Tino Santander

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Sintonicemos con el Perú

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Tino Santander
13 de octubre del 2015

Reflexiones críticas sobre los liderazgos políticos en nuestro país

Acaba de terminar la reunión de gobernadores del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional después de una semana de tregua en la lucha por el poder. Todos los actores de la contienda electoral se portaron bien, nadie hizo declaraciones altisonantes y parecíamos ser la democracia más avanzada de América Latina. Un país alabado por los banqueros occidentales.

En medio de esta calma aparente, la prensa anunció que los combatientes por el sillón de Pizarro contratan asesores extranjeros de marketing electoral como si fueran mercenarios. Para ellos las campañas son pingües negocios y no les interesa defender y representar las necesidades y esperanzas de los pueblos.

Basados en esta lógica hay candidatos que plantean la participación de las FFAA en la lucha contra la delincuencia, para ponerse a tono con el clamor ciudadano que exige la presencia de los militares en las calles. Pero el giro que más controversia generó ha sido la sorpresiva “conversión democrática” de la Sra. Fujimori, que ahora reconoce el aporte de la Comisión de la Verdad y apoya  la unión civil homosexual con el fin de  atenuar la resistencia contra el fujimorismo.

El gobierno de Humala, por su parte, viola los reglamentos de ascensos y nombra a sus compañeros de promoción en los puestos más importantes del Ejército. Humala maneja el poder como el club de Toby –hace lo que le da la gana-. No sabemos con qué intención.

Lejos de este mundo artificial hay 10 millones de peruanos que no tienen agua ni desagüe; miles de pueblos y ciudades provincianas carecen de plantas de tratamiento, contaminan ríos y el medio ambiente; hay regiones sin hospitales, ni colegios, ni carreteras, ni transporte, ni seguridad. El 82% de los agricultores no accede al crédito. Millones de niños desatendidos permanecen expuestos a enfermedades. Gran parte de nuestro capital humano está abandonado a su suerte.

Ante esta dramática realidad los partidos son instituciones autistas, enredadas en sus propios planes, y los candidatos contratan marketeros para vender su imagen a los electores. La indolencia de los políticos es tan grande que parece que no les importa el Perú.

Al pueblo no le importa quien asciende a general. No conoce las conclusiones de la Comisión de la Verdad. Inclusive repudia (por atavismo) los derechos civiles de la comunidad homosexual.

He comprobado en mis frecuentes recorridos por el país que los sectores populares usan a los políticos para conseguir cosas mínimas; que la frase “todos quieren el poder para robar compañero” o  los jóvenes que dicen “nos llegan a la punta...”, son expresiones mayoritarias en el Perú. La gente rechaza las poses falsas; busca a los políticos para lograr objetivos inmediatos, y usa las protestas violentas para mostrar que existen.

La democracia para el 98% es la formalidad que se repite cada cinco años. Los pueblos tienen que trabajar, estudiar, luchar, conseguir su propio empleo, hacer empresas, enfrentarse a la Sunat y al estado enemigo. No confían ni pueden confiar en nadie en las actuales circunstancias.

Sin embargo, se sienten a su manera profundamente peruanos y construyen el país con fe e inmenso sacrificio. Son los comuneros, los pueblos, las pequeñas empresas urbanas que caminan por su lado y luchan a veces con fuerza para llegar a acuerdos con el mundo oficial. No existe para esa inmensa mayoría autoridad que oriente el camino del desarrollo nacional.

El Perú carece de una elite dirigente con visión, que actúe motivada por un genuino compromiso nacional. Tenemos en cambio una especie de clase mandamás, no líderes formados para conducir al pueblo hacia el futuro promisorio. Somos todavía gente diversa, desparramada a través de una loca geografía que pide igualdad, justicia social y no encuentra destino.

Por: Tino Santander Joo

Tino Santander
13 de octubre del 2015

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