Dante Bobadilla

Dante Bobadilla

Rumbo al socialismo

No nos atrevemos a contradecir el sentido común socialista imperante

Rumbo al socialismo
Dante Bobadilla
26 de abril del 2018

 

Muchos han entrado en shock por el repunte de la pobreza. No entiendo por qué, si hace tiempo que vamos cuesta abajo. Es el resultado natural del “modelo” que seguimos hace años, resumido en más y más Estado. Todo lo que se hace es incrementar la intervención del Estado en la economía, combatir a la empresa privada y fastidiar las inversiones. ¿Entonces de qué se quejan? ¿Por qué se sorprenden?

¿A alguien le extraña que Cajamarca sea el departamento más pobre? Pero si es la cuna del comunismo antiminero de Marco Arana y Gregorio Santos, el escenario de la exitosa telenovela caviar internacional “Agua sí, oro no”, en la que Máxima Acuña es la solitaria y sufrida protagonista de la lucha contra la minería abusiva. Que no se quejen pues de la miseria si prefieren lagunas inservibles en vez de dinero.

Vamos rumbo al socialismo, a paso lento pero seguro. La consolidación del modelo fue obra de Ollanta Humala con su gran política de “inclusión social”, con un ministerio dedicado a regalar plata en diversas modalidades (o “programas sociales”), con un discurso chavista: “la economía al servicio del pueblo y no el pueblo al servicio de la economía”, “un TLC hacia adentro” y una “economía nacional de mercado”. ¿Qué significaba todo ese parloteo? Nada. Humo. Pero de esa clase de charlatanería barata viven los progresistas de cliché y caviares de academia. Todos aplaudían.

El ex presidente Alan García se ufana de sus cifras positivas como si los resultados de las políticas fueran inmediatos. Olvida que navegó viento en popa gracias a los altos precios de nuestros minerales y la ventaja del piloto automático aún operativo. Lo real es que su Gobierno marca el punto de inflexión en que el país inició a rodar cuesta abajo. No hizo nada por confrontar la demagogia izquierdista que empezó su ofensiva contra la minería con diversas tretas. Como el “impuesto a las sobreganancias” y el falso ambientalismo, al cual incluso García le dio alas con un ministerio rimbombante.

Alan García nos dejó dos bombas de tiempo y un terreno minado. Los ministerios de Cultura y del Ambiente, más tarde infestados de caviares, supusieron un retardo de casi dos años en la tramitología de las inversiones y costos más elevados. Trámites como el “estudio de impacto ambiental”, un ejercicio de chamanería seudocientífica que se puede tirar al tacho si a los antimineros no les gusta, y la “constancia de inexistencia de restos arqueológicos” condujeron a la parálisis de las inversiones. A esto hay que sumarle el disparate de la “licencia social”, que es el chantaje comunista puro y duro, sustentado en la toma de carreteras y paros regionales. Pero lo increíble es que todos aplaudían estos “avances” hacia atrás sin corregir nada.

El Congreso también contribuyó a la caída. ¿Ustedes creen que alguna empresa invertirá millones de dólares en parqueos si hay una ley que los obliga a cederlos gratuitamente? ¿O que alguien invertirá en colegios privados cuando una ley defiende a los que no pagan la educación que reciben y el colegio no tiene forma de cobrarles? ¿O que alguien invertirá en viviendas si la ley defiende al inquilino moroso? Tenemos muchas maneras en que el Estado no protege al inversionista ni al empresario. Más bien los boicotea con leyes demagógicas que pretenden “defender al que menos tiene”. Hacer empresa en el Perú es cada vez más difícil y peligroso.

Tenemos una extendida mentalidad anti empresa y anti mercado en nuestra sociedad. Debe ser producto de la ignorancia y el subdesarrollo, o viceversa. Es muy común encontrar en las redes furiosas actitudes anti empresa privada y pro Estado. La gente detesta a las empresas y piden más intervención del Estado. ¿Han visto cuánta gente detesta a las AFP solo porque son privadas? Este país está de cabeza.

Por todo esto, no me extraña que ya estemos sintiendo el agua en los pies. Y es solo el comienzo. Estoy seguro de que llegaremos con el agua hasta el cuello, porque a eso apunta la mentalidad de nuestra gente y de nuestros políticos incapaces. Nadie tiene pelotas para contradecir el sentido común socialista y emprender reformas liberales.

Y no me digan que no se los advertí.

 

Dante Bobadilla
26 de abril del 2018

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