Eduardo Ponce de Vivanco

Eduardo Ponce de Vivanco

El remedio no debe ser peor que la enfermedad

La corrupción y la próxima Cumbre Interamericana

El remedio no debe ser peor que la enfermedad
Eduardo Ponce de Vivanco
15 de diciembre del 2017

 

En la dolorosa historia de las catástrofes políticas del Perú, y dadas las increíbles características de la que sufrimos ahora, los ciudadanos (inermes) exigimos a los actores de la crisis que no nos arruinen —todavía más— con remedios que resulten peores que la enfermedad. Los intereses e irresponsabilidades que se cruzan en esta infame guerra anticiudadana no solo justifican esta invocación, sino también la advertencia de que esos actores políticos serán juzgados por sus actos, sus dichos y sus omisiones.

Cuando es evidente que no es hora de improvisar ni sacar ventaja de las circunstancias, seguimos escuchando a lobos vociferantes que enciman sus posiciones y compiten para llevarnos a lo peor, seguros de que “el pueblo” pide sangre y holocausto; que quiere una hoguera de purificación masiva en la que todos se quemen, o por lo menos se vayan. Craso error. La gran mayoría de peruanos, que trabaja dura, diaria y precariamente para salir adelante, no tiene tiempo para enterarse de lo que ocurre en la vida política del país. Pero a la hora de sufrir las consecuencias, esa enorme mayoría sí sabe que será la primera en padecer las inclemencias de las crisis que los políticos alimentan con mala fe o permiten con su displicencia.

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Es ocioso abundar en lo que se comenta por doquier. Pero considero oportuno recordar aspectos básicos de las llamadas “interoceánicas” porque la codicia por construirlas ha sido el origen de los sobornos evidenciados en el escándalo brasileño e internacional de Lava Jato que está arrasando nuestro país.

El acuerdo para lanzar estas obras fue lanzado en la I Reunión de Presidentes de América del Sur, convocada por el entonces presidente brasileño, el reputado político e intelectual Fernando Henrique Cardoso. El Comunicado de Brasilia de 1 de setiembre de 2000*, que designa a estos proyectos como “Ejes de Integración y Desarrollo” (siguiendo recomendaciones elaboradas por el BIF, la CAF e INTAL), expresa la firme convicción de que la infraestructura de interconexión transfronteriza y la integración comercial fueron explícitamente entendidas como dos caras de la misma moneda, pues sin un régimen comercial concertado entre los vecinos respectivos no habría cómo utilizar la infraestructura para multiplicar el intercambio entre ellos. Lamentablemente, eso no fue lo que ocurrió.

Cardoso entregó la presidencia a Lula y el énfasis de la IIRSA comenzó a inclinarse hacia lo político: una Comunidad Sudamericana de Naciones que pronto se convertiría en UNASUR, instrumento privilegiado de la Venezuela de Chávez, firmemente secundada por el Brasil del Partido de los Trabajadores lulista. Posteriormente, el popular mandatario socialista fue el principal padrino del cartel formado por Petrobras, las grandes constructoras (emprenteiras), y el Banco Nacional de Desarrollo (BNDES), fuente de créditos generosos y subsidiados.

Como los acuerdos para liberar de aranceles y trabas al intercambio comercial no fueron siquiera propuestos, se aplicaron las normas del MERCOSUR: para negociar con terceros cada socio necesita el concurso de todos los demás. Como triste resultado de esta negligencia, el primer embarque de cebollas y ajos de Arequipa hacia el Brasil no pudo cruzar la frontera por la flamante Interoceánica Sur.

Convencida de que bastaba construir la carretera mágica, la macroregión sur presionó vigorosamente por la obra y los departamentos sureños compitieron para que el trazo atravesara su territorio. Pero no se percataron de la carencia de un acuerdo comercial con nuestro vecino, para que, por lo menos en el ámbito de las regiones fronterizas, el comercio pudiera fluir libremente.

Construcción y corrupción, sí. Intercambio comercial, no.

Con estos antecedentes, estamos obligados a observar con cuidado el proceso que culminará en la elección del próximo mandatario brasileño, porque Lula (que tanto bregó personalmente por los intereses de Odebrecht) es el candidato favorito. No sorprendería, por tanto, que haya comenzado a mover los hilos regionales para reforzar su reelección con otros presidentes vitalicios como Maduro, Morales y Ortega, todos ellos discípulos de Fidel y Raúl, quien “dejará” el poder (febrero 2018) en manos de un títere civil, cuidadosamente seleccionado y educado por el castrismo. Habrá que estar prevenidos de sus probables movidas para “reinsertarse” en los foros interamericanos y regionales. La próxima Cumbre Interamericana a celebrarse en Lima (que tratará exclusivamente sobre corrupción) sería un blanco apetecible para la sibilina diplomacia cubana como “madrina” de un Maduro que ya no tiene oposición interna y de los alicaídos miembros del ALBA. Hagamos lo posible por evitar que en la patética situación que vive el Perú a causa de la corrupción, podamos, por lo menos, vanagloriarnos de ser la sede de una cumbre hemisférica para luchar contra ella.

* http://www.iirsa.org/admin_iirsa_web/Uploads/ Documents/comunicado_brasilia_esp.pdf

 

 

 J. Eduardo Ponce Vivanco

Eduardo Ponce de Vivanco
15 de diciembre del 2017

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