Raúl Mendoza Cánepa

Raúl Mendoza Cánepa

Héroes discretos

Los grandes retos del futuro los tenemos sobre nuestras espaldas

Héroes discretos
Raúl Mendoza Cánepa
26 de marzo del 2018

 

Escuchaba a un comentarista mexicano referirse a la política como una búsqueda del superhombre que nunca llegaremos nosotros mismos a ser. Buscamos al padre poderoso para que “él se encargue”, “que sea él quien represente lo mejor de las cualidades morales”, que sea él el superhéroe, que sea él aquello que los ciudadanos no estamos dispuestos a ser en nuestros propios círculos.

Buscamos infructuosos aquel gobernante que reúna la paciencia de Mandela, la hondura espiritual del Dalai Lama, el vínculo con la verdad de Gandhi, la grandeza de Lincoln y su simplicidad, el heroísmo empecinado de Churchill. Sin el ideal, igual encargamos nuestras propias vidas al héroe elegido, para (con razón o sin ella) terminar desencantados cada cinco años. El héroe es corrupto, pero cuando no lo es, se hace responsable de cada imperfección de la vida nacional, desde el tráfico colapsado hasta la basura callejera.

Las responsabilidades de nuestras pequeñas vidas son transferidas a “quien se hace cargo”. Se deja el juicio fuera, en el exterior de nuestras casas. Mientras tanto, se vulnera a la mujer, se hurta, se mata, se trampea en los impuestos, se violan las reglas del tráfico, se maltrata a los mayores, se maleduca a los menores, se miente, se embauca, se coimea, se hiere…La ética sirve para las grandes ligas políticas y para los pequeños funcionarios. Ser ciudadano lo asumimos apenas como un imán de atribuciones, nunca como una responsabilidad: la de ser “parte activa y responsable” de nuestra comunidad.

Lamento decir que una nación no se construye por la magnificencia o genio de quienes la gobiernan, sino por la suma de los millones de actos cotidianos que nos atañen. Si creemos que botar un papel en la acera tendrá un correlato irrelevante (la limpieza por parte del personal municipal), todos tendrían que asumir lo mismo por cierto y que aquel “derecho de incorrección” es válido también para los otros. En una sociedad tal, todos colaboramos al caos y a la anomia, lo que exigirá más de nuestras autoridades y, desde luego, mayores recursos y habilidades del estadista.

El desarrollo no es una tarea que se reserve solo a la agenda de los Estados, sirve para la agenda individual. Llegamos a casa y nos damos a la vorágine de una verborrea sin control. La majadería, la ira, el chisme, el raje, la grosería podrán sabernos a gracia. Pero con niños alrededor es una resistencia a lo que la educación provee en las escuelas, un ejemplo que no coopera con los ideales de esa formación que tanto le exigimos al Estado, pero que estamos dispuestos a sabotear. Dejamos las señas de todas nuestras malas artes para que se reediten en el porvenir y en nuestra comunidad.

Dado así, conviene repensar no solo la política, sino la noción de ciudadanía y del liderazgo individual que a cada uno corresponde. Bien se dice y con lucidez en un muro de Facebook que conviene compartir (ATK): “Con la práctica, uno desarrolla inmunidad a las decepciones políticas, sobre todo en un país como el nuestro. Pero hay que tener cuidado de que esto no nos lleve a la desafección política; es decir, al convencimiento de que las cosas siempre serán así de malas. Porque en parte es responsabilidad nuestra: todos estamos llamados a ser los líderes que este país necesita, sin importar nuestra ocupación circunstancial. Porque no hay que ser político para hacer política. Porque si no tomamos acción, todo seguirá igual. No importa qué hagas, de dónde seas o qué edad tengas, quienes sentimos que hay que ponerse el país al hombro quizá seamos una legión”.

Los grandes retos del futuro los tenemos sobre nuestras espaldas.

 

Raúl Mendoza Cánepa
26 de marzo del 2018

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