Neptalí Carpio

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El subsidio a los ricos en San Marcos

Se debería establecer una justa escala de pagos para la matrícula

El subsidio a los ricos en San Marcos
Neptalí Carpio
07 de abril del 2017

Se debería establecer una justa escala de pagos para la matrícula

La torpeza de un grupo de periodistas, acusando a dirigentes estudiantiles de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos de “aprendices de terroristas”, oculta una gran verdad de ese centro de estudios y que se repite en otras universidades estatales: sin saberlo o por trasnochadas ideas de grupos ultraizquierdista, se termina por consolidar, en nombre de los estudiantes pobres, un alto subsidio indirecto para quienes provienen de estratos sociales medios o altos y que ingresan a San Marcos, especialmente a las carreras profesionales de Derecho, Medicina, Contabilidad, Odontología y de las áreas de Ciencias e Ingenierías, que aún conservan prestigio.

¿Cómo funciona este perverso subsidio? Como los dirigentes insisten en el mito de la gratuidad absoluta, movidos por el fantasma de la privatización que ellos mismos inventan en sus cabezas, se niegan a un alza de diversas tasas de enseñanza como la matrícula, derecho al carné universitario, carné de biblioteca, comedor universitario, entre otros pagos. Los montos son bajísimos y acordes al nivel socioeconómico de los estudiantes más pobres; pero son las mismas tasas que pagan los estudiantes que llegan a la universidad en modernos automóviles, con celulares de última generación y que provienen de la clase media y alta; y más recientemente de aquel sector medio emergente que ahora se ubica en los llamados conos populares de Lima Metropolitana.

Este igualitarismo estéril termina a la larga por favorecer a los sectores medios y altos de la universidad, quienes sin mayor reproche podrían pagar tasas más altas. Se ven altamente favorecidos por la prédica de los dirigentes izquierdistas, quienes en su mente dogmática aún creen que en nuestra sociedad la pobreza llega al 45%, como hace veinte años. Olvidan que en distritos populares como Comas, San Juan de Lurigancho, Villa el Salvador o Villa María del Triunfo, existen un boom de colegios privados y subsedes de universidades privadas, donde las matrículas y cuotas fluctúan entre los S/. 200 y S/. 600 mensuales.

Una política justa de cobro de matrícula y otras tasas, en una universidad estatal como San Marcos, debería basarse en el principio de “a cada cual según su capacidad económica”, fijando una escala de pagos muy fácil de aplicar, a partir de los certificados de estudios que los estudiantes presentan al momento de postular. Eso permitiría establecer el verdadero y justo subsidio, por el cual los estudiantes de bajos recursos no solo no deberían pagar nada, sino además recibir ayuda para que obtengan libros, computadoras, becas, servicios de salud y buena alimentación. La única exigencia para acogerse a ese beneficio debería ser un buen rendimiento académico, tal como ocurre en las universidades estatales en otras partes del planeta.

En una nueva visión de lucha estudiantil, los dirigentes podrían plantear transparencia e intangibilidad en el uso de esos recursos propios. Incluso podrían demandar la institucionalización de audiencias de rendición de cuentas de esos fondos, que deberían ser destinados para mejorar las bibliotecas, el comedor estudiantil, los servicios de salud, el uso del Internet y el wi-fi de código abierto en determinados espacios. Y los gremios estudiantiles podrían alcanzar más legitimidad representando no solo a los estudiantes de bajos recursos, sino a los sectores medios y altos.

Los grupos estudiantiles que realizaron la última de toma de San Marcos, en protesta por el alza de algunas tasas, afirman que el peligro de esa casa de estudios es que deje de ser para los jóvenes pobres debido a un supuesto intento privatizador, algo inexistente. San Marcos, con una población actual de 29,000 estudiantes, no fue nunca ni debe ser solo una universidad para pobres. No debe ser una universidad clasista, porque no se corresponde con la realidad nacional ni con un proyecto universitario integrador y plural. Debe seguir siendo un claustro pluriclasista y de todas las sangres, y albergar a jóvenes de estratos pobres y migrantes, para quienes debe tener una estrategia institucional de especial atención social integral.

Ahora ocurre algo muy sintomático. Los izquierdistas de San Marcos fomentan este subsidio indirecto para los sectores medios y altos que llegan a este claustro; mientras, por otro lado, la primera universidad de Latinoamérica profundiza su disfuncionalidad frente a la sociedad, el Estado, el aparato productivo y la clase empresarial, con escasa capacidad de generación de recursos propios. Ese es el verdadero peligro: que San Marcos sea una universidad cada vez más marginal, mientras se consolida un estamento de universidades privadas. ¡Qué tal paradoja!, los jóvenes izquierdistas, cumplen el papel de tontos útiles, beneficiando a los estratos más altos y bloqueando las posibilidades de un subsidio justo para los estudiantes más pobres.

 

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07 de abril del 2017

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