Martin Santivañez

Martin Santivañez

La gran persecución

Se está generando un nuevo orden republicano purificado del extremismo ideológico

La gran persecución
Martin Santivañez
20 de marzo del 2018

 

Los perseguidores de Fuerza Popular han comprendido que tienen ante sí a un adversario que no cesará en aplicar su estrategia con decisión, suceda lo que suceda. Muchos de estos adversarios no comprenden que Fuerza Popular responde a un principio político clásico: ha tomado conciencia de su propio poder y está dispuesto a dar la batalla por una idea concreta de peruanidad. Los perseguidores de Fuerza Popular también tienen, por supuesto, una idea particular sobre lo que debe ser el Perú. Y ambas cosmovisiones colisionan frontalmente en puntos esenciales. Es por ello que los puentes de encuentro siempre serán tácticos, nunca permanentes. A menos, por supuesto, que uno de los dos frentes renuncie a los principios que afirma defender.

La persecución iniciada tras la caída del régimen de los noventa se intensificó durante dieciséis años, y solo con la hegemonía parlamentaria lograda por Fuerza Popular la balanza ha podido equilibrarse. Los perseguidores de Fuerza Popular hicieron lo que tenían que hacer: dividir un bloque mayoritario para debilitar a su enemigo. El núcleo de Fuerza Popular ha respondido como debe: galvanizarse manteniendo la firme decisión de luchar contra la corrupción, caiga quien caiga. La política del respeto y la mano tendida ha sido reemplazada por un escenario de amigo-enemigo en el que uno de los dos frentes debe salir derrotado. De allí la importancia de reconocer las raíces de la persecución, sus operadores y los lugares desde los que operan. Solo así el conflicto logrará resolverse, porque el mapeo que los perseguidores han hecho de Fuerza Popular es completo. Así, organizados como se encuentran, los perseguidores no han dudado en avanzar a paso firme allí donde han encontrado debilidad.

La raíz de toda persecución política es siempre ideológica. Si me apuran, metafísica y antropológica. La ideología de los perseguidores de Fuerza Popular es diametralmente opuesta a lo que Keiko Fujimori encarna. El estatismo histórico, la lucha de clases, la dictadura del proletariado, el relativismo moral y la visión distorsionada de una libertad irresponsable (que solo ve derechos y nunca deberes) constituye el eje del pensamiento progresista al que se enfrenta Fuerza Popular de manera intuitiva. Cuando esa intuición se plasme en un ideario orgánico que comprenda que el gran enfrentamiento político tiene un trasfondo metafísico, entonces el proyecto político de los populares no será contingente a la coyuntura y entrará en un plano de trascendencia real y operativa. La razón práctica tendrá un correlato político.

Entonces, de las catacumbas de la persecución surgirá un nuevo orden republicano purificado del extremismo ideológico, capaz de concentrarse en los problemas reales del país. Esto es lo que nos exige el Bicentenario: concentrarnos en la solución de los problemas, no en el discurso del odio polarizador. El odio contra un sector del espectro político —que da origen a la gran persecución contra Fuerza Popular y los que no piensan como el establishment de izquierda— solo cesará tras una larga campaña en la que un frente unido actúe con decisión y estrategia. Este es un escenario no apto para el caudillismo estéril, para la tibieza blandengue ni para el relativismo moral.

 

Martin Santivañez
20 de marzo del 2018

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