Raúl Mendoza Cánepa

Raúl Mendoza Cánepa

Política arrasada

Solo les va bien a los políticos que se hipotecan a empresas corruptas

Política arrasada
Raúl Mendoza Cánepa
05 de marzo del 2018

 

Es ineludible referirme a mi primera incursión en la política hace seis años. Y lo hago citando una frase de Rafael Belaunde Aubry en su muro de Facebook: “Se deduce de las declaraciones de Barata que los resultados electorales del 2011 fueron directamente proporcionales al billete corruptor. A la luz de ello, ¡mi exigua votación es un trofeo!”. Desde luego que lo es, porque si bien Rafael Belaunde postuló sin recursos, logró una victoria moral: la de levantar la cabeza con orgullo cuando hoy otros políticos tienen que agacharla de vergüenza. Un digno sucesor de su padre, don Fernando.

Ese es el panorama de lo injusto en la política: les va bien a los que se hipotecan a empresas corruptas y le va mal a quienes destinan su paso a dejar un mensaje, una doctrina o un programa, porque saben que la verdadera política es la que alcanza a la conciencia popular. Haya La Torre lo dijo bien: “A Palacio llega cualquiera, porque el camino de Palacio se compra con oro o se conquista con fusiles. Pero la misión del aprismo era llegar a la conciencia del pueblo”. Podemos reemplazar “aprismo” por política pura, porque la honestidad no tiene sello histórico.

Recuerdo bien, permítaseme la digresión y volver a Rafael Belaunde y a su joven partido Adelante, que durante aquella campaña en la que me tocó postular al Congreso con el número seis, los pocos recursos los obtuve de muy cercanos, de pequeños ahorros y los apoyos morales de colectivos que se fueron formando en torno a lo que creían que yo podía representar para bien. Entre cuatro compramos palos y construimos paneles con mi fotografía casi de manera artesanal, solo a martillo y clavo, sin contratar a nadie. Fue una empresa familiar y amical, en la que endurecí las manos a golpe de metal y las herí con astillas. Fueron doce paneles de vida corta, pues a una autoridad edil de Lima se le ocurrió retirar la mayoría de ellos de las principales avenidas, con lo que en poco más de una semana mis doce se redujeron a dos. Quedaba apenas el recurso de lo que Sartori llamaba la “videopolítica”. Vale añadir que pronto dos de los paneles fueron retirados violentamente por una candidata (hoy naranja) al Congreso. Encima de los hoyos que me costaron cavar, colocó alegremente los suyos. La ley de la selva.

Desde luego que, al igual que Belaunde y dada la calidad de la representación mal lograda desde el 2011, puedo decir también “¡Mi exigua votación es un trofeo!”, y aún me enorgullezco de ello. Bien, hasta acá el intimismo, pero si vale una lección de fábula es que no hay política victoriosa en la justicia sin un financiamiento equitativo. Esto es, que las posibilidades de un aspirante al Congreso sean iguales a las de los otros. Nunca entendí, bajo el marco del voto preferencial, por qué quien tiene mucho dinero puede agenciarse un futuro político para, de paso, enriquecerse aún más de la política o vivir de ella;, y por qué quien tiene menos recursos, ideales y muy buenas intenciones, debe condenarse a perder por diferencias materiales, nunca éticas ni programáticas.

Igualar la cancha es colocarle límites al gasto en campaña política, desincentivar a los auspiciadores corruptos y, de paso, que los candidatos parlamentarios de los partidos adquieran fuerza por el arrastre de su candidato presidencial. Esto implica, además, el compromiso de los partidos para tener una doctrina unificadora y para reclutar a la mejor gente, a la más capaz y honrada.

En un clima de nubarrones, cuando la oscuridad nos puede presentar el rostro del más amenazante antisistema para el Bicentenario, conviene repensar la política, empoderar al ciudadano, recuperar la confianza y crear condiciones para que la clase política tenga por signo la decencia, la docencia y la vocación auténtica por el destino del Perú.

 

Raúl Mendoza Cánepa
05 de marzo del 2018

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