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La invención de la memoria histórica

Columna

La invención de la memoria histórica

6 de Septiempre del 2017

Luchar por una educación libre de ideologías

El Perú no es un país de izquierda. La captura estratégica del sector educativo responde a una operación cuidadosamente planificada para transformar esta realidad. La construcción de una narrativa histórica que tergiverse los móviles y la actuación de la izquierda a lo largo del siglo XX es un objetivo fundamental para la consolidación de un electorado “progresista”. El viejo proyecto liberal de la formación de una ciudadanía concreta mediante el diseño educativo ha sido asumido por la izquierda global, y por eso la captura de la educación forma parte de su decálogo político. En el caso peruano, la izquierda ha sido eficiente al infiltrar el sector de manera paulatina, logrando controlar varios mandos medios y colocar supuestos “equipos técnicos” en lugares clave, que delimitan el alcance de nuestra política educativa. Esta labor de infiltración se ha producido ante la pasividad e indiferencia del centro y la derecha.

Precisamente por ello la reacción no ha venido de un partido político concreto, sino de la sociedad civil. El movimiento “Padres en acción” y el despertar de los padres de familia ante la creciente infiltración ideológica de la izquierda en el sector educativo son la muestra palpable de una preocupación creciente que tiene una ineludible dimensión política. La izquierda, a pesar de la infiltración en el sector educativo, continúa siendo minoritaria en el Perú. Por eso, el partido político que aspire a representar a la mayoría tiene que identificar la penetración ideológica de la izquierda en el sector educativo y combatirla, porque de ello depende la formación del futuro electorado nacional. Los ejemplos son muy ilustrativos. Imaginemos una educación pública en la que solo una ideología es promovida (la ideología izquierdista presentada como un nuevo republicanismo) en detrimento de otras opciones. En pocos lustros el electorado crearía una bipolaridad en la que la izquierda minoritaria solo podría salir ganando. Cualquier ganancia en un campo con estas características es derrota para sus opositores.

Por eso, el partido que aspire a representar a la mayoría nacional tiene que luchar por una educación libre de ideologías sectarias basadas en postulados destructivos, como el de la lucha de clases, hoy disfrazados bajo el totalitarismo relativista de lo políticamente correcto. El triunfo de un proyecto ideológico se traduce siempre en la derrota de una oposición indiferente. El poder debe ejercerse en el ámbito educativo asegurando que la historia sea narrada de manera veraz y objetiva. De lo contrario, la izquierda continuará inventando una memoria histórica sesgada y parcializada, de acuerdo a sus fines políticos y funcional a sus intereses económicos. La ley de cine que se promueve en estos días va en este sentido. Todo espacio de poder cedido por una oposición indiferente al tema educativo siempre será aprovechado por una izquierda que, aunque es sectaria, sabe unirse para infiltrar.

La construcción de una memoria histórica que elimine los vicios y crímenes de la izquierda y señale solo los de sus enemigos es el objetivo estratégico detrás de la infiltración en sectores clave de la educación y la cultura. Oponerse a esta estrategia se convierte, por tanto, en una cuestión de supervivencia para quienes no comulgan con la izquierda. Los padres de familia ya han dado un primer paso. Ahora es el turno de la política formal.

Martín Santiváñez Vivanco