Eduardo Ponce de Vivanco

Eduardo Ponce de Vivanco

Política, seguridad y crecimiento

Política, seguridad y crecimiento
Eduardo Ponce de Vivanco
22 de septiembre del 2017

Radicalismo azusa y utiliza los conflictos sociales

Para salvaguardar la democracia y el desarrollo, los principales partidos y fuerzas políticas de oposición deberían ser conscientes de que gobernar es más difícil que ganar elecciones. Lo que hemos visto y sufrido en los últimos meses bien podría pasar factura a quienes ejercen los derechos constitucionales de control político y fiscalización desde el Congreso; pero terminan agravando las dificultades que les tocaría resolver si, pocos años después, son elegidos para gobernar.

El vértigo que hemos superado —con “suerte”— demuestra cuán dañina puede ser la política para la economía, la seguridad y el crecimiento. La prolongada crisis provocada por el éxito del radicalismo post senderista en su putch para tomar los gremios del magisterio ilustra que los partidos y actores políticos formales siguen el guion dictado por el fragor de las calles, la protesta y la insoportable paralización de una ciudad caótica y agobiada como Lima. En la batahola de la huelga era imposible distinguir a los profesores postergados de los agitadores terroristas, siempre alertas para aprovechar las reivindicaciones de los mineros, los empleados de salud, los de justicia o lo que fuere. La inteligencia policial solo permitió que el ministro del Interior mostrara fotografías de los (siempre “presuntos”) subversivos promotores de lo que fue más un levantamiento que un paro sindical, sin atreverse a decretar el estado de emergencia. La movilización extremista no pudo ser oportunamente detectada por los pobres equipos de inteligencia disponibles.

Hay que estar ciego para no ver que la conflictividad social es el caldo de cultivo para la expansión de los “órganos generados” de Sendero, como el Movadef. Y hay que ser tontos para ignorar la urgente necesidad de rescatar experiencias tan exitosas como la del GEIN y no renovarlas con fuerza y prioridad. Esas experiencias deberían convertirse en el núcleo de un sistema de inteligencia eficiente y moderno, indispensable para crecer y desarrollarse en seguridad. El Congreso, Palacio de Gobierno y los medios les rindieron un tardío tributo, pero no atinaron a dar el paso concreto de restaurar un sistema tan notable que, con medios misérrimos, tuvo triunfos espectaculares ¡treinta años atrás!

En este deprimente contexto no sorprende que nuestros políticos olviden que Conga fue la primera víctima del movimiento antiminero, y que la historieta de las “cabeceras de cuenca” fue el pretexto argumental que esgrimieron los ambientalistas radicales en Cajamarca. Esos mismos ambientalistas (Grufides, Red Muqui, Radio Jaén, Tierra y Libertad, etc.) han logrado elevar esa historieta al rango de ley con el apoyo de Fuerza Popular y el beneplácito del propio Minam. Peor aún, la ley precedió a la Convención Minera (Perumin XXXIII) de Arequipa, que reunió a más de un centenar de potenciales inversionistas internacionales.

¿Es que no se percatan del mensaje que transmite esta irresponsable contradicción, y cuánto servirá a los propósitos de los enemigos más radicales de la minería? ¿Hay consciencia del peligro que representan las fuerzas activas del senderismo que operan al abrigo de la democracia y la ausencia de una inteligencia eficaz? ¿Para qué sirve el sistema de previsión de conflictos que, supuestamente, tiene la PCM y que debería operar en estrecha coordinación con los aparatos de inteligencia?

Mucho es lo que tiene que tiene que rectificar Mercedes Aráoz con su equipo de ministros. El presidente ha tenido el tino de rescatarla de la esterilidad parlamentaria, y ahora le toca apoyarla decididamente. Será una premier dinámica y carismática que llenará un vacío político a la cabeza de un gabinete bien recibido, después de un periodo de incertidumbre y angustia ciudadanas. No solo necesitan el concurso inteligente de la oposición para recomponer la relación Ejecutivo-Congreso, sino el de todos los peruanos que no queremos desperdiciar a una nueva oportunidad para construir el país que merecemos.

J. Eduardo Ponce Vivanco

 
Eduardo Ponce de Vivanco
22 de septiembre del 2017

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