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Reunión en Palacio: entre la esperanza y el pesimismo

Columna

Reunión en Palacio: entre la esperanza y el pesimismo

14 de Julio del 2017

Rectificaciones y confluencias promisorias para el futuro

Se han escrito análisis de gran lucidez sobre dos peligrosas tendencias que se refuerzan recíprocamente en perjuicio del Perú: el hundimiento de los partidos tradicionales y el fraccionamiento expansivo que se hace evidente en las bancadas del Congreso; y por otro lado, el activismo extremista que bloquea el crecimiento económico y estrangula el desarrollo de la minería.

En “Las tres izquierdas” (El Comercio 12/7/2017) Cecilia Valenzuela alerta sobre la estrategia de los movimientos radicales antimineros que ganan presencia en el sur, anticipando que confluirán con el verdadero objetivo estratégico de la facción mendocista, separada del Frente Amplio, que ha sacrificado su operatividad parlamentaria por una meta de mayor proyección. Mientras el discurso apunta al Bicentenario de 2021, ellos quieren triunfar en las elecciones regionales de 2018 para copar gobiernos regionales y municipales en un país fracturado por el simulacro de regionalización heredado del toledismo. Es un razonamiento avalado por los hechos y una hipótesis política probable y que debe neutralizarse con urgencia para no caer en experimentos suicidas como el de la Venezuela chavista.

Desde otra perspectiva, el director de El Montonero (“Reunión en Palacio y fragmentación del Perú”, 12/7/2017) subraya el absurdo de que las fuerzas políticas promercado, a las que el voto ha puesto en la conducción de los poderes Ejecutivo y Legislativo, se hayan empeñado en alimentar divergencias de menor cuantía. Ignorando, además, que tales actitudes no hacen sino favorecer las aventuras antisistema que alienta la diáspora izquierdista para las elecciones de 2018, a fin de fortalecer sus bases con miras a las del 2021. La fragmentación se propaga como un virus en el Congreso para felicidad del archipiélago antifujimorista que quiere tomar el poder para arruinar nuevamente al Perú.

Y justo cuando, finalmente, se concreta una reunión sustantiva entre los principales liderazgos políticos del país, surge la legión de escépticos y pesimistas que minimizan el significado y los deseables alcances del encuentro en el Palacio de Pizarro. Es la moda del día.

Sin embargo, todos hemos visto las caras pétreas y las expresiones fruncidas de los interlocutores y sus acompañantes en los primeros pasos antes que el anfitrión dijera unas palabras amables a su invitada, suavizando el camino hacia un encuentro que parecía poco auspicioso; especialmente si se recuerda su génesis y el áspero contrapunteo que lo precedió. De ahí la grata sorpresa de las palabras y los gestos del presidente y la Sra. Fujimori cuando informaron son sobriedad y prudencia sobre la reunión que, según ambos, fue cordial, sincera y constructiva para el futuro de la Nación.

No es sano ni razonable convertirse en oráculos de profecías autocumplidas que propicien declaraciones de quienes prefieren la confrontación y el micrófono provocador, que tan bien funcionan en la política criolla. El esfuerzo notable que ha permitido esta reclamada aproximación, saludada por los propios interlocutores, exige coherencia, disciplina y prudencia en los rangos políticos de menor nivel. Y también la pronta concreción de decisiones que demuestren los primeros resultados; y por tanto, la potencialidad de un acto que puede ser el origen de rectificaciones y confluencias promisorias para el futuro al que todos aspiramos.

J. Eduardo Ponce Vivanco