Neptalí Carpio

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¿Para cuándo la Autoridad Única de Transporte?

¿Para cuándo la Autoridad Única de Transporte?
Neptalí Carpio
14 de julio del 2017

Solución para los problemas de transporte público en Lima y Callao

A estas alturas de la crisis del transporte en la capital, y de tantas víctimas como acaba de ocurrir en la volcadura de un ómnibus en el Cerro San Cristóbal, el Congreso ya es cómplice casi en la misma dimensión que las autoridades locales y nacionales. Hace por lo menos veinte años que los entendidos en la materia señalan que una solución estructural de fondo para encarar las diversas facetas del caos y la informalidad en este sector es crear la Autoridad Única del Transporte, pero al Congreso simplemente no le da la gana de aprobar la ley.

La única explicación estriba en que los poderes fácticos de la informalidad y del mercantilismo en el transporte, tienen recursos ocultos en el parlamento para que esa norma tan importante no prospere. Por ejemplo, en noviembre de 2016 se presentó un proyecto para la creación de esa autoridad autónoma, el cual fue derivada a las comisiones de Transporte y Descentralización, pero nadie tuvo interés en aprobarlas. Por otro lado, nos hemos enterado de que hace tres años en el cerro San Cristóbal pudo ponerse en funcionamiento moderno teleférico; pero el proceso ha devenido en un arbitraje, por el cual quizá la Municipalidad de Lima tendrá que pagar nada menos que US$ 6 millones por un contrato frustrado.

¿Quién tiene el interés en bloquear el funcionamiento de un teleférico en el cerro San Cristóbal, conectado al centro de Lima? ¿A quién le conviene que en Lima vivamos a salto de mata y a la discreción de empresas de mala muerte, con buses que fungen de turísticos, cuando en realidad son camiones acondicionados y sin ninguna seguridad, aunque eficaces para ganar dinero? La verdad es que es la actuación de poderes fácticos y mercantilistas en la sombra tiene bloqueada la posibilidad de una modernización del transporte público, por el puro interés de ganar dinero fácil, sin importar la vida de los propios turistas.

Nadie entiende por qué en pleno centro de la capital siguen instaladas grandes empresas de transporte público interprovincial, cuando desde la gestión de Alberto Andrade existe una ordenanza municipal que las obliga a trasladarse a la periferia de la ciudad, como lo han hecho varias empresas serias. ¿Serán los amigos del alcalde de Lima o será que los fiscalizadores de la aplicación de las normas municipales están envueltos en una red de corrupción que permite que esas empresas no acaten esas normas?

Lo importante de concentrar funciones y alta capacidad de fiscalización en una sola autoridad del transporte público en Lima y Callao radica en evitar que las responsabilidades y competencias se dispersen en trece entidades. Una situación que origina un caos institucional y debilidad para bloquear los intentos de los poderes fácticos de la informalidad para hacer de las suyas e imponer un statu quo que solo se exterioriza cuando ocurren sangrientos accidentes como el ocurrido el domingo pasado en el cerro San Cristóbal.

Cuando la conducción del transporte está dispersa en varias entidades, nadie quiere asumir responsabilidades o se asumen a medias. La función estatal se debilita y está merced de la corrupción, el acoso de la informalidad y la presión de los intereses privados. Es justamente lo que acaba de ocurrir en el cerro San Cristóbal. Las responsabilidades están dispersas en las municipalidades de Lima y del Rímac, y en cada una de ellas en diferentes gerencias y subgerencias.

Diversas experiencias en ciudades en el mundo demuestran que las crisis en este ámbito nunca son enfrentadas con éxito si solo se dispersan las responsabilidades en el Estado. Las crisis requieren alto poder de decisión, concentración excluyente de competencias, rápida reglamentación e intensa capacidad de fiscalización. Eso mismo crea después una esfera pública de debate propositivo que pone a la defensiva a las tendencias que quieren lucrar con el desorden, la corrupción y la informalidad.

La decisión de crear la Autoridad Autónoma del Transporte de Lima y Callao será, además, una excelente ocasión para demostrar, por la vía de los hechos, lo absurdo que significa imaginar que Lima Metropolitana no comprende al Callao, cuando existe una conurbanización que se expresa por todos lados. Solo los intereses chauvinistas y caudillistas no quieren aceptar esta realidad.

 

Neptalí Carpio

 
Neptalí Carpio
14 de julio del 2017

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