Neptalí Carpio

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La opción suicida del Apra

La opción suicida del Apra
Neptalí Carpio
13 de octubre del 2017

Una dirigencia que defiende a capa y espada a Alan García

 

Para un líder aprista debe ser cada vez más difícil defender las tesis del Espacio y Tiempo Histórico, de Haya de la Torre, y de uno de sus principios: “el aprismo se fundamenta en sus normas de metodización filosófica en el enunciado dialéctico de la negación de la negación y sobre el principio universal del eterno movimiento”. ¿Cómo podrían hacerlo si sus líderes se ocupan casi siempre y, desde hace más de treinta años, de defender a su principal líder de casos de corrupción, sin atreverse a una renovación del Apra de acuerdo con los nuevos tiempos?

Por lo pronto, nadie sabe qué fue del último Congreso Aprista y menos de alguna idea innovadora. Nada de nada, la negación pura del pensamiento de VRHT. Es como si el tiempo se hubiera paralizado en los predios apristas, contra todo principio dialéctico. En esta línea de anquilosamiento, el ex presidente García dice sentirse muy orgulloso por la cerrada defensa que hace de él su bancada parlamentaria por la reciente acusación por lavado de activos, del fiscal José Castellanos, que compromete además a la ex esposa de García (Pilar Nores) y a otras 31 personas. Pero algo de los que García no puede sentir el mismo orgullo es que esa acusación aumentará la percepción de la ciudadanía como el ex mandatario más corrupto de la historia del Perú, según todas las encuestas de opinión.

Es ese el problema central, no solo para AGP sino para el propio Apra, cuya dirigencia seguirá teniendo como misión principal defender a su líder, en lugar de lanzar una renovación partidaria de gran dimensión. Una contradicción entre haber varias veces triunfado en el Poder Judicial, para evitar ser investigado a fondo, y la sentencia mediática y de percepción de la población, que con sentido común razona que el ex presidente sí está comprometido en múltiples casos de corrupción en sus dos gobiernos (desde 1985). Sobre él penden, además, libros rigurosamente documentados como Pájaros de alto vuelo, de Carlos Malpica, y El caso García, de Pedro Cateriano, cuya última edición acaba de agotarse y que docentes de derecho en las universidades recomiendan como obligatoria lectura.

Todo aquel que haya leído con seriedad la resolución del fiscal Castellanos se habrá percatado de que detrás de la acusación para una investigación de 36 meses por el presunto delito de lavado de activos, bajo los fundamentos de la Ley de Crimen Organizado (Ley 30077) y del Nuevo Código Procesal Penal, debe existir abundante información para sostener dichas acusaciones. A partir de ello se formula una acusación sobre tres formas de organización ilícita: la existencia de un “código de honor”, una red que articula tres de niveles de organización y que el ex presidente lideraría una organización de alcance internacional.

De acuerdo, a los antecedentes y la gran influencia sobre el Poder Judicial, es probable que Alan García logre bloquear una investigación sostenida, pero no se habrá librado de consolidar esa fatal percepción que pende sobre él, en relación a ser uno de los ex presidentes más comprometido por corrupción. Y en el caso de que por fin el Poder Judicial rechace los alegatos de la defensa del ex mandatario, vendrá una verdadera hecatombe sobre el Partido Aprista.

Lo evidente es que en la evolución histórica del Partido Aprista y con una dirigencia dispuesta a defender a capa y espada al ex presidente, este comportamiento se presenta como un bloqueo histórico para avanzar como partido. Es como si el Apra estuviera enjaulado en sí mismo, sin poder resolver un problema que arrastra desde hace varios años. Que una dirigencia tenga casi como propósito principal defender a su cuestionado líder es como quitarse la posibilidad de renovarse y condenarse a morir con su propio líder, o esperar que la renovación partidaria sea después de su partida y el retiro de su líder a los cuarteles de invierno.

Desde el año 1984, en que Alan García tomó el liderazgo del Apra, han pasado por los menos cuatro generaciones de jóvenes, y el partido de Alfonso Ugarte no ha tenido la capacidad de crear una etapa pos Alan García, de negación y continuidad. Y el hecho de que ahora varios sectores se hagan ilusiones de que su líder seguirá siendo la mejor carta hacia el año 2021, es una opción suicida, casi como condenarse a “morir con nuestro líder”, en lugar de apostar a una verdadera renovación.

Neptalí Carpio

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13 de octubre del 2017

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