Erick Flores

Erick Flores

El impuesto progresivo, un privilegio para los ricos

Impide que los pequeños empresarios crezcan

El impuesto progresivo, un privilegio para los ricos
Erick Flores
21 de agosto del 2018

 

Carlos decide invertir en el mercado textil. En los tres primeros meses de abierto su negocio, las ganancias llegan a US$ 1,000 por mes. El impuesto que se le cobra por la renta que reporta es del 10%, lo cual significa que de los US$ 1,000 que Carlos está ganando, el Estado se queda con US$ 100. Carlos acierta en sus decisiones y gracias a la inversión que hace en publicidad y marketing consigue duplicar sus ingresos para el cuarto mes en el mercado, pero como la renta de Carlos ha aumentado, también ha aumentado la tasa que el Estado le cobra: ahora debe pagar el 20% de sus ganancias, lo cual significa que de los US$ 2,000 que está ganando, el Estado se queda con US$ 400. Carlos, pese a todo lo que el Estado le está quitando, sigue creciendo. Y a medida que reporta más ganancias, el Estado le va quitando cada vez más dinero.

El dueño de Inditex, en el mismo rubro en el que está Carlos, reporta millonarias sumas de dinero cada mes. También se le aplica el mismo tipo de impuesto y el Estado se queda con más de la mitad de sus ganancias. A medida en que crece su renta, igual crece la tasa que se le impone. Se trata, ni más ni menos, del famoso impuesto progresivo que Marx y Engels, hace un par de siglos, recomendaran en el Manifiesto del Partido Comunista, como una de las diez medidas necesarias para hacer estallar el sistema capitalista. La intención de los pensadores alemanes, con este tipo de medida, era atacar la acumulación de capital que se concentraba en pocas manos y así conseguir una especie de justicia económica y social, todo en el marco de su incesable lucha en defensa de los trabajadores y en contra del capital.

Que paguen más los que más dinero ganen, parece ser una idea bastante atractiva, sobre todo porque el común de la gente encuentra esta medida justa. La mayoría de personas está convencida de que el dueño de Plaza Vea, por la cantidad de renta que reporta cada mes, tiene que tributar más que el dueño de la bodega que está en la esquina de la cuadra; sin embargo, la realidad demuestra que el impuesto progresivo no solo no representa la justicia que Marx y Engels encontraban en la persecución a los ricos, sino que termina haciéndoles un gran favor porque genera una estructura económica donde empresarios como Carlos jamás van a poder progresar y competir con el dueño de Inditex. Lo que no es otra cosa que un privilegio estatal que protege a los más ricos de la competencia.

Carlos está en la base de la pirámide patrimonial y de ingresos, el dueño de Inditex está en la cima. Dentro de un sistema económico basado en un impuesto progresivo, es imposible que los pequeños empresarios como Carlos puedan crecer porque cuando comiencen a ganar un poco más, el Estado les quita el 20%; si ganan un poco más, sube al 25%; y si ganan un poco más, sube al 30%. No hay forma en que se produzca la movilidad social y los pobres puedan salir de la pobreza. Esto quiere decir, más allá del gran perjuicio que se genera para los más pequeños, que los más grandes siempre van a estar en la cima de la pirámide. El impuesto progresivo, en lugar de perseguir a los ricos para que los pobres puedan escalar económica y socialmente, termina protegiendo el patrimonio y el ingreso de los ricos.

Si bien es cierto que un sistema ideal y justo sería uno en el que ni Carlos ni el dueño de Inditex tengan que entregar —por la fuerza— parte de la riqueza que generan; uno mucho más eficiente en términos de impuestos y crecimiento económico, sería aquel en el que el impuesto sea plano y general. Que Carlos y el dueño de Inditex paguen el 10% de su renta, independiente de cuánto dinero ganen mensualmente. Es mucho más productivo porque sabemos que el 10% de US$ 10,000 es mucho más que el 10% de US$ 1,000. Esto permitiría que la economía funcione mejor para todos, especialmente para los trabajadores y los más pobres, porque con esto aumenta la inversión y la oferta laboral gana también en cantidad y calidad, como producto de la competencia.

Lo cierto de todo esto es que si queremos generar más oportunidades para todos, el impuesto progresivo es lo peor que se puede hacer. No solo no ayudamos a los más pequeños a crecer, sino que terminamos haciéndole un favor a los más grandes.

 

Erick Flores
21 de agosto del 2018

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