Carlos Adrianzén

Carlos Adrianzén

El resbaladizo estado de no vacancia

Un presidente ensombrecido y necesitado de coaliciones

El resbaladizo estado de no vacancia
Carlos Adrianzén
13 de marzo del 2018

 

Para cualquier lector de este portal puede resultar meridiano que la vacancia o no vacancia presidencial sellará el panorama político nacional de estos días. Lo que no resulta tan claro es cómo cualquiera de los dos eventos dibujará nuestras perspectivas de mediano y largo plazo. Y es que el país vive hoy sobre un peculiar estado de polarización. Uno peligroso y patético al mismo tiempo.

Es peligroso porque, aun dándose la vacancia por el cauce constitucional, tanto el profundo deterioro de las instituciones políticas locales cuanto la explosión de escándalos de corrupción, que afectan a casi todos los grupos políticos conocidos, puede terminar llevando al poder pronto a un personaje ni necesariamente más capaz ni menos turbio. Este peligro se construye sobre dos pilares, ambos idiosincráticos y arraigados.

Primero está esa peruanísima inclinación a etiquetar a todo ladrón ideológicamente afín como bueno, injustamente atacado y hasta justiciero pero confundido. Mientras que, por otro lado, a todo ladrón ideológicamente no afín se le etiqueta como un ser hediondo que hasta merecería la pena de muerte.

Y segundo, esa tolerancia a los delitos supuestamente menores. Para el grueso de los peruanos un presidente o un ministro ladrón es una desgracia intolerable; mientras que un congresista o un funcionario coimero de menor rango (un policía, un profesor o un secretario de juzgado) resulta algo parecido a un tipo equivocado, que busca elevar sus ingresos.

Este punto —la tolerancia a la microcorrupción— es un aporte socialmente muy destructivo de la izquierda. Después de todo, lo de ser pequeño o grande siempre implica algún tamiz relativo.

Pero esta polarización anti y pro vacancia presidencial resulta también patética. Su carácter políticamente vacío nos debería avergonzar. De hecho, más allá de algunas banderas explicita o tácitamente anti inversión privada, sus diferencias no implican ninguna discusión de fondo en términos de perspectiva política. Desde los pepekausas y los fujimoristas, pasando por los asalariados de Acuña y los rosaditos, hasta los violentistas del Frente Amplio y de Acción Popular se inclinan políticamente por las mismas pócimas. Quieren barreras mercantilistas, controles y regulaciones, menos mercado, más impuestos y entidades burocráticas. Solo en el proceso de detentar la mamadera se odian, aunque los transfuguismos abunden.

Establecidas estas abultadas atingencias que les parece si vamos al punto. ¿Qué traería la vacancia presidencial? El seguimiento del cauce constitucional y la previsible asunción del primer vicepresidente implicarían básicamente arrojar un bulto descalificador. Hacer público que los peruanos no toleramos el comportamiento de Kuczynski ni la arrogancia de sus colaboradores. Eso sí, resulta muy probable que el nuevo presidente no se atreva ni a encender la luz, y mucho menos a iniciar las reformas estructurales de mercado requeridas dada la cerrada oposición de los grupos de izquierda local. Esto, mientras los escándalos de corrupción continuarán profundizando la parálisis de la actividad económica. Pero decirle no a la tolerancia a la corrupción, si tendría un efecto positivo en el mediano plazo. Cambiaría la pobre percepción de la institucionalidad peruana, dentro y afuera. Y obligaría a continuar limpiando la casa.

¿Pero qué traería la no vacancia? La incapacidad institucional de siquiera aplicar el cauce constitucional a un presidente confeso y vociferante solo implicaría la negativa a arrojar un bulto apestoso. Es también muy probable  que un presidente ensombrecido y necesitado de coaliciones para pasar cada día no se atreva tampoco a encender la luz e iniciar las reformas de mercado requeridas. No olvidemos que PPK golpeó duramente a Maduro, y eso jamás se lo perdonará la izquierda caviar o la violentista limeña. Y tendrán plata global e informal para organizar protestas.

Todo esto se prevé, de la mano con sucesivos escándalos de corrupción que no solo continuarán paralizando la economía, sino que podrían expulsar a PPK del poder en cualquier momento. Aquí la grotesca tolerancia a la corrupción burocrática tendría un efecto muy nocivo sobre los flujos de inversión privada en el corto, mediano y largo plazo.

Así pues, de mantenernos en un estado de no vacancia el deterioro de la credibilidad local y global del Gobierno (y de los grupos mediáticos que hoy solventa) será creciente. Los tres años de gobierno pendientes al 2021 —marcados por previsibles retrocesos y escándalos— afectarán negativa y severamente tanto el ritmo de crecimiento e inversiones en la economía nacional, cuanto pondrán en jaque continuo a las instituciones económicas que aún funcionan (Banco Central de Reserva, Sunat o Superintendencia de Banca, Seguros y AFP).

Al Banco Central y a la Superintendencia, será previsible, que les soliciten su complicidad para echar mano de los ahorros de los trabajadores en el sistema AFP, en aras a conseguir recursos ante las crecientes presiones demagógicas y populistas que se aplicarán sobre un gobierno débil y desesperado, como el que nos dejaría el estado de no vacancia.

Se implemente la vacancia o sin ella, llegan tiempos en los que los ciudadanos debemos interesarnos en que el país no caiga en el despeñadero económico, para felicidad y complacencia de varios gobiernos sudamericanos de izquierda.

 

Carlos Adrianzén
13 de marzo del 2018

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