Herberth Cuba

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Necesidades, deseos y aspiraciones en salud.

Necesidades, deseos y aspiraciones en salud.
Herberth Cuba
25 de agosto del 2017

 

La huelga médica y de los otros servidores del sector salud ha puesto sobre el tapete una serie de aspectos relacionados a la salud que el lenguaje cotidiano mantenía oculto.  Se ha puesto en evidencia la exageración de las generalidades, la carencia de contenidos en los conceptos y se ha abusado de la confusión y la distorsión del lenguaje. Los conflictos gremiales han permitido que los actores involucrados en salud reduzcan la ambigüedad de los conceptos y definan con propiedad los términos.

La aspiración de la población de tener un justo y eficaz sistema nacional de salud, que resuelva sus necesidades sanitarias, según sus propios deseos, ha sido utilizada como argumento de confrontación, gremial primero y luego política. Estos tres términos: necesidades, deseos y aspiraciones, han atravesado en modo horizontal el debate sanitario en el periodo de confrontación gremial. Han confundido el anhelo con la realidad, necesidad con demanda y deseos con política. Y claro, con semejante confusión de términos, el acercamiento de posiciones ha sido muy complicado. El tiempo, el diálogo y el mutuo aprendizaje han dado sus frutos.

La necesidad es una carencia involuntaria cuya satisfacción es biológica. No hay forma de escapar de ella. No hay elección. El hambre sólo se sacia con comida. La carencia de salud de la población sólo se aplaca con atenciones de salud. Sin embargo, hay varias formas de satisfacer una necesidad debido a la existencia del deseo. El hambre, por ejemplo, se puede cubrir con cualquier comida. Sin embargo, el deseo empuja a buscar el disfrute en la comida convirtiéndola en una demanda, la cual se consigue solo a través del poder de compra y de los recursos disponibles. Muchos pobres, con enormes necesidades de salud no tienen demanda de salud, porque no poseen dinero. Es decir, en este caso, la necesidad no implica demanda.

El primer aspecto que debe quedar claro es que el sistema de salud, para ser justo, debería satisfacer las necesidades de salud de toda la población. “Las necesidades de toda la gente”. Este concepto encierra un profundo contenido ético y de derechos humanos. Es el mayor reto, aún pendiente, de los gobiernos. No basta, con que las necesidades de salud sean satisfechas. El ser humano satisface sus necesidades con deseos a libre elección. Sin embargo, la capacidad de ejercer la libre elección, está limitada por los recursos, por el dinero, porque es necesario generar demanda. El segundo aspecto, es que la libre elección es bienvenida, siempre y cuando la inversión para que eso ocurra, no signifique dejar de cubrir todas las necesidades de salud de toda la población. El tercer aspecto, es que la persistencia en las desigualdades entre los ciudadanos que satisfacen sólo sus necesidades de salud, frente a los que, además, tienen libre elección, podría ser tolerable, siempre y cuando exista progresividad en el cierre de la brecha y mejora para ambos grupos.  Estos tres aspectos o principios son la columna vertebral, no sólo para diseñar los sistemas de salud, sino para evaluarlos.

La realidad sanitaria de nuestro país está alejada de ser eficaz y justa. Algunos políticos o actores sociales plantean sólo un aspecto, de los tres descritos. Toman posición sólo a favor de cubrir todas las necesidades de salud, sin tomar en cuenta la libre elección, otros endiosan la libre elección y un restante, solo quieren cerrar brechas. Es decir, miran el mundo de la salud, en forma tan restringida, que empobrecen las propuestas políticas de cambio y transformación de nuestro sistema de salud. De esta manera se hace complicado crear un sistema de salud que combine las necesidades, los deseos y la justicia.

El reduccionismo de las propuestas políticas brota, no sólo por los intereses en pugna, sino por desconocimiento y a veces, por amoralidad. “Las propuestas” se basan en generalidades. Como la salud es un caos, se encuentra en colapso total, los funcionarios son ineficientes, entre otros. Ante estas premisas, la coherencia lógica es que los funcionarios a cargo del sector salud renuncien o sean despedidos. Sin embargo, un listado de aciertos de buen gobierno es suficiente para contradecir esas generalidades. La generalización siempre delata sesgos.  La polarización de los conflictos gremiales atizó esta mala percepción. Los acuerdos logrados, incluida la paz laboral, han acercado posiciones y han desterrado ese lenguaje descalificador, peyorativo y generalizador. Obvio, siempre habrán radicales aislados o algún político resentido que insista por con las mismas “propuestas”. Los acuerdos gremiales con el Ministerio de Salud han creado una visión compartida favorable al cambio y la transformación progresiva en salud.

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25 de agosto del 2017

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