Raúl Mendoza Cánepa

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Esperando el balance

Los “garantes” de la gestión de Humala deben asumir sus responsabilidades

Esperando el balance
Raúl Mendoza Cánepa
08 de mayo del 2017

Los “garantes” de la gestión de Humala deben asumir sus responsabilidades

Desde hacía años advertía, a través de diversas columnas de opinión, del peligro que representaba Ollanta Humala por su raíz ideológica totalitaria, inspirada por su padre Isaac y visible en el pasquín que su hermano Antauro se encargaba de distribuir (con el nombre de “Ollanta”) entre los crédulos. Desde aquella columna que escribí para el diario Correo, titulada “Humala viene volando” —en setiembre del 2005, cuando el nacionalista estaba bastante lejos de una segunda vuelta y nadie hablaba de él— este escritor predicaba como Casandra lo que se venía; pero predicaba en el desierto. Desde un solitario cubil intelectual poco se puede hacer para persuadir a la masa. Se persuade a la masa desde el terreno de la política.

Para temor y pesar de quien esto escribe, Humala llegó sorpresivamente a la segunda vuelta con Alan García (2006). Su cercanía a Hugo Chávez, a cuestionadas empresas brasileñas, las idas y venidas sobre la posibilidad de que sea el “capitán Carlos” o de que hubiera comprado testigos y más, tornaron algunas de mis columnas en gritos obcecados contra la pared. Más podía el voto “anti” que el peligro de un régimen etnocacerista. Siempre creí que los garantes y otros varios solo eran tontos útiles de un fundamentalista disfrazado de demócrata, de un “demócrata” de última hora, de un demócrata por táctica, de un demócrata por disfraz. La célebre frase de Levitsky (“de Humala tenemos dudas y de Keiko certezas”) era una falaz estrategia de persuasión que muchos festejaron como un alarde de ingenio, cuando era todo lo contrario. Escribí entonces, contra la marea, que el contexto de los noventa (el año 1992) era diferente al del 2011, y que el salto al vacío rojo era una gran estupidez. Desde luego, la arrogancia de la izquierda no podía tolerar una voz discrepante.

Felizmente y por razones al margen, Humala gobernó sin romper el parámetro democrático (cosa que felicito) y las febriles ideas de Antauro se quedaron apenas impresas en su pasquín. Sin embargo, Ollanta Humala tendría luego asuntos graves que explicar (en condicional porque es cosa que se investiga nuevamente, aunque ya asoman testigos). La vara que encarceló a Fujimori con la extraña teoría de que “debía saber” no fue del mismo tamaño que aquella que se usó para Humala (incluso en el Andahuaylazo, del que “no sabía nada”*) ni para pasar tan fácil por la Justicia el caso “Madre Mía”. Desde luego a las ONG de derechos humanos poco les interesaba las sospechas sobre la identidad real del llamado “capitán Carlos” o la duda sobre el pasado del candidato si era él, solo él, quien podría arrebatarle la banda presidencial a la hija de su enemigo mayor, Alberto Fujimori.

En el Perú rige más el odio que la razón, el “anti” (que no reconoce la dialéctica o la dinámica de contextos) que la reflexión. Una muestra de la tendencia es Aprodeh. Lo dice Juan Carlos Tafur en el diario Exitosa: “Enorme daño les ha conferido a los organismos de defensa de los derechos humanos el director fundador de Aprodeh, Francisco Soberón, al admitir, sin remordimiento, haber prestado el membrete oficial de su organización para apoyar la candidatura de Ollanta Humala, a sabiendas de que era un violador de derechos humanos”. Invito a Francisco Soberón a leer este enlace:

http://www.expreso.com.pe/politica/humala-participo-torturas/

Pero no importa, quizás siga atrincherado en su posición y sea inútil la invitación, porque en el Perú los “antis” nos inducen a ver siempre con el rabillo del ojo, a ver solo aquello que nos conviene o votar en favor del que es contrario al “enemigo”.

Bueno sería también que los garantes (aunque Toledo tiene otros temas que explicar) elaboren un informe objetivo y cabal sobre la gestión de Ollanta Humala, incluyendo los ulteriores líos de Nadine (por ver) y las agendas. Oportuno sería que el informe, al que todo garante se obliga por prestar su fe, sea luego de que la justicia —si la investigación sigue su marcha— determine la verdad de Madre Mía. Es temprano para tal balance, pues sin sentencia firme y ejecutoriada solo hay presunción de inocencia. Solo queda aguardar. Pocos admiten sus yerros; pero aceptémoslo: toda garantía ciega siempre es un salto al vacío que luego pretendemos simular u olvidar.

*http://elcomercio.pe/politica/gobierno/antauro-acuso-ollanta-humala-dirigirandahuaylazo-noticia-728820


Raúl Mendoza Cánepa

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08 de mayo del 2017

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