Martin Santivañez

Martin Santivañez

Popular es juventud

Generación del bicentenario debe regenerar la política peruana

Popular es juventud
Martin Santivañez
14 de noviembre del 2017

Un partido popular tiene como motor fundamental a la juventud del país. La construcción de un discurso político que movilice a la juventud peruana pasa por el control de la educación nacional, que debe responder a la verdad histórica y no a la visión distorsionada de cualquier ideología disolvente. Los jóvenes son los llamados a promover “la utopía indicativa”; es decir, el objetivo político de todo movimiento popular. La generación del bicentenario tiene que replantear los objetivos nacionales en función a una estrategia continental de desarrollo. Consolidar una visión geopolítica de poder y generar los mecanismos operativos para poner en marcha un plan del Bicentenario son las dos caras de la moneda de un impulso que por fuerza debe ser generacional.

Si la generación del centenario fomentó una etapa de reflexión ideológica y de puesta en marcha de partidos ideologizados en el espectro clásico de la política, la generación del bicentenario tiene que ser la encargada de implementar una visión realista que supere a las ideologías promoviendo un patriotismo funcional, una peruanidad que aspire a dar el salto definitivo hacia el desarrollo. La excesiva ideologización del centenario lastró nuestro despegue como nación. Su adscripción a ideologías sectarias generó una polarización que hundió al país en un enfrentamiento estéril durante décadas. El centenario buscó construir una explicación “científica” sobre el país, pero la desviación marxista contaminó su mirada hasta parcializar a sus grandes protagonistas. Las teorías que sobrevivieron a la generación del centenario cristalizaron su programa en una praxis radical, y cuando la democratización se hizo efectiva nunca se pudo eliminar el aura populista. Así, la polarización fue también el origen del radicalismo. Este radicalismo juvenil, al no ser encauzado, optó en varios casos por la violencia ilegítima al margen del Estado. Y en otros, por el discurso rupturista alejado de la realidad nacional.

El realismo del bicentenario no es un pragmatismo amoral. Muy por el contrario, hunde sus raíces en la tradición valorativa, en la síntesis ética sobre la que se funda la peruanidad. Por eso, un partido popular no predica una ideología de división nacional. Un partido popular propone una política de unidad por encima de las ideologías apelando al compromiso de una nueva generación con la construcción de un Estado viable y una democracia de calidad.

En efecto, solo una juventud comprometida con el principio del realismo político es capaz de consolidar un partido popular que se transforme en la vanguardia del bicentenario peruano. Una joven república tiene nuevamente la oportunidad generacional de construir un Estado eficiente de la mano de una juventud capaz de regenerar la política peruana. La corrupción sistémica, la destrucción del Estado de derecho y la creciente desconfianza entre los actores políticos son factores que deben combatirse políticamente. Para eso hace falta movilizar a la juventud del bicentenario, la única con la capacidad de regenerar a nuestra clase dirigente con el fin de proponer un modelo peruanista de desarrollo. Esta juventud tiene que plegarse a un nuevo partido popular porque nueva es la coyuntura política superadora de los antagonismos generados por el carácter disolvente de las ideologías. La juventud del bicentenario unirá lo que la ideología ha dividido por un siglo.

Martin Santivañez
14 de noviembre del 2017

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