Luis Hernández Patiño

Luis Hernández Patiño

El Perú: ¿un país feliz?

Con las masas sumisas y contentas frente a lo que la elite dominante hace

El Perú: ¿un país feliz?
Luis Hernández Patiño
19 de julio del 2018

 

A la luz de los actuales acontecimientos, relacionados con la corrupción y los escándalos de los que venimos escuchando, resulta que los izquierdistas, ahora sin el más mínimo empacho, se inclinan a favor de poner la justicia de nuestro país en manos extranjeras. Y frente a ello, curiosamente, los mercantilistas de la derecha no alzan la voz en forma suficiente, como para que se escuche su protesta. Parece que, como decía el recordado locutor Humberto Martínez Morosini, “aquí no pasa nada”. Parece, pero en realidad sí está pasando. Y lo que está pasando es muy grave.

Pese a lo delicado de nuestra situación, nos encontramos invadidos por un peculiar tipo de felicidad que no es fácil entender a simple vista. Y cuya interpretación exige ir hilvanando diversos aspectos, así como conductas y tendencias sociales, muy peculiares, que se ponen de manifiesto en el marco de nuestro devenir cotidiano. En principio, da la impresión de que tales conductas y tendencias no tienen relación alguna; sin embargo, es cosa de irlo viendo.

En el deporte. Pensemos en el Mundial de Fútbol que acaba de finalizar y observemos la forma en la que reaccionamos ante los resultados de nuestra selección. En nuestra participación perdimos, fallamos penales y si algún partido ganamos fue cuando ya estábamos fuera del torneo. Sin embargo, hay que ver cómo la gente celebró; todo el mundo saltaba de contento, y hasta hoy hay personas que encuentran explicaciones y hasta excusas frente a nuestra improductiva performance deportiva.

¿No es esto acaso algo sintomático frente a la gravedad de nuestra realidad política, económica y cultural? Nuestra forma de reaccionar debería hacernos pensar un poco. Por mi parte, me resulta inquietante observar la facilidad con la que tendemos hacia la euforia. Alguien me dirá: “Ah, bueno, es que el Perú es un país feliz”. Y entonces, mi inquietud se torna en algo muy diferente.

Una felicidad de tipo preocupante. Siguiendo con lo del fútbol, yo entendería que la gente celebre si, por lo menos, hubiésemos entrado en los octavos de final. Pero no, y entonces me pregunto: ¿qué tipo de felicidad es esa que hoy nos invade en medio del grave estado en el que se encuentra nuestro país? ¿No se tratará de una felicidad de tipo anestésica? Tal vez, pudiera ser una felicidad de tipo literaria. ¡Vaya uno a saber!

De novela. Lo que ocurre entre nosotros parece el desarrollo de una trama, técnicamente elaborada, con todos los ingredientes de un reality show, que ha sido pensada y concebida para mantener cautiva a una gran teleaudiencia. En efecto, cada día que pasa van apareciendo noticias sobre situaciones y personajes en los que la ficción se codea con la realidad, consiguiendo dejar a más de uno con la boca abierta. En este caso, la obrita podría titularse: “ Perú, un país feliz”. Sin embargo, habría un problema con ese título, pues no es nada original. Ya existe una novela que lleva el nombre de Un mundo feliz, cuyo autor es Aldous Huxley.

En la novela Un mundo feliz, Aldous Huxley sugiere la posibilidad de conseguir en una forma científica que las masas se mantengan sumisas y contentas, frente a lo que la elite dominante hace con el mundo. Y entonces se me ocurre una interrogante: ¿no será el Perú un país “feliz”, en el contexto de un mundo que se podría estar proyectando tal como Aldous Huxley lo describía en su novela?

Atención al paciente. Suele decirse que nuestro país padece una profunda crisis, pero ello no es exacto. No lo es, porque una crisis no permanece en el tiempo. Lo que entre nosotros se da es un problema de tipo crónico. En concreto, estamos sufriendo un caso de patología, cuyos síntomas son muy específicos y fueron ya señalados en el año 1914 por Víctor Andrés Belaúnde, en un brillante ensayo titulado “La crisis presente”. Al respecto del mencionado autor, vale decir que “La crisis presente” se encuentra en su libro Meditaciones peruanas. Un libro que hoy amerita una muy reflexiva lectura.

Un gran reto. Frente a nosotros tenemos el cuadro de un Perú (¿feliz?) en cuya vida colectiva podemos percibir la influencia de rasgos de personalidad tan negativos como nuestra incoherencia, nuestra ironía, nuestros rencores, nuestra ignorancia, nuestro decorativismo y, en el fondo, nuestra pobreza sentimental. Ante ello queda por emprender el reto de ver qué nos ha pasado en lo más profundo, como nación. Y no son pocas las preguntas que esperan por una respuesta orgánica, no ideológica, sino realista, que tenga muy presente a la naturaleza integral de la persona humana, como motor, motivo y fuente esencial de análisis de nuestra situación y de nuestra vida social.

En un próximo artículo, me propongo empezar a ensayar una propuesta de la historia clínica de nuestro país. Ello a partir de una inquietud que he tenido desde hace tiempo, pensando en el Perú como un ser nacional, cuya situación de salud, en el más amplio sentido de la palabra, y aunque suene reiterativo, es necesario conocer para así poder enfrentar las causas de nuestros males.

 

Luis Hernández Patiño
19 de julio del 2018

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