Martin Santivañez

Martin Santivañez

Pablo, apóstol de Cristo

Si se buscan historias de héroes, ahí están las de los mártires del cristianismo

Pablo, apóstol de Cristo
Martin Santivañez
24 de mayo del 2018

 

Desde el punto de vista humano la vida de San Pablo es impresionante. Estamos ante un hombre que pasa de ser un perseguidor de la pequeña comunidad cristiana a uno de sus principales promotores en el mundo. Y en esa labor emplea un celo increíble. Recorre 30,000 kilómetros expandiendo el Evangelio, y en el camino enfrenta azotes, peligros, naufragios, persecución. Nada lo detiene. Desde Damasco y Jerusalén hasta Roma, Pablo siembra la semilla del cristianismo consciente de la gran transformación que esta provocará en la historia de la humanidad.

El cine posmoderno tiene pocas historias que ofrecer y mucho veneno por repartir. Es por ello que las películas con mensaje, que recuerdan la dimensión trascendente de la vida humana, deben promoverse y recomendarse. Hemos regresado al primer siglo del cristianismo. En todas partes, también en nuestro país, los cristianos son perseguidos y, en muchos lugares, aniquilados. Sin embargo, el cristianismo se ha mantenido a lo largo de dos milenios y aunque tenga que retornar a las catacumbas prevalecerá.

La película sobre San Pablo que hace poco se ha visto en los cines de Lima nos muestra los orígenes del cristianismo. Los primeros cristianos tuvieron que enfrentarse a una realidad atroz, a la persecución del poder político y al martirio inducido por el clima moral de su tiempo. La vida no valía nada en la Roma en la que surgió el cristianismo. Pablo ofreció a los cristianos de su tiempo el testimonio de una verdad distinta al pensamiento dominante y no tardó en encontrar seguidores que vieron en él la imagen de Cristo.

Esta palabra, Cristo, es particularmente repetida en la película. El cristianismo es la religión de la salvación humana: Cristo es el Mesías, el Salvador de la humanidad. Un mundo cruel, un mundo en el que la libertad es un remedo y la vida pende de un hilo, es el mundo en el que los apóstoles condujeron la barca de Pedro, recorriendo todo el orbe conocido.

¿Cuántas películas nos muestran la fortaleza enorme del espíritu humano? ¿En qué momento perdimos el cine para que este se convierta en un entretenimiento frívolo y desprovisto de ideales? El poder transformador de la gracia tiene que manifestarse también en las expresiones culturales. San Agustín decía que la Iglesia habla todas las lenguas; y las que no habla, las hablará. Tenemos que recuperar el sentido y el idioma del séptimo arte. Si quieren historias de héroes, que miren a los mártires del cristianismo. Si el público reclama drama, que surjan películas sobre la vida de la Iglesia. Si la sociedad precisa una verdadera historia de amor, allí están, palpitantes, las vidas de los santos.

Los santos como Pablo eran conscientes de esta realidad. Sabían que cumplían una misión dentro de un plan mayor. Este espíritu paulino debe rescatarse ahora que el cristianismo debe iniciar una nueva evangelización. El Perú, un país cristiano clave en el Pacífico sur, tiene un papel que desempeñar en esta nueva circunstancia. De allí que la vida de San Pablo nos sirva de acicate porque todo es posible en Aquél que nos conforta. Con toda seguridad lo que él dijo de sí mismo es lo que esperaba de los demás, lo que se espera de todos los cristianos: “He peleado el noble combate, he alcanzado la meta, he guardado la fe”.

 

Martin Santivañez
24 de mayo del 2018

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