Justo Balmaceda

Justo Balmaceda

En defensa de la familia

Especialmente si se trata de familias numerosas

En defensa de la familia
Justo Balmaceda
26 de enero del 2018

 

Con ocasión de la adoración de las reliquias de los cinco santos peruanos, por parte del papa Francisco (en su visita del 21 de enero de 2018), el pontífice recibió el ramo de flores oficial de manos de una familia, que representaba a todas las familias del Perú. Se trataba es una “familia numerosa”, y se llama así oficialmente en el mundo “desarrollado” —donde se protege jurídicamente a esta clase de familias desde hace décadas— a aquellas que tienen tres o más hijos.

Estos padres e hijos forman una unidad familiar que merece protección como un colectivo vulnerable ante el individualismo y el liberalismo descarnado del siglo que vivimos. En Perú, según el INEI, existen casi cuatro millones de mujeres que tienen tres o más hijos. Sin embargo las políticas inclusivas no las consideran entre sus prioridades para brindarles ayudas concretas. Por el contrario, se les abandona a su suerte, siendo un colectivo bastante considerable e importante en nuestra sociedad.

No es un mundo donde tenga “buena prensa” el desarrollo y gestión libérrima de una familia numerosa; a pesar de que es desde una familia que se dotan a los Estados de los nuevos ciudadanos. Si la familia tuviera las ayudas respectivas, la formación en valores estaría garantizada para que esos nuevos ciudadanos estén bien formados. Así, entre otras cosas, se erradicaría la gran corrupción imperante hoy en día. Porque la familia es el mejor promotor que puede tener una sociedad para su desarrollo social, empresarial, económico y político, al ser una escuela de valores insustituible. Y si se analizan los objetivos de desarrollo sostenible para el 2030, la gran mayoría tienen incidencia directa en la familia, y el resto en forma indirecta.

No todas las familias numerosas necesitan ayuda del Estado, ni esta ayuda debe traducirse en un bono económico (como el “bono bebé” o “bono por parto”, que existen en otros lados); pero sí es esencial que, en aras de la verdadera igualdad (que muchas veces se alza como bandera de algunas luchas violentas), se garantice que esta clase de familia pueda usar proporcionalmente de la riqueza que los padres puedan generar.

La riqueza en Perú se mide por la renta, y para igualarnos y ayudar al Estado se cobra un inequitativo impuesto a la renta, que no considera que la riqueza de una familia numerosa no es la misma que la riqueza que generan otra clase de contribuyentes. Y sin embargo no hay diferencia en el porcentaje de recaudación. Para lograr un trato igualitario es necesario un trato desigual, porque las situaciones son diferentes. Si se lograra un cambio se podría procurar a estas familias las mínimas condiciones de vida digna que todo ciudadano peruano debe tener.

Las ayudas a esta clase de familias son realmente diversas, pero todas deben generar la inclusión, ya sea que provengan del sector público o privado. Por ejemplo, entre otras cosas, la carga académica que afrontan los padres de familias numerosas (ayudas para los estudios de los hijos). También el transporte para estudiar (ayudas en el transporte público) o para esparcimiento (al cual también tienen derecho como ciudadanos, para poder viajar de vacaciones todos juntos, y así deben surgir las ayudas en el transporte de pasajeros interprovincial, regional, terrestre, aéreo y fluvial, etc.). También ayudas para conseguir una vivienda digna (no solo en tamaño, sino también en precio), ayudas en los emprendimientos laborales o empresariales (préstamos o soluciones financieras, porcentaje de puntos en favor de los padres de familias numerosas (así como los puntos adicionales que reciben los miembros de las FF. AA., los discapacitados, los adultos mayores, etc.) en los concursos públicos. Así garantizamos que los padres tengan un trabajo digno y que por sí mismos mantengan a sus familias.

Es cuestión de que los ciudadanos libres y responsables de sus deberes ciudadanos, y los gobiernos de turno, transen en una política de Estado inclusiva de verdad, haciendo intervenir a todos los operadores que sean necesarios; por ejemplo, el Congreso de la República y los partidos políticos con conciencia social. Esta política de Estado protegería a estos ciudadanos, y el éxito del Perú estaría siempre garantizado. Apostar por la familia es apostar por el futuro.

 

Justo Balmaceda
26 de enero del 2018

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