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El peligroso contexto de la huelga magisterial

Columna

El peligroso contexto de la huelga magisterial

18 de Agosto del 2017

Radicalismo izquierdista e infiltraciones terroristas

Los fracasos continuos de los diálogos y negociaciones del Gobierno con los maestros, que parecen empeñados en castigar a los más de tres millones de alumnos de los colegios públicos del Perú, tienen explicaciones de fondo.

1. El grueso error de tratar con muchos frentes beligerantes que compiten por la representatividad gremial con demandas distintas y objetivos políticos diferentes. Además de enfrentar simultáneamente a los sindicatos nacionales, el Gobierno aceptó tratar con representaciones regionales sin condicionar el diálogo a la previa unificación de sus plataformas y reclamos. Así perdió la oportunidad de trasladar la responsabilidad política al otro campo, cayendo en el juego infantil de hablar con interlocutores de múltiples caretas, muchos de ellos maoístas empecinados en exacerbar las contradicciones sociales, profundizar el caos e incendiar la pradera. Como si fuera poco, esta actitud desconcertada y complaciente se complica aún más con el oportunismo de la intervención parlamentaria. La reunión de la Comisión de Educación del Congreso, el jueves, fue un festival de la demagogia más descontrolada. Con excepción de la solitaria bancada oficialista, todos siguieron el compás virulento de la izquierda, que concurrió masivamente a la sesión para agredir a la ministra Martens.

2. La enorme ventaja táctica de los radicales se agranda por la disfuncional estructura de la regionalización toledista y la irracional asignación de competencias a las autoridades departamentales, a quienes también se cedió el manejo de la educación. Esa descentralización “a la loca” es un gravísimo problema estructural que estrangula la administración eficiente del país; y permite, por ejemplo, que los gobernadores hayan llegado al extremo de desobedecer la instrucción de descontar los haberes de los huelguistas, impartida por el Ministerio de Educación. Solo el Congreso puede reformar este tremendo obstáculo a la gobernabilidad del Perú. Por desgracia, esa no es su prioridad política ni una exigencia perentoria del Ejecutivo, como debería ser.

3. Este y otros conflictos confluyen y complican el convulso escenario del sur, agitado por el senderismo tolerado a pesar de la información de inteligencia, abierta y reservada, con que cuenta el gobierno central. Un ejemplo de Inteligencia abierta es la investigación de Joseph Humire, director del Centro para una Sociedad Segura y Libre (www.securefreesociety.org), quien detectó la penetración de Irán y el Hezbolá: su artículo “Perú, en el punto de mira de Hezbollah e Irán para sus actividades terroristas en Latinoamérica” trae sorpresas como estas: hay un brazo militar del etnocacerismo (Aspret) “que trabaja estrechamente con la organización islámica Inkarri Islam para reclutar y adoctrinar a jóvenes desarraigados a lo largo del país”, especialmente en el sur. Tiene contacto con el ALBA desde 2009. En 2016 se abortó un gran ataque terrorista en Surquillo, y hay 150 peruanos convertidos al fundamentalismo chiita; la estrategia iraní parte de Venezuela, y el apoyo logístico y financiero lo canaliza Bolivia. Humire es autor del libro Iran’s strategic penetration in Latinoamerica” (Lexington Books, 2016). Ha crecido un tumor en la misma región donde operan los antimineros radicales y el senderismo supérstite, ahora reforzados por la teocracia de Teherán, que perpetró el horrendo atentado contra la sinagoga de la AMIA en Buenos Aires (1994). Por su importancia geopolítica el Perú ha sido seleccionado como objetivo de su operación regional. Preguntémonos: ¿la movilización de maestros a Lima está financiada por Irán? ¿Qué estará haciendo el Gobierno al respecto?

Un comentario final sobre la huelga. La calidad de la educación pública peruana es —o debería ser— una política de Estado. La indispensable idoneidad profesional, capacitación y meritocracia de los profesores son medios para lograr ese fin, al igual que los salarios que reciben. Si la prioridad de la educación es un compromiso auténtico del Gobierno, su implementación no puede limitarse al aumento de sueldos de los maestros, quienes deberían ser los primeros en compartir sinceramente el objetivo nacional de convertir a la educación en palanca del desarrollo.

 

J. Eduardo Ponce Vivanco

Fotografía: Cusco en portada