José Ignacio Tola

José Ignacio Tola

Sobre el uso y la necesidad del quechua en el Perú

Sobre el uso y la necesidad del quechua en el Perú
José Ignacio Tola
20 de junio del 2017

Preservación del idioma depende de los propios quechuahablantes

Hace unos días llegó a mi teléfono el link de un video titulado "¿Por qué más peruanos no hablamos quechua?", en el que la docente Virginia Zavala, del departamento de Humanidades de la Pontificia Universidad Católica del Perú, explica las razones por las que, en su opinión, no existe en el Perú un bilingüismo activo. Junto con el link, el remitente preguntaba mi opinión sobre el tema, y me pareció pertinente responder por este medio, ya que es un tema de interés nacional. No soy un experto, así que me limito a dar mi opinión apoyado en el conocimiento que tengo de mi país y, creo, en el sentido común.

[El video puede verse aquí: https://www.youtube.com/watch?v=ILYiCi-u244]

La explicación de la profesora Zavala tiene dos partes muy claras: diagnóstico y propuesta. En la primera parte, la docente plantea el concepto de "ideologías lingüísticas" y señala que estas constituyen un conjunto de ideas o creencias sobre una determinada lengua. En el caso del quechua, explica, estaría asociado en el imaginario colectivo "a la pobreza, a la carencia, al analfabetismo, al bajo nivel de escolaridad y a la ruralidad"; y se trataría de creencias que "se asumen como verdades absolutas".

El problema, según Zavala, es que hablar quechua constituye en la mente de las personas un problema, en lugar de un recurso: "Se piensa que una persona, cuando habla quechua lo está haciendo porque todavía no ha aprendido el castellano", señala, y que eso la colocaría en situación de inferioridad respecto del interlocutor.

Hasta aquí la parte del diagnóstico que, me parece, peca de superficial. Es cierto que existe un gran complejo en relación con el quechua, y que este se suele asociar inconscientemente con esas taras que señala Zavala. Pero también es cierto que esas asociaciones no responden a la fantasía, o a una leyenda negra creada en torno al uso del quechua, sino a la realidad pura y dura. Objetivamente, en el Perú no saber castellano es un problema serio, y coloca a las personas en situación de desventaja grave frente a la sociedad. Y aquí está justamente el principal error de este diagnóstico: el verdadero problema, y la principal fuente de este complejo cultural, no es hablar quechua, sino desconocer el castellano —que es, por lejos, la principal lengua del país—, y no sentirse, por lo tanto, integrado a la sociedad.

Ahora bien, si el diagnóstico es errado, lo será necesariamente el remedio. La respuesta al problema, según Zavala, sería atacar el problema ideológico. Es decir, tratar el quechua no como un problema, sino como un recurso; y cambiar las representaciones negativas que se tienen de esta lengua, y hacerlo por medio de prácticas individuales e institucionales. Por el lado institucional, se deberían tomar una serie de medidas que comiencen a "desafiar o retar estas representaciones". Por ejemplo, "se puede poner como requisito para trabajos el hablar quechua", "dar becas exclusivas para quechuahablantes", etc. Por el lado individual, la docente habla de "pactos de interlocutores" para promover el uso del quechua en ciertos espacios donde no suele usarse, etc.

En resumen, Zavala propone, como respuesta a un problema ideológico, una solución ideológica. Plantea cambiar un contenido ideológico por otro, en lugar de buscar una solución práctica. Propone cambiar las "representaciones negativas" por otras positivas, sin preguntarse siquiera si dichas "representaciones negativas" responden en algo a la realidad. Esas prácticas individuales e institucionales, además, resultan absolutamente irreales, sobre todo las primeras. ¿No se debería, más bien, destinar ingentes recursos a integrar a todas las comunidades de peruanos, sean quechuas o aymaras, a la sociedad peruana? ¿Por qué no se lucha de manera agresiva contra el analfabetismo? ¿Por qué no se ponen más recursos en la enseñanza del castellano?

No se me malentienda. Yo valoro todo lo que es peruano y todo lo que forma parte de nuestra herencia histórica y ha dado lugar al formidable mestizaje y a nuestra riquísima variedad cultural. Y en ello ciertamente lo indígena es un ingrediente esencial. Pero dudo, aunque esto pueda escandalizar a alguno, que para preservar todo esto sea indispensable difundir el quechua u otra lengua de manera forzada.

Insisto en esto con un ejemplo. El latín es hoy en día una lengua muerta, y a nadie se le ocurre en Italia resucitarla, si no es con fines culturales y con el objeto de preservar el patrimonio clásico, que es de una riqueza infinita. El estudio de esta lengua es ciertamente necesario para acceder a dicho patrimonio. El quechua sigue siendo, por el momento, una lengua viva; pero nadie debería alarmarse si está destinada a dejar de serlo en el mediano o largo plazo. En todo caso, los responsables de evitarlo deben ser las mismas comunidades quechuahablantes y no el Estado, de manera artificial.

José Tola

José Ignacio Tola
20 de junio del 2017

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