parece aburrido y no vende. Prefieren el show de las activistas y de las víctimas, a las que han convertido en heroínas y símbolo sagrado del maltrato a la mujer.

Mientras el debate abierto, sincero y —sobre todo— versado de los problemas sea dejado de lado para preferir el show de las activistas, mientras se devanen los sesos en busca de la mejor teoría conspirativa ideológica social, mientras todo sea pedir más leyes histéricas, nada va a cambiar. Los luchadores, defensores, ideólogos, activistas y oenegeros son como las moscas que se posan sobre un problema maloliente: nunca lo resuelven, sino que viven de él.

En este circo juegan su papel los políticos y la prensa, que se dejan arrastrar por las activistas. Lo único que estas logran es fama, espacios en la televisión, una columna en la prensa, selfies en las redes sociales, etc. Y les conviene que todo siga así.

 

Dante Bobadilla