Raúl Mendoza Cánepa

Raúl Mendoza Cánepa

Humala y PPK

Humala y PPK
Raúl Mendoza Cánepa
25 de septiembre del 2017

Es muy aventurado hablar del fracaso del modelo

Alberto Vergara ha publicado en El Comercio un artículo interesante. Vamos por la contraria: la experiencia indica que la inversión depende de la confianza empresarial. En efecto, existen informes que vinculan la percepción empresarial con los indicadores económicos. En el Informe Preelectoral 2006-2011 (MEF) se analiza esta relación: “Durante el 2010 el crecimiento estuvo liderado por la fuerte recuperación de la inversión privada y, en segundo lugar, por el impulso público. El repunte de la inversión privada en dicho periodo respondió, principalmente, a las buenas condiciones de financiamiento y al optimismo empresarial... Esto último ha incentivado el reinicio de proyectos… lo cual se ve reflejado en la mejora del Índice de Confianza Empresarial elaborado por el BCRP, que pasó de 32 puntos en diciembre de 2008 a 70 puntos en noviembre de 2010”.

Dice Vergara: “Un distraído ha dicho que hemos padecido el sexto año de Humala; en realidad, para bien y para mal, hemos atestiguado el decimosexto de Toledo. Ante la economía descompuesta y el país confundido, PPK podría entonar junto a un viejo salsero anónimo que ‘la vida es así / no la he inventado yo’. El sueño derechista era pesadilla”.

No, no lo era y el sustrato de la canción de un “no anónimo” Sandro Giacobbe, popularizada en una salsa, no tiene conexión con el sueño liberal que, en cierta manera, Humala entrampó con sus indefiniciones y desbordes, que derivaron en un 3% de déficit fiscal. El sueño liberal —el de un Estado que destraba, desregula y crea confianza— encontró con Humala una ralentización que ni la presencia de los viejos tecnócratas del MEF logra revertir. La inversión repunta allí donde se vislumbra estabilidad y expectativa. Si bien Humala no fue el radical que temíamos, sus ambigüedades afectaron al modelo. Gianfranco Castagnola, en Semana Económica de abril del 2015, señalaba: “Hoy la confianza empresarial está en su segundo punto más bajo en lo que va del gobierno de Ollanta Humala… desde inicios de este Gobierno su tendencia ha sido siempre a la baja, y, en promedio, ha estado por debajo de los años anteriores”. La confianza empresarial durante el humalismo contrasta con el auge anímico previo. Así, el de PPK es el sexto año de Humala y no el décimo sexto de Toledo, como mal se pretende. No es un tema del modelo, sino de las dificultades que encuentra PPK para retomar la senda. Revertir la falta de confianza y hacer reformas políticas, sin una mayoría que las facilite y sin el equilibrio fiscal para reformas ejecutivas, es lo que impide avanzar.

Castagnola escribía sobre el humalismo: “Con el transcurso de los meses se realizaron ajustes en los equipos ministeriales, y los temores se fueron disipando. Pero surgieron nuevos. El principal fue la sensación de una falta de convencimiento del presidente respecto de la importancia de la inversión privada, que se transmitía al equipo ministerial, donde algunos miembros temían ser vistos como muy proempresariales. Reflejo de ello era el poco avance de los procesos de concesión —hasta el último trimestre del 2013 no se hizo nada—… y una creciente sobrerregulación de la actividad productiva, que… hacía cada vez más difícil hacer negocios… la competitividad no era una prioridad en la agenda del Gobierno”.

Veamos el panorama completo. Durante el período 2001-2006, el PBI creció en promedio 5.7% anual, la pobreza se redujo de 54% a 49%.  En 2006-2011, el PBI aumentó 6.7% promedio cada año y la pobreza se redujo de 49% a 28%.  Y aquí viene el descenso. Durante el Gobierno de Humala el PBI fue de 4.4% anual en promedio, y la pobreza se redujo en apenas seis puntos, de 28% a 22%, pese a sus programas sociales.  Con Humala el Perú creció menos que sus predecesores.  Algunas crisis internacionales en el periodo 2006-2011 fueron superadas sin afectar la línea. Con Humala, si bien el entorno minero no fue favorable por factores exógenos y endógenos, no se elaboraron incentivos ni se agilizaron trámites. Ergo, nula voluntad política.

Es muy aventurado referirse al fracaso del modelo. Desde luego que se anhela una política que, respetando el mercado y administrando prudentemente la economía, “tenga convicciones y agallas en esferas institucionales, políticas, sociales”, dice Vergara. De acuerdo, una reforma crea confianza, estabiliza y garantiza. Pero veamos desde arriba la llana geografía, sin pestañear cuando asomen sus abruptos o sutiles accidentes. Podríamos perdernos de algo.

Raúl Mendoza Cánepa

 
Raúl Mendoza Cánepa
25 de septiembre del 2017

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