Erick Flores

Erick Flores

Las armas para la paz

Cada persona debe estar en condiciones de defenderse

Las armas para la paz
Erick Flores
01 de mayo del 2018

 

“¿Queremos verdaderamente la paz? Entonces prohibamos las armas para no tener que vivir con el miedo a la guerra”. Se trata de uno de los últimos mensajes que el papa Francisco —a través de su cuenta de Twitter— le ha dado a la humanidad. Sería tonto dudar de las buenas intenciones detrás del mensaje, pero cuando se trata de un tema tan sugerente como la prohibición de armas, lo último que debemos tener en cuenta son las intenciones que respaldan esta idea. Y en estos tiempos tan marcados por la violencia, la prohibición de armas es una medida muy popular entre las personas; lamentablemente sus resultados demuestran que la realidad es un tanto más compleja y que el problema no se reduce a inventarse una ley.

El gran problema con la prohibición de armas es que terminan desarmando a las personas que respetan la ley, mas no a aquellas que no lo hacen. En buen cristiano, un delincuente va a conseguir un arma para llevar a cabo sus fechorías sin importar que las armas estén prohibidas o no. La prohibición no funciona para este tipo de personas y, contrario a lo que la mayoría puede creer, con esta medida se generan muchos más incentivos para que la violencia se incremente. La prohibición no significa que las armas vayan a desaparecer de nuestras vidas, sino que se trasladan a un mercado negro, y con ello vienen las mafias y toda una serie de delitos conexos. Pero el detalle más importante está en que una sociedad desarmada —que es lo que termina generando la prohibición— no disuade al delincuente de perpetrar sus delitos, sino que lo motiva a seguir haciéndolo, porque no encontrará defensa alguna por parte de sus víctimas.

En este sentido, la prohibición de armas no es una medida efectiva para reducir la violencia e ir construyendo ese escenario de paz con el que sueña el papa y la gran mayoría de personas. Más allá de las leyes y las instituciones que ayudan a este proceso, no hay nada más eficiente para luchar contra la violencia que una sociedad armada y dispuesta a defenderse de aquellos que buscan hacer daño a los demás. Una persona armada que puede repeler cualquier ataque por parte de otra es el mejor disuasivo en este asunto. Y es esto lo que parece no entender muy bien el papa, que olvida que la paz de la que él goza en sus viajes por el mundo está determinada por el cuerpo de seguridad armado que lo custodia siempre.

Y lo que debe ir quedando claro sobre este asunto es que la evidencia demuestra que las sociedades donde el porte de armas es relativamente libre son las que mejor enfrentan los problemas generados a partir de la violencia. Claro está que liberalizar el mercado de armas no basta para comenzar a ver mejoras en la lucha contra el crimen y la delincuencia, pero es importante ir dejando de lado las ideas que no han funcionado hasta la fecha. Las armas, contrario a la creencia popular, traen paz porque representan la extensión natural del derecho a la vida que todos tenemos, que es el derecho a defenderla. Y como no puede haber un policía por cada persona en la sociedad, lo natural es que cada persona esté en condiciones de defenderse de que cualquiera amenace su vida y la de los suyos. Si se le prohíbe ese derecho, lo más probable es que sigamos viendo que la violencia está en aumento en todo el mundo.

 

Erick Flores
01 de mayo del 2018

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