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Miserias progresistas

Columna

Miserias progresistas

18 de Mayo del 2017

La euforia socialista de regalar el dinero ajeno

No me sorprende que el gobierno nacionalista, que entró al poder con el discursillo de “incluir para crecer”, haya paralizado el crecimiento. Para eso nomás sirven los charlatanes de izquierda. Son expertos en posar como santones de la beatería política y del altruismo social con dinero ajeno, mientras roban a gran escala.

El gobierno de la “inclusión social” se dedicó a “incluir” ciertos “sectores vulnerables” mediante “programas sociales” para una mejor “distribución de la riqueza”. Toda esta palabrería progre, dicha de la manera más simple, significa que se dedicaron a regalar plata del Estado a quien les vino en gana, posando como benefactores de la patria bajo toldos de colores, y que hasta crearon un ministerio pomposo para eso.

Un gobierno de izquierda solo es bueno para regalar dinero. Si las arcas fiscales soportan, dejarán la economía en picada. Si continúan en el poder, pasarán a subir impuestos y a crear nuevos impuestos, con el discursillo de la “justicia social”. Cuando ya no quede cómo sacarle más dinero al sector privado, pasarán a los empréstitos empeñando el futuro, solo para celebrar sus “conquistas sociales”. Son como una plaga de langostas que consume todos los recursos del Estado y del país, creando masas de parásitos acostumbrados a vivir a expensas del Estado y de gollerías. Y cuando se acaban los recursos, ellos salen a protestar exigiendo sus “derechos”.

Luego de haber pervertido las leyes laborales con cuantiosas gollerías no vinculadas a la producción, la izquierda se dedica hoy a la defensa de “sectores vulnerables”, para convertirlos en seres privilegiados con prerrogativas inusitadas, obligando a todos, bajo severas penas, a rendirles pleitesía, cederles puestos, mantenerlos y más. Es simple abuso y prepotencia de un Estado manejado por iluminados e ignorantes a quienes les encanta jugar a ser dioses diseñando sociedades perfectas.

No se necesita ser inteligente para padecer la euforia socialista de repartir el dinero ajeno, imponer sus delirios ideológicos, aplacar sus traumas sociales y abusar del poder para sentirse importante. Estos lunáticos mesiánicos sobran. Se guían por una especie de enfermizo revanchismo social. El “capitán Carlos” no fue el primero. Tuvimos antes al general Juan Velasco Alvarado, versión primitiva del comandante Hugo Chávez. Por desgracia, estos políticos baratos siempre salen caros. Lo único que dejan siempre es crisis económica, deudas, más pobreza y mayor conflictividad social.

Lo preocupante es que el gobierno que hoy tenemos parece ir en esa misma línea. No tiene intenciones de corregir nada. Va sin norte ni brújula. Los desastres naturales le dieron una ocupación concreta, permitiéndoles posar en equipo para cosechar simpatías; pero más allá de eso, PPK no ata ni desata. Su gabinete sigue la inercia del gobierno anterior. Su bancada no tiene una sola idea en común en ningún aspecto.

Peor aún, PPK parece haber adoptado el plan de gobierno del progresismo enquistado en organismos internacionales y ONG locales. Ahora resulta que la prioridad nacional es promover, glorificar e idolatrar a los sectores LGTBI, otorgándoles prerrogativas y gollerías con diversas normas en educación, salud y deporte. La novedad es que un gay, lesbiana, trans, bisexual y demás especies con problemas de identidad sexual, tienen más derechos que el resto debido a que, según la profunda sensibilidad social progresista, se trata de “sectores vulnerables” que hay que “proteger”. ¡Por favor!

A poco de cumplir su primer año, PPK no tiene nada que mostrar. El presidente está calato. La economía, que es lo que realmente importa, sigue congelada. De reformas del Estado no hay nada. Y ahora PPK recurre a la TV para “fortalecer la comunicación con el pueblo”, a decir de un columnista rojo. De hecho, los únicos que aplauden a PPK son los progres. Lo tienen de engreído, y yo diría que hasta de rehén. Lo alimentan con antifujimorismo caviar y lo asesoran con la agenda y metodología progresista. No tengo ninguna duda de que tendremos otros cinco años perdidos. Y claro, después, el progresismo quitará el cuerpo para decir que fueron engañados y que están indignados. ¿Cuántas veces nos contarán el mismo chiste?

Dante Bobadilla