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Odio colosal

Columna

Odio colosal

3 de Agosto del 2017

Debería ser un crimen envenenar el corazón de la gente

El expresidente Alan García se reafirmó en decir que nunca ha recibido un centavo ni mucho menos lo pidió, como está prácticamente comprobado en los casos de Alejandro Toledo, Ollanta Humala y Nadine Heredia. ¿Por qué es difícil —para algunos— creerle a Alan García? El Apra, como pocos partidos políticos en nuestra historia, se hizo de adversarios muy poderosos por lo que planteaba: congreso nacional económico (1931), reducción de intereses de tarjetas de crédito y canon comunal (2015). En ese camino, el Apra ha tenido traidores y desertores, pero no hacen contrapeso con el aprismo social.

Es comprensible que tras años de años repitiendo que Alan García es ladrón, algunos peruanos terminen diciendo lo mismo. Aunque el antiaprista de a pie no puede defender esa posición, porque solo repite como grabadora lo que escuchó en la radio o leyó en las portadas del quiosco de la esquina, y termina inoculándose gratuitamente este veneno. ¿Quién gana? Los que han tratado de construirse un nombre o un espacio en la política elaborando ese veneno. Debería ser un crimen envenenar el corazón de la gente.

Pero los peruanos no son tontos. En los últimos 17 años, tres outsiders, declarados antipolíticos y antisistema, terminaron prófugos, si no presos. Surgirán otros con el mismo perfil, pero el peruano ya está avisado, sabe a dónde lleva elegir a un aventurero y cómo termina el país: endeudado, saqueado, en retroceso sino paralizado.

Alan García dice que “los años pasan factura. Se gastan imágenes, rostros…”. Puede que tenga razón, puede que sienta que cumplió su parte en la historia y que otros deben tomar la posta; pero también es cierto que las obras de los gobiernos apristas (1985-1990 y 2006-2011) son un activo para la vigencia del Apra. Vendrán otros Caterianos, Palacios y Oliveras, pero el APRA ha dejado teatro nacional, colegios emblemáticos, alfabetización, agua potable y universidades.

Un hombre que ha sido dos veces presidente puede estar en el derecho de decir que tiene un ego colosal porque representó a su país. Es cierto, en las últimas elecciones se llegó al 5%, pero eso es momentáneo. Yo fui candidato al congreso y tuve 1,063 votos, la mitad de otros con más años de militancia y 500 votos menos que quienes critican a Alan García dentro de la organización.

A quienes repiten que los apristas son ladrones y corruptos, les diría que no se dejen contagiar del odio y la maldad colosal de otros, y que usan ese odio para distraer a los peruanos mientras se levantan en peso el país.

 

Arturo Valverde