Darío Enríquez

Darío Enríquez

No solo informalidad, es un Estado parásito

Nueva tragedia muestra que no basta con “cumplir” los trámites

No solo informalidad, es un Estado parásito
Darío Enríquez
12 de julio del 2017

Nueva tragedia muestra que no basta con “cumplir” los trámites

Cada semana, una serie de sucesos dramáticos y luctuosos, situaciones que pueden y deben prevenirse y evitarse, caen sobre nosotros con furia, severidad y ensañamiento. Nos recuerdan en forma cruda y desenfadada que no estamos haciendo las cosas bien. La confusión reina, nadie asume responsabilidades, todos conjugan “brillantes” excusas en tercera persona. Peor aún, desde los medios de comunicación se destila harto amarillismo, cuando no ignorancia monda y lironda. Es impresionante ese amasijo de medias verdades, datos falsos y evidentes mentiras, todo entremezclado y sazonado por “comunicadores profesionales” ávidos de ventas, rating y popularidad.

Queda como punto futuro reflexionar cómo así se produjo ese intercambio “trucho” de eliminar periodistas y remplazarlos por “comunicadores”. En fin. Volvamos a nuestro punto de hoy. Se ha repetido una y otra vez, tanto en medios como en redes sociales, que “otra vez la informalidad” —haciendo referencia a la desgracia acaecida en la vía del cerro San Cristóbal—, se hace presente en el mismísimo centro de Lima. Es mucho más que eso. La empresa Green-Bus, uno de cuyos buses se salió de la vía y cayó a un barranco de treinta metros causando la muerte de diez personas y más de una docena de heridos graves, había cumplido estrictamente con todos los requisitos impuestos por la burocracia estatal. Todo en regla.

Aunque está pendiente una investigación rigurosa de lo sucedido, los videos de seguridad en la ruta muestran, segundos antes del accidente, el pase de otro autobús similar, sin problema alguno. El mismo bus siniestrado no parece ir a mayor velocidad que el anterior, por lo que las causas del accidente apuntarían al factor humano. Impericia, imprudencia o distracción del chofer al tomar una curva. También a alguna situación de deterioro material de la unidad, en específico sus llantas que tendrían desgaste excesivo. Negligencia, situaciones fortuitas, cansancio del chofer, imprudencia, impericia.

Aquí traemos a colación lo que denominamos la “falsa formalidad”. Los trámites ante el Estado parásito exigen cumplir una serie de “papeleos” que suelen no tener conexión con la realidad. Acaso una conveniente “distracción” de una autoridad corrupta al momento de emitir licencias, pero también absoluta negligencia en aquello que resulta lo más importante una vez que la licencia fuera otorgada: seguimiento y control posterior. Pasó en la discoteca Utopía, en Mesa Redonda (varias veces), en el centro comercial Larcomar, en la feria comercial de Las Malvinas y también en el circuito turístico del cerro San Cristóbal. No se trata de un Estado ausente, sino de un estado solo presente para dar rienda suelta a su parasitismo. Cuando a todo esto se le agrega una fuerte dosis de corrupción —tanto la grande como la de tamaño “hormiga”— estamos frente a un cóctel tóxico, explosivo y criminal.

Nuestro Estado sigue comportándose como un ejército de ocupación, cobrando cupos —con amenazas y violencia efectiva— sin brindar una mínima contraprestación a una ciudadanía cautiva, cuyos bolsillos son esquilmados por el desbordado parasitismo estatal. Una Sunat con novísima tecnología de punta para extorsionar a los forzados contribuyentes, mientras las comisarías a veces no tienen ni un teléfono analógico operativo, mucho menos una computadora con conexión a Internet. Ni qué decir de hospitales y escuelas estatales, que no tienen lo elemental. Si al menos tuvieran la mitad del presupuesto para innovación tecnológica del que tiene la Sunat. Esto tiene que terminar. Ya es insostenible.

Por si fuera poco, tenemos ministros que aún no se enteran de que ellos han sido puestos allí para tomar decisiones. Se aproximan a los lugares siniestrados con la curiosidad de un desavisado y eventual peatón que pasaba por ahí. Si hay una cámara y un micrófono impostan estar “sumamente indignados” y comentan en tercera persona —desde la tribuna— lo que es responsabilidad de ellos mismos. No uno sino muchos ministros, casi todos. También congresistas. Todos ellos andan buscando fotos y videoclips con gorritas sucias, mascarillas inapropiadas, cascos inservibles, chalequitos sin uso; si pues, muy solidarios todos ellos. Un poco más y se toman un selfie con el último carbonizado. “Va pa'l feis”. Para la próxima campaña. Todo pésimo.


 

Darío Enríquez

Darío Enríquez
12 de julio del 2017

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