Iván Arenas

Iván Arenas

Las encrucijadas del fujimorismo postalberto

Fuerza Popular es más un partido que un grupo caudillista

Las encrucijadas del fujimorismo postalberto
Iván Arenas
03 de enero del 2018

De una u otra manera el indulto a Alberto Fujimori altera el escenario político nacional, incluido el de la propia agrupación naranja. De allí que —valgan verdades— la excarcelación de Alberto ha generado contradicciones internas en Fuerza Popular. En los buenos manuales de la guerra se suele aconsejar que uno de los mayores logros que precede a la victoria es crear el caos interno en el adversario. En todo caso, el fujimorismo enfrenta hoy un camino lleno de contradicciones que, de no resolverse, tendrán efectos sumamente negativos.

 

En ese sentido, quizá una de estas encrucijadas está relacionada a entender cuál será la nueva ubicación de Keiko ahora que Alberto está en libertad. De alguna manera el antifujimorismo se ha colocado en la ventana y empieza a soñar con una disputa cainita que haga estallar al partido naranja en mil pedazos. En todo caso, solo el tiempo lo dirá.

 

Ahora bien, a su manera Keiko Fujimori intentó construir un partido alejado del apellido Fujimori, algo que —según todo indica— no ha conseguido hasta ahora. De allí entonces que resulte absurdo no reconocer el esfuerzo de Keiko de construir y mantener activo un partido que encontró con un dígito de popularidad cuando Alberto decidió renunciar a la Presidencia de la República desde el otro lado del mundo. En todo caso, sería un tremendo error de cálculo que —con la libertad de Alberto— todo vuelva foja cero y se empiece a desarrollar la peregrina idea de que Keiko deba sujetarse a las órdenes del padre.

 

Las declaraciones —a veces en exabruptos— de varios congresistas afines a Keiko con respecto a las tratativas del indulto entre el propio Alberto y el presidente PPK, sugieren que hoy Fuerza Popular se parece más a un partido y no al típico espolón de proa de un caudillo. Vale recordar que eran usos de Alberto crear y desaparecer partidos. En todo caso, luego de doce años en Barbadillo, Alberto Fujimori se encuentra con un partido que camina hacia la consolidación institucional, y no con un grupo de operadores en el que la lealtad al jefe era medida por la complacencia y el acatamiento.

 

Que algunos congresistas naranjas levanten de forma exagerada la voz contra Alberto no deja de ser un indicador de que en Fuerza Popular las cosas han cambiado. Pero además, Alberto Fujimori ha encontrado nuevos rostros, personajes que reniegan de las formas autoritarias del fujimorato de los noventas y que se han desvinculado de cualquier tipo de prácticas cercanas a las de ese régimen. La miopía del antifujimorismo ha impedido reconocerlo.

 

Es evidente que la construcción de un partido institucional no solo equivale a alejarse de las viejas prácticas del caudillismo, porque solo una ideología y un programa propios permitirán que el fujimorismo no se diluya.

 

Iván Arenas
03 de enero del 2018

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