Carlos Adrianzén

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(No hago) Predicciones económicas para el 2018

Una economía institucionalmente deteriorada

(No hago) Predicciones económicas para el 2018
Carlos Adrianzén
02 de enero del 2018

 

Es usual que estos días del año los economistas seamos requeridos —y algunos caigamos en la tentación— de hacer predicciones sobre el año que recién comienza. En estos menesteres —como entre los periodistas, abogados, economistas o psicólogos— es menester recordar la vieja ley de Gresham. Según esta, cuando se ofertan dos monedas (una sólida y la otra maleada), circula extensamente la mala y acumulan la buena.

De hecho entre los economistas abundan predicciones ilusas o simplemente desapegadas de las cifras recientes, y que no parecen tener más fundamento que satisfacer las exigencias de sus clientes o algún jefecito que requiere cualquier —léase: cualquier— predicción del dólar o del ritmo de crecimiento de la economía en el próximo año. Por supuesto que también existen las predicciones disruptivas —por lo general exigidas vociferando a algún más que diligente colega por un medio o un grupo político contestatario— y que normalmente anuncian que el fin del mundo llega mañana.

Lo curioso de estas últimas predicciones apocalípticas se da cuando la banda llega al poder. De un día para otro, dos o tres disparates populistas de por medio, cambian el discurso hacia predicciones cuasi divinas. Como las que proyectaba en Cuba, a inicios de los años sesenta. el genocida Guevara (conocido como el Che) y que predecían que el producto por persona de los cubanos superaría al de los norteamericanos.

Siguiendo a Lao Tse (ese filosofo chino que algunos sostienen que existió), sé que no puedo predecir; pero mirando el calendario, he descubierto que ya llegamos a enero del 2018 y que, por lo tanto, estacionalidades e inercias de por medio, sí puedo conversarles sobre lo que las cifras oficiales publicadas a la fecha —debidamente torturadas— están confesando a gritos.

Primero, reconozcamos que el ruido político desatado —e ininterrumpido— desde hace algunos meses está generando crecientes niveles de desconfianza en la plaza. Pero ese no es el detalle clave. El detalle clave implica reconocer lo obvio.

El año pasado fue, desde el punto de vista de política económica, un año pasivo, anodino. PPK y su equipo solo flotaron paralizados por escándalos de corrupción y un accidentado y fallido intento de revocatoria. Ergo, podemos anticipar que —salvo indeseados desastres naturales y shocks negativos externos— el año 2018 será muy pero muy parecido; por lo que posiblemente se mantengan las principales tendencias macroeconómicas del 2017. Las positivas y las que no lo son.

Buscando resaltar lo que ya nos está pasando, vale destacar que el dos y pico puntos porcentuales de crecimiento con los que cerramos el 2017 están muy por encima del promedio regional. Si además se anticipa la maduración de un par de proyectos mineros, se podría repetir el auge efímero de octubre del 2016, cuando el crecimiento anualizado de la minería peruana superó el 10%. Hoy muchos anticipan tan bondadosa repetición y sus efectos para proyectar hasta 4% de crecimiento para el PBI nacional. Me hace ser un poco escéptico de esa creencia… la realidad.

Y es que contrariamente a lo que normalmente repetimos, el sector clave de la economía peruana desde hace varias décadas no es el sector minero. Es el sector servicios (despectivamente etiquetados como “otros servicios” en la contabilidad del INEI) el que abarca más de la mitad de la actividad económica nacional, y este sector tiene una tendencia inquietante. Ha pasado de ser el soporte (con una tasa anualizada de crecimiento cercana al 9% a mediados del 2011) a ser un elemento de enfriamiento inercial, llegando a crecer un 3% a fines del año pasado.

También podemos anticipar una inflación baja, dado el ritmo promedio del crecimiento del crédito nominal al sector privado y de la liquidez bancaria (aproximadamente 2.6% y 0.0%). De hecho, hasta el dólar nominal se contrajo el año pasado gracias a esto, y la sostenida depresión de la importación de maquinaria y equipos, que en promedio creció el año pasado también 0.0% aproximadamente.

Si los Humala deprimieron el crecimiento económico del 2011, PPK y su equipo mantuvieron esta depresión. Y nótese que esto se está dando a pesar de la drástica recuperación de los precios de nuestras exportaciones mineras.

El 2017 le da dejado a este año una inercia particularmente inquietante. Un déficit fiscal que se expande sostenidamente cada mes y que ya está por encima de los ocho billones de dólares, a pesar de la recuperación de la recaudación tributaria. Es muy poco probable que esta tendencia se corrija en momentos en que Odebrecht insiste en que contrató directa e indirectamente al presidente en ejercicio.

Accidentes políticos no descartados, no debemos sacar un ojo de encima a la tendencia prevaleciente de achacar cada vez más la mano sobre los ahorros previsionales para financiar gasto público, en medio de una batahola política impredecible.

Rebobinando, el 2018 ya está caminando. Existen factores positivos y fuerzas depresoras entremezcladas. Si cae el presidente, o flota como un zombie, este año ya está sellado por los errores de política económica de los últimos seis años y por la ausencia de políticas sensatas aunque drásticas. Eso sí, los accidentes políticos tienen una factura, trascienden el 2018 y sellarán la evolución económica, dependiendo de los caminos que tomemos. Y estos, estimado lector, son muy inciertos en una economía institucionalmente deteriorada y con un electorado tan descapitalizado como el actual.

Los estatistas y mercantilistas de siempre, regresarán con nuevas caras. Solo si los dejamos.

 

Carlos Adrianzén
02 de enero del 2018

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