Daniel Brousek

Daniel Brousek

Panini revela nuestra pobreza

Una mirada crítica a una de las aristas de nuestra crisis social

Panini revela nuestra pobreza
Daniel Brousek
07 de mayo del 2018

 

Panini es una marca mundial con dedicada por más de 30 años al esparcimiento, a través de la comercialización de álbumes y figuritas para comprar, canjear y pegar. Pero también hay que definir lo que ha significado el fenómeno Panini en nuestra sociedad, ávida de circo enceguecedor y evasivo. Panini es uno de los tantos termómetros que miden nuestro atraso intelectual, indolencia, etcétera. En efecto, Panini nos desnuda de una manera desgarradora y por ello preocupante. Lejos ya de la efervescencia de las primeras semanas en que salió a la venta su álbum mundialista, es bueno tomar distancia y alentar una mirada crítica a una de las aristas de nuestra crisis social.

Aquel jueves 22 de marzo en que PPK tuvo que tomar la decisión de dar un paso al costado por el efecto de los "kenjivideos", los limeños salieron a las calles e inundaron las cuadras con largas colas para adquirir el álbum oficial del Mundial. ¿Acaso Panini se iguala a los fenómenos masivos que aparecen cíclicamente con frecuencia en nuestra sociedad, como Pokemon Go y el juego de la Ballena? ¿Se trata sólo de un deleite y disfrute de multitudes, o es que exhibe a una mayoría de débiles voluntades ávidas de consumir lo primero que sale en vitrina con el afán de llenar uno de sus tantos vacíos existenciales y afectivos?

Entremos en contexto, es cierto que la preponderancia de Panini es única en este año, dado que el Perú llegó al Mundial después de 36 años, gracias al fenómeno Gareca que nos pone en el primer mundo del fútbol. Por primera vez el Perú tiene un programa propio en ESPN que difunde su actualidad deportiva, tan igual como Chile, Argentina y Uruguay que lo tienen desde hace mucho más tiempo. Ante esta efervescencia, la estrategia comercial de Panini en el mundo es vender el insumo para llenar banales expectativas de completar un álbum, y con ello satisfacer un público fácil y necesitado de realizaciones y éxitos frívolos, largamente postergados (¡tierra fértil en nuestro país). ¿Acaso llenar un álbum los hace sentir como personas importantes conectadas e integradas a la globalización, solamente basados en el fútbol?

Esto, quizás, se lo debemos a todos los gobiernos que se esforzaron por lograr este magro y vergonzoso resultado, y que lamentablemente han tenido éxito. Solo las rancias sociedades pueden seguir defendiendo y aplaudiendo ese logro. Un pueblo adormecido y embrutecido desde la década oscura de los noventa, en la que la televisión estaba plagada por los talk shows que el Estado fujimorista financiaba y que hoy, de modo más sofisticado se han perpetuado, solo que los actores en cuestión están más desvestidos y más juveniles. Pero en el fondo, lo mismo: cero contenido y promoción de lo más vulgar de nuestra sociedad.
Podría parecer extremista censurar los programas o los productos orientados al placer y distracción. Esta observación es cierta, porque en verdad, lo lúdico es parte de los seres humanos. Necesitamos divertirnos, jugar, soñar, eso incluso nos humaniza más y nos ayuda a relacionarnos. El problema no está entonces en competir con los compañeros por llenar un álbum, juntarse con amigos para disfrutar de la participación de los "guerreros de Gareca" en tierras rusas, ni mucho menos en ver algo cómico por la "caja boba". El problema está cuando no hay la misma respuesta masiva ni el sentido de indignación en una sociedad cuando los jueces liberan deliberadamente a terroristas, o cuando en lo cotidiano —por ejemplo— el monopolio abusivo del Metropolitano pretende triplicar la tarifa, dando un pésimo servicio con pocos buses que no responden a la demanda real diaria, y que hacen viajar a los limeños de modo indigno y hasta inhumano.

¿Estamos aturdidos con tanta campaña publicitaria que no vemos ni hemos visto cómo las autoridades políticas se han robado las reservas del Perú sirviendo al consorcio Odebrecht? ¿No es indignante que se hayan demorado más de veinte años en acusar a los terroristas por el caso de la bomba en Tarata, y sin embargo, se actúa con una celeridad asombrosa para liberar a los directivos de Graña y Montero? ¿O que el Tribunal Constitucional resuelva un habeas corpus en tiempo récord, relegando a más de 300 procesos similares anteriores que tienen el mismo derecho?

"Debido proceso" y “presunción de inocencia”, palabritas que responden al derecho "cojurídico" y orquestadas en concierto por algunos asalariados abogados defendiendo acérrimamente las formas, puntos y comas, soslayando el crimen de fondo. Y que se suman a las repugnantes y éticamente vergonzosas Fiscalía, Poder Judicial y Tribunal Constitucional, coludidos en la misma mazamorra y que son utilizan para tratar de ocultar la montaña de evidencias y pruebas, tomándole el pelo y burlándose de un público desinformado y desprevenido, y ante la complicidad de un sector mayoritario de prensa barata, pasiva, mediocre y benevolente.

"Palabritas" bonitas, elegantes y evasivas, "palabritas" de moda para tapar la realidad: que hemos perdido la capacidad de indignarnos (¿y de pensar?). Hace 20 años las calles exigían la salida del Gobierno de Fujimori y las excusas de Alberto Kouri tras el vladivideo eran un insulto a la inteligencia de los peruanos (era un préstamo que Montesinos le hizo para comprar un camión que repartiera pescado a los pobres). Pero hoy día Bienvenido Ramírez, con la salida que es sólo un "fanfarroneo" y "gestionar obras", sigue ejerciendo su labor congresal y nadie dice nada; los principales implicados en el caso Odebrecht se amparan en el "debido proceso" y nadie dice nada, y el Poder Judicial sigue liberando terroristas y nadie dice nada. Pero eso no importa, el Mundial está próximo, y ya faltan pocas figuritas para completar el Panini. Sigamos saliendo a las calles en la estúpida carrera de buscar hacer largas colas porque ya sale el siguiente lote de figuritas y así poder completar los equipos de Corea, Túnez e Islandia.

En resumen, en este escenario vemos pocos valores, resaltados por una televisión pobre, austera de contenidos, que muestran a madres, padres, tíos, abuelos pagando el precios de dos tarros de leche por la figurita del más destacado de la selección peruana para complacer a su hijo. Al abuelo haciendo cola para obtener lo mismo y, en muchos casos, contentar a su nieto para así poder él justificar su existencia en los vínculos familiares de los que carece. En resumen vemos a la familia completa —padres, abuelos, primos— respondiendo a figuritas, imágenes de falsos ídolos pasajeros, que están de moda y que son “sus virtudes y verdaderos valores” a transmitir. Un espectáculo deplorable.

 

Daniel Brousek
07 de mayo del 2018

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