Jorge Nieto Montesinos

La Coalición Ética

La Coalición Ética
Jorge Nieto Montesinos
17 de junio del 2014

¿Seremos capaces de vencer la corrupción arraigada?

Si uno vuelve a González Prada, -animado por la sucesión de escándalos de corrupción lo he vuelto a leer en estos días-, es tal la furiosa descarga de adjetivos y el desprecio a la mediocridad solemne, que uno piensa inmediatamente en el género del libelo o del panfleto, antiguas tradiciones literarias del republicanismo romano dedicadas a liquidar honras, que la revolución francesa retomó y elevó a niveles de arte.

Pero no. No es así. A poco que se piense, lo que hace don Manuel es casi costumbrismo, una suerte de descripción etnográfica de nuestra vida pública: políticos, jueces, militares, periodistas y un largo etcétera… Habla, claro, del Perú de hace un siglo. O dos. Esa “monarquía mercenaria con ínfulas de República”, como escribe en un articulo en que se imagina la distancia digna y sorprendida con que el Perú del año 2000 ó 2200 juzgaría su pasado.

¿Podríamos hablar con tal distancia del Perú que describe González Prada desde nuestro 2014, cien años después? Lamentablemente no. O no tanto, para no generalizar con injusticia. La sucesión de escándalos en las regiones, la dinámica política de intercambio de impunidades, el copamiento criminal de áreas fundamentales del poder judicial, la capacidad de chantaje que aun mantiene el lado más tenebroso del régimen de los noventa sobre actores relevantes de la vida pública, la corrupción instalada como normalidad, la inoperancia de los organismos estatales y públicos encargados del control y la regulación, todo ello nos habla de los límites de nuestra democracia y de su calidad.

Por momentos nuestra democracia recuerda a la italiana de las últimas décadas del siglo XX: un país cuya economía luego de un desarrollo notable había llegado a tener las tasas de crecimiento y el PBI per capita de los países más avanzados de la tierra, pero que coexistía con una de las políticas más corruptas del continente europeo. Como acá, allí también venían de una época inmediatamente previa de desafío terrorista en cuyo combate reverdeció la savia que venía desde el fin de la segunda guerra mundial: la reafirmación del lado oscuro de la vida, aquel que se nutre de sangre, dinero y secreto, en el ADN del pacto estatal que en 1946 dio origen a la nueva República.

La sucesión de escándalos de corrupción y las evidencias de que una red mafiosa atravesaba en sus niveles mas altos instituciones políticas, religiosas, judiciales, comunicacionales, de inteligencia y hasta deportivas terminó alimentando la indignación colectiva. No fueron las leyes ni las instituciones las que produjeron la refundación democrática. La produjo la coalición política entre una sociedad que ante el horror elevaba sus exigencias éticas, algunos políticos honestos, varios periodistas valientes, y, sobre todo, en la primera línea, literalmente, de fuego, un conjunto de jueces y fiscales probos -Giovanni Falcone, Paolo Borsellino, Rosario Livatino, nombro solamente a los asesinados- decididos a hacer bien su trabajo aun contra la hostilidad de sus propios jefes. Fue una intransigente coalición ética, políticamente flexible, la que acabó con un régimen agobiado por la corrupción y renovó la democracia.

Ante la danza improductiva de nuestra política, el espectáculo bochornoso de nuestras instituciones y la complacencia ambiente, me pregunto si la sociedad peruana sería capaz de producir dicha coalición victoriosa. O si acaso lo considere deseable. O si estamos condenados a la prosperidad con fango.

Por Jorge Nieto Montesinos

Jorge Nieto Montesinos
17 de junio del 2014

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