Eduardo Zapata

Eduardo Zapata

La caída de caretas

Vayamos a un shock político, social y cultural

La caída de caretas
Eduardo Zapata
08 de marzo del 2018

 

Poco importa, en verdad, que usted haya pensado que se trataba de un error de mayúsculas o minúsculas en el título de esta nota. Y que íbamos a tratar aquí el triste caso —que elucidará la justicia— de una revista que desde hace muchos años se ve envuelta en problemas con su personal.

Diríamos mejor que sí importa. Pues el proceder de una revista que durante años se mantuvo al frente de aquellas de circulación nacional, resulta una metáfora pertinente para graficar el devenir inmediato de la política peruana en las elecciones regionales y locales, pero sobre todo en aquellas del Bicentenario: las presidenciales.

La crisis política en la que nos hallamos envueltos no se reduce ya a si nuestro Presidente se salvará de la vacancia. Probablemente así suceda. El hecho es que aun cuando sobreviva —que es lo más probable en el “mercado de compra y venta”— se ha transparentado la realidad de mucha de nuestra clase política tradicional. Y con ello, la desconfianza hacia esta clase decidirá nuestro futuro. Particularmente de cara al 2021.

Y es que durante los años “de oro” de la publicación que todos conocemos, las caretas eran —sin proponérselo— el símbolo de nuestra sociedad a nivel de lo público y privado oficial. Todos éramos probos. Todos merecedores del aplauso. Todos intachables. Todos “respetables” constructores de una sociedad igualmente “respetable”. De amigos y entre amigos, claro está. Pero de pronto un escándalo de pagos indebidos, obras sobrevaluadas, comisiones por lo bajo y por lo alto, y demás, ha puesto en evidencia precisamente que vivíamos un mundo de personajes dirigenciales que hicieron de la careta una necesidad.

Pues para la pervivencia social tanto políticos como empresarios, líderes de opinión, estudios contables y de abogados y —tal vez— nosotros mismos, tuvimos que usar caretas para ocultar limitaciones serias en lo que se refiere a la auténtica profesionalidad, y limitaciones más serias aún en lo que se refiere a nuestra ética ciudadana. Si no fuimos actores, fuimos cómplices. Y para decirlo explícitamente, hubo autores inmediatos y mediatos y cómplices también inmediatos y mediatos. Y muchos mediatiquísimos, claro está.

Mientras la corrupción transitaba abiertamente con caretas, la ciudadanía iba acumulando iras y resentimientos ante la ausencia y deterioro de servicios básicos que a nadie parecía importar. Dinero, solo dinero, era el objetivo. Y bastaba una bonita careta, por cierto bastante distinta de aquellas que nos subyugan en ciertos carnavales, como el veneciano. Aquí ni eso fue necesario.

La caída de caretas y de Caretas constituye, pues, la caída de una “superioridad de los unos” frente a los más. Particularmente de aquellos que aportan el 80% del empleo en el Perú y el 70% del PBI. Para no aludir a los excluidos totalmente del mundo y estadísticas del discurso oficial.

Algunos persisten en la creencia de que las caretas pueden perpetuarse, inventando irresponsablemente candidatos mentalmente vacíos. O invocando la presencia de personajes tampoco santos porque no plagiaron, sino copiaron, pero finalmente “educaron”. Tal vez acudiendo a algún otro cuya careta les parezca no ha caído aún, pero que la población advierte como parte de lo mismo.

Terrible situación la nuestra. Seguro apostaremos a la “gobernabilidad” —o sea la permanencia de las caretas— para continuar ocultando diez años de parálisis económica que afectan a los más. Pero nada de lo que se haga para simplemente “parchar” el sistema y mantener prebendas nos devolverá esperanza y confianza.

No solo han caído las caretas. También el mundo de Ellos y Ellas —frívolo e irresponsable— seguirá la suerte de la caída. Dicen algunos afiebrados “que se vayan todos”. Diría que es una exigencia de nuestros tiempos decir “todos menos yo”. Espero, estimado lector, que esté usted entre ellos. Porque hay ciudadanos honestos en este país que no quieren ya seguir la suerte de una revista en decadencia desde hace un buen tiempo, pero que por “decencia” nadie se atreve a criticar. La misma “decencia” proveniente de las máscaras a las que venimos aludiendo. La misma “decencia” que quiso robarnos país y esperanza.

Quitémonos, pues, las caretas. Eliminemos por siempre la sección Ellos y Ellas de nuestro tejido social y cultural. Vayamos a un shock político, social y cultural. A un sinceramiento que nos permita vivir una sociedad signada por la convivencia civilizada.

 

Eduardo Zapata
08 de marzo del 2018

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