Dante Bobadilla

Dante Bobadilla

No me quiten mi mermelada

La prensa pretende privatizar la información del Estado

No me quiten mi mermelada
Dante Bobadilla
14 de junio del 2018

 

Es impresionante y vergonzosa la reacción de la prensa ante la Ley Mulder, que prohíbe la publicidad del Estado en medios privados. Han hecho una pataleta descarada por la teta del Estado, revelando que la adicción a la mermelada les afectó la razón, al punto de creerse con el derecho a recibir una subvención estatal por mandato divino.

Estos señores de la prensa han perdido todo rastro de decencia y dignidad, y reclaman algo que no les pertenece y que nadie les debe. El Estado, al igual que cualquier entidad del mundo privado, tiene entera potestad para determinar el uso de sus fondos y para elegir su forma de comunicación. Es francamente ridículo que los medios salgan a reclamarle estas decisiones. Ningún gremio tiene la autoridad —y mucho menos el derecho— para exigirle al Estado que les asegure su mermelada (soborno o subvención) en la forma de publicidad innecesaria.

Los argumentos esgrimidos por los defensores de la mermelada navegan en un mar de falacias. No tienen reparos para mentirle a la gente llamando “ley mordaza” a una ley que nada tiene que ver con la prensa. ¿O es que sin publicidad estatal van a dejar de opinar? No existe pues ningún atentado a la libertad de expresión. Nadie les impide expresarse libremente. Al contrario, ahora ya podrán hacerlo sin tener que moverle la colita al Gobierno o algún ministro. Esta es una de las pocas leyes sensatas que se han dado últimamente, pues se dirige a regular al Estado y no al sector privado o la sociedad, como se acostumbra acá. Además goza de amplio respaldo popular porque los medios están desacreditados y hundidos en la más absoluta mediocridad, llenos de columnistas y conductores mediocres, con una línea política informativa sesgada y monocorde. Hace tiempo no se preocupan por darle calidad a la gente porque la gente no les interesa. Es hora de que se ganen el pan con el sudor de su frente, y no con los impuestos de los ciudadanos.

Es nuestro derecho ser informados por el Estado acerca de lo que hace. Pero de todo lo que hace, y no solo de lo que a un burócrata se le antoja ni por los canales que prefiere. El Estado tiene plataformas web que son el medio más idóneo para este fin. Con eso el Estado cumple su obligación. Toca a los ciudadanos interesados y a la prensa misma (si como dicen están ansiosos de informar) ingresar a estas websites y recabar la información que requieren, como de hecho viene ocurriendo. Decir que no todos tienen Internet vale lo mismo que decir que no todos están interesados en esa información. Luego dirán que no todos entienden castellano o que no tienen comprensión lectora, pero son solo excusas para buscarle cinco pies al gato.

Lo que la prensa mermelera pretende es privatizar la información del Estado. Es decir, que el Estado les pague para informar a través de ellos, y para que luego estos medios se la vendan al ciudadano. Esto no solo es una tercerización innecesaria y costosa, sino que se presta para la manipulación política, como ha venido ocurriendo en los últimos años. Los medios están saturados de insulsa publicidad estatal que no comunica nada, generalmente mensajes vacíos con frases de cliché como “estamos trabajando para ti”. En buena hora la Ley Mulder pone fin a la prostitución de la prensa por parte del Estado y resguarda el buen uso de los impuestos.

Hay que ver la cantidad de mentiras y falacias que se dicen en defensa de la mermelada. Los sectores que viven hundidos en el antiaprismo y el antifujimorismo no merecen respuesta. Ellos siempre serán opositores a ultranza de todo lo que propongan estos partidos. Las cifras del despilfarro estatal en publicidad insulsa resultan espeluznantes y nauseabundas. Más aún en un país con tantas carencias y urgencias. Hay que ser muy caradura para defender esa orgía de millones dedicadas a aceitar a los medios de prensa. Los opositores a la Ley Mulder son los mismos que, disfrazados de pulcros moralistas, critican la compra de medios por Montesinos. Y son los mismos caraduras que critican los gastos del Congreso, cuando estos no son ni el 1% de lo que el Estado despilfarra en la prensa.

¿Cuándo van a marchar contra estos gastos los zombies del rojerío progresista infantil que solo tienen cerebro para babear contra el fujimorismo? Este es otro sector de perturbados que un día marcha repudiando el cierre del Congreso, y al otro pidiendo el cierre. En fin. Son el lastre del subdesarrollo y del progresismo.

 

Dante Bobadilla
14 de junio del 2018

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