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El modo de corrupción

Columna

El modo de corrupción

11 de Enero del 2017

Corrupción solo terminará gracias a la libre competencia

Modos de producción les llamó Carlos Marx en Formas precapitalistas (más conocido como “Formen”) a los arreglos generados sucesivamente por la historia en Occidente para el control de los medios de producción del mundo antiguo y el moderno. Incluso inventó una categoría sui generis, a la que llamó modo de producción asiático, que usó para explicar también los casos de México y el Perú.

Exploremos ahora la posible existencia de modos de corrupción. A primera vista puede haber dos, ambos caracterizados por la complicidad del sector privado con el público. Ambos para la colocación de proyectos que el país supuestamente beneficiario no necesita. En el primer caso, el modo de corrupción original, el que ejecuta la obra es el sector público. En el segundo, más sofisticado, el sector privado financia y ejecuta la obra, algo mucho más eficiente.

¿Cuándo comenzó la corruptela de venderles a los países emergentes proyectos que no necesitan? Los antecedentes remotos se encuentran en grandes elefantes blancos, obras faraónicas de la posguerra tardía en países subdesarrollados, como se decía entonces. Como la represa de Asuán en Egipto en los sesenta, cuando todavía se creía que el desarrollo dependía de intervenciones para destrabar una máquina supuestamente trabada. Se hizo entonces con fondos de organismos públicos multilaterales, como el Banco Mundial. Es decir, varios estados prestan y el Estado beneficiario ejecuta.

Probablemente el modo de corrupción no mereció ese nombre, sin embargo, sino hasta después de que, en 1972, el presidente Nixon acabara con el patrón oro y dejara flotar el dólar en la economía global. El dólar se devaluó a la mitad (de 35 a 70 dólares por onza de oro). Para resarcirse del golpe, los países productores de petróleo elevaron el precio del crudo a más del doble. Eso generó, a su vez, la marea de los entonces llamados “petrodólares” que fueron a dar de vuelta, directamente, a los bancos occidentales. Estos tenían que colocarlos y se los prestaron en masa a los primeros que alzaron la mano. Así nació la megadeuda latinoamericana de los setenta, y la crisis de la deuda cuando, a principios de los ochenta, ya no hubo cómo pagar.

Hasta entonces, sin embargo, se trataba todavía de préstamos de bancos privados para obras ejecutadas todavía por el Estado beneficiario, mediante una empresa o corporación pública. Desde luego, una cornucopia de corrupción. Pero el primer modo de corrupción pronto mostró su ineficacia. Las empresas estatales brillan por su incompetencia para ejecutar rápidamente proyectos faraónicos. Fue así como surgió el nuevo modo de corrupción en todo su esplendor expeditivo. En adelante la propia empresa privada fue el ejecutor de las obras y, naturalmente, la que se encargó también de la ingeniería financiera mediante consultoras privadas que dieron la luz verde técnica a los proyectos a cambio del 1% de su valor. ¿Para qué incluir a los Estados, salvo como deudores?

Así es como el modo de corrupción devino en modo de producción, organizando los recursos. Creció exponencialmente en pocos años, colocando en todas partes obras innecesarias con enormes sobrecostos para despejar los obstáculos mediante sobornos. Una máquina eficiente. Solo en el Perú en los últimos quince años se contrató con las empresas brasileñas obras por casi US$ 20,000 millones; US$ 12,000 con Odebrecht, y US$ 8,000 del humalismo. El modo de corrupción “privatizó” de manera subterránea el proceso entero de la megaestafa con que esquilmó por década y media a los contribuyentes de una docena de países. Este es el desagüe que hoy ha reventado e inunda nuestra casa.

Pero el modo de producción corrupto solo terminará realmente gracias a la libre competencia. Hoy el desagüe colapsa porque la competencia global no toleró más este modo de corrupción de mercado cerrado. Espió sus prácticas y organizó su denuncia. En adelante veremos a empresas de países desarrollados compitiendo en las licitaciones públicas de países emergentes. No solo ya argollas locales vendiendo cual encomenderos posmodernos a consumidores cautivos obras que no necesitan.

La corrupción no desaparece, pero tiene nuevos modos y un proceso evolutivo.

Por Jorge Morelli

@jorgemorelli1