Raúl Mendoza Cánepa

Raúl Mendoza Cánepa

Empleabilidad

Empleabilidad
Raúl Mendoza Cánepa
11 de septiembre del 2017

Desde la red de contactos hasta el emprendedurismo

Leo en www.pronabec.gob.pe que la empleabilidad “no es sinónimo de tener empleo, sino es una actitud. Es entender que la carrera profesional elegida es el mejor negocio propio”. Definitivamente idílico, aunque irónico si se toma en cuenta el número de profesionales desempleados, en algunos casos hay habilidades desperdiciadas en tareas menores, pero de subsistencia precisa y urgente.

Ha tocado a este columnista encontrarse con algún taxista que refería perplejo ser un contador, un sociólogo, un economista, un abogado o un maestro. De sus sapiencias y experiencias truncas se extrae que las circunstancias contrastan con cualquier fraseo fácil de los expertos en empleabilidad. Leo luego: “Lo importante es tener una actitud distinta con el trabajo, entender que la responsabilidad no es solamente trabajar muy bien, sino hacerlo cada día mejor, pues las empresas quieren talentos con valor agregado y generadores de logros”. Desde luego que sí, la habilidad en el terreno supera a todos los títulos y cartones, que demuestran más que nuestras capacidades, cuántos dólares hemos invertido en nuestra educación. Por lo mismo, la eficiencia y la ineficiencia debieran tener un resultado cantado. El mérito no reside en el espiralado grueso, sino en la obra efectiva.

La primera equívoca pregunta que se le hace a un empleable es “¿Cuál es tu know how en este tema”? El “saber hacer” es la experiencia previa que garantizaría un mínimo de manejo, pero que no supera a la adaptación y calidad puesta a prueba frente a cualquier reto. “Pues póngame a prueba”, parecería la respuesta cabal. Alguna vez esta interrogante se hizo a un aspirante, un emprendedor exitoso que, precisamente, tampoco hubiera resuelto qué responder treinta años atrás cuando era precisamente eso, un aspirante. Supo, en el campo, hacer para ascender. La vida es prueba. Y la prueba es mérito, y no preguntas o especulaciones.

En el mercado laboral moderno se exige un ascenso progresivo posuniversitario. La verdad es que aún los doctorados son cartas sin garantía. La demostración efectiva debería ser el área de paso para la empleabilidad. Sin embargo, esta se agota en preguntas y teorías previas, no en probabilidades y comprobaciones ex post. El ejercicio de la labor en su eficacia o ineficacia debería ser suficiente para descartar una pieza. No ocurre así, quizás porque la empleabilidad es un término vacío y el acceso al mercado laboral o su permanencia en él depende más de factores extras que de capacidades o resultados reales.

Leo en la página citada: “Por eso es importante tener una red de contactos activa, porque en el mundo profesional es el boca a boca lo que permite conseguir nuevas posiciones, recomendaciones y mantenerse vigentes. La empleabilidad, finalmente, es ser empleable. Eso permite manejar el proyecto de carrera, escoger dónde se desea trabajar, elegir qué se pretende hacer y obtener el éxito como satisfacción personal y laboral”.

Desde luego, sin red de contactos el empleable está muerto y, en ocasiones, Linkedin puede ser un pomposo epitafio, porque lo que prevalece, más allá de toda demostración, es el número de vínculos efectivos disponibles. No es un mal principio si la empleabilidad se sabe medir luego en sus justos términos. Una recomendación puede ser fecunda para una empresa y finalmente bien agradecida, más o tanto que una evaluación superficial derivada de una convocatoria. Por otro lado, un empleado eficiente (probado en el terreno) puede quedar de pie sobre la calle sin mayor explicación; y uno que no rinde los resultados esperados mantenerse a bordo, por razones no explicables en términos de mercado o de trabajo-eficiencia-resultado.

“Escoger dónde se desea trabajar” resalta el texto. Es la inserción laboral más optimista en un mercado aleatorio en el que la oportunidad a tomar es la primera que se presente aunque difiera de la vocación esencial. Siempre hay pregones al margen. ¿Emprenderurismo? ¿Mypes? Me ha tocado escuchar con qué facilidad hay quienes aconsejan a otros seguir la vía del emprendimiento. Hay algunos bastante exitosos, por cierto; pero quien recurra a las cifras descubrirá que en el Perú se crean un promedio de 853 empresas, pero se cierran 469 por día (INEI).

La empleabilidad es un terreno por explorar, uno en el que muchos de los criterios tradicionales deberían reexaminarse a la luz de productividad efectiva y la calidad real del empleable.

Raúl Mendoza Cánepa

 
Raúl Mendoza Cánepa
11 de septiembre del 2017

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