Darío Enríquez

Darío Enríquez

La ofensiva flagrante del marxismo cultural

La ofensiva flagrante del marxismo cultural
Darío Enríquez
12 de octubre del 2016

Incoherencias regresivas de la gente “pensante”

Ha aparecido en redes un video del presidente Kuczynski en el que habla de las corridas de toros y la nueva “cruzada” que él apoya para prohibirlas. Algo que llama la atención es que don PPK ha mostrado siempre ser asiduo asistente a la Feria del Señor de los Milagros en Lima, uno de los eventos emblemáticos en el mundo de la tauromaquia. Siendo un viejo amante del toreo —no había duda hasta hoy—, su conversión implica una de dos posibilidades: 1) Cambió de parecer y se despertó en él una sensibilidad inédita hacia los toros de lidia; 2) Ya no es negocio para él continuar con esa afición. Dejamos a criterio del lector discernir si es una u otra.

En todo caso, esto nos lleva al tema de la coherencia. No la de don PPK, que está fuera de toda duda. Digo, fuera de toda duda porque coherente, coherente, como que don PPK no es. Me refiero a la gente que se autodenomina “pensante”. Si cabe la autocrítica (sí que cabe), a veces estamos allí pero tratamos de evitarlo. Por ello, nunca pensé que —más allá de memes— me encontraría alguna vez con alguien que luciera tanta incoherencia en temas como estos. Hace unos días sucedió. Esto de los toros es un tema de sensibilidad personal que respeto. Si alguien no gusta del espectáculo taurino, pues es libre de no asistir a él. A mi tampoco me gusta y por eso no voy, pero no se me ocurriría prohibirlo.

Sucedió en el espacio ciberflaútico. Alguien lanzó primero un mensaje a favor del aborto sin condiciones. No hablaba solo del terapéutico ni del que se acciona como consecuencia de un embarazo por violación. Era el aborto “libre” (véase las comillas), mondo y lirondo. Licencia absoluta para matar bebés engendrados porque se les declara “no deseados”. Mostrando una figura de la organización Equality House (¡qué nombrecito!), ese alguien citaba entre otras frases: “Don't like abortions? Don't get one”. Bueno, tiene derecho a pensar así, es lo que me dije. Yo no estoy de acuerdo ni por asomo con tamaña apología del asesinato de inocentes bebés engendrados, allí donde más seguros debían estar. En fin.

Pero a los pocos minutos, la misma persona que proponía “si no te gustan los abortos, no los hagas; pero no impidas que otros sí lo hagan” hace eco de la campaña antitaurina y exige prohibir las corridas de toros. Siguiendo la línea de Equality House, lo lógico habría sido decir: “Si no te gustan las corridas de toros, no vayas, pero no impidas que otros sí lo hagan”. Si no te preocupa la vida humana recién engendrada y recurres a cualquier recurso retórico para hacerla prescindible y desechable, con mayor razón la vida animal también puede relativizarse. Simple coherencia.

Una coherencia mínima en el importante andamiaje de las ideas parece ser mucho pedir para quienes han encontrado —de manera consciente o inadvertida— un nuevo camino de falsa iluminación y epifanía, empedrado por el marxismo cultural. “Pero yo no soy marxista”, dicen algunos. Es que al parecer ni se dan cuenta. Es demasiado. No puedes defender la vida animal, pero despreciar la vida humana. Algo había leído sobre colectivos que apoyan el aborto salvaje (es decir, sin condiciones) y al mismo tiempo defienden la causa ecológica de proteger a los huevos de tortuga marina en el Caribe, que son víctimas de depredación natural por otros animales. Y la tendencia se propaga.

Algo no anda bien en el mundo cuando gente preparada, con estudios y trayectoria profesional, muestra una incoherencia tan manifiesta en temas en los que hay apenas espacio para “osadas” interpretaciones o contextos emergentes. Podemos procesar la diferencia de ideas e incluso la divergencia de principios. Pero frente a la incoherencia “ilustrada” —parafraseando a un poeta paradójicamente marxista— la razón, como el viento, poco o nada puede.

 

Darío Enríquez

 

Darío Enríquez
12 de octubre del 2016

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