Rocío Valverde

Rocío Valverde

Microagresiones diarias

Microagresiones diarias
Rocío Valverde
02 de agosto del 2017

Hemos crecido con una cultura y lenguaje sexista

La semana pasada mi esposo y yo tuvimos una consulta con la asesora financiera del banco. Esta persona resultó ser una mujer de origen asiático que había empezado de cero en este país. La conversación comenzó con las típicas preguntas acerca de nuestro sueldos, nuestros empleos y nuestras expectativas. A partir de una serie de entrevistas, esta mujer tiene el poder de decidir qué tipo de hipoteca nos concederán, qué interés pagaremos y que tiempo nos darán para devolver el dinero.

La asesora estaba contenta de ver que habíamos seguido sus consejos sacando una tarjeta de crédito y obteniendo un seguro de vida que cubra nuestra futura hipoteca. En pocos minutos decidió que mi esposo era el mejor para administrar el dinero, y además lo llenó de elogios por dejarme hablar y tenerme en cuenta al momento de tomar decisiones acerca de nuestro dinero. ¡Quedan pocos hombres como él” me dijo. Pensaba que era una cámara escondida y en cualquier momento nos dirían que era una joda para Tinelli, pero siempre pienso lo mismo cuando me encuentro en situaciones absurdas. Como le caímos bien y nos ha visto progresar en poco tiempo, se dirigió a mí y me dijo “aprovecha ahora para trabajar porque cuando tengas hijos tendrás que dejarlo por un tiempo y luego trabajar solo media jornada”.

Para esta asesora bancaria no importa que yo tenga un salario más alto que mi esposo y que por mi carrera sea yo la que a largo plazo aportará más dinero a nuestra familia. Esta mujer asume que por el simple hecho de tener un útero y dar vida tengo que ser yo, la de las mamas, quien abandone todo para dedicarme a mi futuro bebé. ¿Tengo que repetir que esto me lo estaba diciendo una mujer? No la culpo ni le guardo rencor por menospreciar mi trabajo y esfuerzo, pues a esta mujer le han implantado el chip machista y ha crecido con una cultura y lenguaje sexista. Me parece sí preocupante que una mujer educada siga estando presa de este sistema.

Tan solo me pregunto cómo podemos cambiar este ciclo. ¿Criará esta señora a la siguiente generación de mujeres diciéndoles que limpien la casa mientras sus hermanos se tocan las narices? ¿Le dirá a su hija al pasar los veintipocos que se le está pasando el arroz? ¿La regañará por no cocinarle a su esposo? ¿La crucificará como mala madre por seguir trabajando a tiempo completo?

La primera vez que sufrí una de estas microagresiones por ser mujer fue en la universidad, cuando un profesor medio facha delante de toda la clase de parasitología me dijo que me sentara como una dama. ¿Y cómo se sienta una como una dama? Menudo atontado que relaciona el cruzarse de piernas con la pureza y castidad que para él una dama debe proyectar.

Aunque cada experiencia cuenta y cada una me produce gastritis, solo son microagresiones. Un periodista le preguntaba a la nueva ministra si necesita el país una dosis de feminismo. Por supuesto que sí, y se necesita aún más en un país con alto índice de feminicidios, donde la agresión no solo queda en que un patán te mira de lado o los comentarios machista de tu madre. En Perú, desde enero hasta mayo de este años, 39 mujeres han fallecido a mano de sus parejas. ¿Cuantas más deben morir desangradas para que se ataque esta epidemia?

Rocío Valverde

Rocío Valverde
02 de agosto del 2017

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