Tino Santander

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El quinto mandamiento: No matar

Sobre la muerte de dos dirigentes campesinos

El quinto mandamiento: No matar
Tino Santander
06 de febrero del 2018

 

Los campesinos Celestino Flores Venturo (Cerro de Pasco) y Erineo Coriñapa Campos (Huancavelica) fueron baleados presumiblemente por la Policía Nacional, en medio de la protesta de miles de agricultores que exigían desesperadamente que el Estado les compre la sobreproducción de papas, que ha generado una disminución del precio del tubérculo nacional. Los campesinos culparon de estas muertes al Gobierno y su desidia para resolver los problemas del agro nacional. Además exigieron al parlamento una exhaustiva investigación.

La muerte de los campesinos o de cualquier dirigente social siempre será indiferente a la clase política capitalina, porque no les interesa ni les importa la vida de millones de peruanos que no sirven a sus intereses. Por eso, la estrategia del Gobierno es desprestigiar a los movimientos sociales, asociándolos al terrorismo o al accionar político de dirigentes radicales. Y eso demuestra lo alejados que están del Perú.

Los ministros, los analistas neoliberales, los partidos limeños y los gremios empresariales señalan que cualquier medida tímida de rescate de los agricultores andinos es populismo y resulta condenable, porque esa conducta se puede extender a otros sectores de la sociedad. Por otro parte, los dirigentes campesinos preguntan: ¿por qué los defensores del libre mercado y de la globalización nunca dicen nada cuando el estado rescata bancos y financieras que estafan a sus clientes (no olvidemos el rescate a los bancos Latino y Wiese a través de Cofide)? Tampoco nuestros neoliberales saben explicar el subsidio del Gobierno norteamericano a sus agricultores a quienes protegen —según ellos— por seguridad nacional y alimentaria.

Se equivocan quienes creen que los campesinos quieren estatismo y todo gratis; al contrario, solo exigen una política agraria que consiste en: infraestructura, carreteras, caminos rurales, asistencia técnica, sistemas de frio, mercados, almacenaje y crédito agrario (no quieren condonación de deudas). También exigen la protección del agro, como lo hacen todos los países desarrollados que defienden la alimentación de su población.

Los campesinos quieren exportar sus productos al mundo, pero han sido abandonados por todos los gobiernos; y a pesar de la indolencia sempiterna del Estado, se organizaron para hacer la contrarreforma agraria, parcelando sus tierras, y fueron los que crearon las rondas campesinas que derrotaron a Sendero Luminoso. Y venciendo las grandes dificultades de infraestructura producen la tierra para alimentar al país. Sin embargo, millones de jóvenes campesinos han migrado a las ciudades buscando un destino mejor en la informalidad, en la minería ilegal, en la tala ilegal de árboles, en el narcotráfico y el crimen organizado. El VRAEM es un monumento a la incompetencia del Estado.

Los peruanos nos preguntamos ¿Quién mato a estos humildes campesinos? ¿La policía que esta sin dirección política y actúa instintivamente? ¿Los últimos gobiernos que no tienen una política agraria y dejan que la mano invisible resuelva los problemas de un sector estratégico para el desarrollo nacional? Los campesinos responden: el verdadero asesino es el sistema autista de la clase política limeña, que es incapaz de gobernar y conducir al país. Ellos son los culpables de las violentas protestas sociales, de la desesperación de millones de peruanos, de la sensación de desamparo e inseguridad que agobia a todo el país.

No solamente la clase política es culpable, también la inmensa mayoría que se ha acostumbrado a convivir con el asesinato de dirigentes sociales, de campesinos, de policías y de cambistas; y a contemplar el horror de las violaciones de menores y múltiples asesinatos como si estuviéramos en una eterna primavera de la muerte. Cuando cambiemos esa actitud de indiferencia entonces sabremos que es posible transformar el Perú.

 

Tino Santander
06 de febrero del 2018

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