Iván Arenas

Iván Arenas

Maritza Garrido Lecca, Martha Huatay y la choledad

Derecha e izquierda comparten el racismo y el clasismo

Maritza Garrido Lecca, Martha Huatay y la choledad
Iván Arenas
17 de octubre del 2017

Estimado lector, ¿recuerda usted aquella portada de una conocida revista dirigida a los sectores medios y altos del Perú (inserte Somos), en la que figuraba la liberada senderista Maritza Garrido Lecca de niña, en la más pura inocencia? ¿La recuerda? Bueno pues, con la excarcelación de Martha Huatay, la portada de Somos cobra ahora un significado profundo. ¿Por qué? Porque en el Perú el clasismo y la discriminación son enfermedades perpetuas, que nos llevan a hacer distinciones de manera nítida. Ambas, Maritza y Martha, podrán ser senderista, pero —¡ojo con esto!— no es lo mismo apellidarse Garrido Lecca que Huatay. ¿O sí?

Ahora bien, dejemos el siguiente razonamiento en negrita y en subrayado: en términos de importancia dentro de Sendero Luminoso, Huatay le llevaba kilómetros por delante a Maritza GL. Huatay fue miembro del buró político de Sendero Luminoso y, además, lideraba el comité de Socorro Popular (SOPO); una de las tantas fachadas creadas por Sendero en apoyo de la tristemente llamada guerra popular. De allí que la tarea de Huatay fuera decisiva en el sostenimiento del grupo terrorista. Socorro Popular se encargaba de la asistencia médica, el asesoramiento legal y —entre otras cosas— de que los puestos de caldo de gallina crecieran en casi toda la carretera central de forma exponencial, por la sencilla razón de que era una buena cubierta para alimentar a los cansados senderista que explotaban coches bombas, mataban policías, pintaban paredes y se bajaban torres eléctricas. Es decir, en términos de estrategia de guerra, Huatay era una pieza de primera línea.

¿Qué era Maritza Garrido Lecca dentro de Sendero Luminoso? Importante sí, pero no era Huatay. Era una bailarina cuyo trabajo fue tratar de engañar a inteligencia pero acabó engañada primero ella.

No obstante, Huatay, a pesar de lo importante de su cargo, no sería merecedora, ni por error, de una portada en Somos. Pero Maritza Garrido Lecca sí. Y aquí vale recordar la famosa parábola del hijo pródigo. ¿Por qué? Porque aquella infame portada también emitía un mensaje poderoso, lleno de clasismo (y, cómo no, de racismo): Maritza Garrido Lecca es la hija guapa que se equivocó de camino por creer que haría un bien a la sociedad, pero ¡es una de las nuestras!

¿Y Huatay? No pues, estimado lector. Es imposible imaginar una portada en una revista nice con el perfil de Huatay. Al final del día, el peor pecado de Huatay, como el de Garrido Lecca, no fue integrar una de las bandas terroristas más letales del mundo, sino que la primera sea una chola y la segunda una niña pituca que jugó a protagonizar su propia novela.

De allí que en el Perú criollo las derechas e izquierdas han sido, son y serán clasistas y (aunque les duela) racistas. ¿O acaso usted cree que la “caviarada” limeña se tomaría unos tragos en el Jazz Zone con los cholos de Patria Roja? ¡Imposible, pues!

Iván Arenas

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17 de octubre del 2017

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