Darío Enríquez

Darío Enríquez

Pase lo que pase ya no tenemos presidente

Se apruebe o no la vacancia, Kuczynski lo ha perdido todo

Pase lo que pase ya no tenemos presidente
Darío Enríquez
21 de marzo del 2018

 

Estamos a horas de una decisión histórica. Nuestro Congreso va a decidir si declara la vacancia presidencial o si, por el contrario, no se alcanzan los votos necesarios y Pedro Pablo Kuczynski continúa en el cargo. Sea cual fuere el resultado, el prestigio del presidente está por los suelos y muy difícilmente recuperará el mínimo necesario para seguir ejerciendo el cargo con la estabilidad requerida. Si logra mantenerse será por una carambola aritmética, pues el deseo de la inmensa mayoría es que deje la presidencia a su sucesor constitucional y pronto rinda cuentas a la justicia por sus fechorías que, a diferencia de otros casos comparables, cuentan con indicios, pruebas y evidencias contundentes.

Vivimos en las últimas semanas un ambiente similar a los 18 meses previos a la elección del 2000 y a la caída del régimen fujimorista: medios de comunicación hegemónicos haciendo piruetas mediáticas para justificar lo injustificable y discusiones sobre la filtración de información (recordemos los millones de Vladimiro Montesinos en el Banco Wiese), en vez de analizar la información misma que revela al detalle y en forma cruda el horror de la megacorrupción de PPK. También acusaciones a la oposición de ser “enemigos del Perú’, congresistas tránsfugas que son protegidos por el mainstream mediático, Ministerio Público que carga sus acciones y judicializa a la oposición mientras protege a los amigos del gobierno megacorrupto, etc.

No podemos negar que en los últimos tres meses, luego del fallido intento de vacancia a fines de diciembre 2017, no ha habido ni un solo indicio, prueba o evidencia que favorezca a PPK. En el mejor de los casos para el cuestionado mandatario, la negación de la realidad podría llevar a afirmar que las cosas se mantienen como estaban entonces. Sin embargo, de manera lógica y objetiva, tanto a partir de nuevos hechos como de la información que abunda sobre otros hechos ya conocidos, un congresista que votó a favor de la vacancia en diciembre último no debería en esta oportunidad cambiar su voto. No tiene ningún sentido, salvo lo que hoy es un secreto a voces: que haya sido objeto (sí, objeto y no sujeto) de una abyecta compra de conciencia, que se trate de un congresista tránsfuga.

Las cosas están como están. Mientras el neofujimorismo del partido Fuerza Popular y su lideresa Keiko Fujimori han intentado desde siempre marcar distancia respecto de lo peor que vivimos en los noventa (sin lograrlo con suficiente eficacia), sus adversarios —que se rasgaban las vestiduras en esos años por las tropelías del llamado “fujimontesinismo”— asumen hoy esas oscuras prácticas como propias y las aplican sin mayor rubor. Uno de los ardides que los medios hegemónicos oficialistas pretenden vender es la ausencia de autoridad moral del Congreso para juzgar la incapacidad moral permanente del presidente Pedro Pablo Kuczynski. Es curioso, porque al mismo tiempo operadores del Gobierno —con todas las evidencias a la vista—, desde la negociación del indulto a favor de Alberto Fujimori hasta la compra de congresistas tránsfugas, se convierten en elemento central corruptor de la misma miseria moral que critican. Es una confesión de parte inapelable, confirmando —por si fuera necesario— la evidente incapacidad moral permanente de Kuczynski.

Sea cual fuere el resultado de la vacancia, debe investigarse hasta el final y determinar las responsabilidades correspondientes de quienes nos han llevado en un viaje a través del tiempo dos décadas atrás, poniendo en evidencia que las nefastas prácticas de corrupción política del “fujimontesinismo” ni comenzaron en los noventa ni se terminaron en el 2000. No solo se quedaron, sino que fueron continuadas, corregidas y aumentadas por quienes se vendieron en su momento como los “adalides” contra la corrupción. Un sector del neofujimorismo parece añorar aquellos oscuros momentos de nuestra historia, y hoy posan en todas las fotos del megacorrupto Pedro Pablo Kuczynski y sus operadores.

Pase lo que pase, ya no tenemos presidente. Se apruebe o no la vacancia, Kuczynski lo ha perdido todo. Su honor totalmente pulverizado es irrecuperable. Lo grave es que PPK arrastra consigo el destino de todo un país que necesita urgentemente retomar el camino del crecimiento y el desarrollo. La segunda ola de reformas sigue siendo un trabajo pendiente y las amenazas contra el modelo económico aumentan día a día, poniendo en serio riesgo nuestro futuro.

 

Darío Enríquez
21 de marzo del 2018

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