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El Fredemo de Alan

Columna

El Fredemo de Alan

15 de Octubre del 2014

Un breve relato crítico de los gobiernos del ex presidente Alan García

Alan García propone un frente con el PPC y Lourdes coquetea; AGP destapa el vínculo preexistente con Solidaridad y el mudo se sonroja; AGP muestra al nuevo vástago adoptado, Alex Kouri… y, de pronto, solo falta Vargas Llosa para resucitar al Fredemo.

Mientras tanto, en la otra orilla, una vez más el fujimorismo.

AGP tiene la ambición de ser el único peruano que ha llegado tres veces a la Presidencia y de retirarse en el bicentenario de la República oliendo a incienso. Quizás sea oportuno intentar aquí, por eso, una breve historia aleccionadora de sus dos gobiernos. Pido disculpas de antemano por los grandes brochazos, pero eso es lo que supone tomar perspectiva para ver mejor.

Invirtamos el orden histórico. Comenzaba recién su segundo período cuando AGP, preocupado por el crecimiento –un remanente de su primer gobierno-, pero fiel a sus viejas costumbres, lanzó lo que entonces llamó el “shock de inversiones”. Desconfiaba del MEF, así que Palacio organizó su propia oficina de seguimiento solo para descubrir, unos meses después, que el shock había avanzado en un porcentaje ridículo. Ese debió ser el primer clarinazo de que algo grave sucedía con la ejecución de la inversión pública.

Espantado de lo que eso significaba para su gobierno y antes de que comenzaran a tirarle piedras, AGP optó raudo –siente pasión por la jugada maestra, audaz, imprevista- por trasladar a los gobiernos regionales dos tercios del Presupuesto y con ello, supuso, la responsabilidad política de lo que hicieran con esos recursos. Una ingenuidad, porque los presidentes regionales encabezaron el apedreamiento del gobierno central mientras, como hoy sabemos, lo que hicieron fue abrir las puertas a la corrupción.

En eso estábamos cuando, a fines del 2008, colapsó la burbuja financiera global y el pánico de la recesión se apoderó nuevamente de AGP. Abjuró ahora sí del todo de su antigua fé en el estado y decidió que la inversión privada es lo único que funciona. Vehemente como es, pidió y obtuvo facultades del Congreso y sacó 97 decretos legislativos –llamados del “perro del hortelano”- que cambiaban la geografía para la inversión privada en la tierra. Especialmente las reglas según las cuales las comunidades andinas y amazónicas podían disponer de su uso. Esta decisión quizás bien intencionada, pero precipitada, terminó en la tragedia de Bagua. Y así cayó el país en la trampa del radicalismo antisistema en las regiones.

Extrañamente, las grandes líneas del segundo gobierno de AGP se parecen a las del primero, aun si tienen el signo ideológico opuesto. Confió en aquel entonces en sus “12 apóstoles”, mercantilistas de campanario, para el respectivo “shock de inversiones”. Les adelantó que los haría ricos pegando el maquinazo del siglo para poner dinero en los bolsillos de un mercado cautivo de consumidores que les compraría sus productos, lo que, según la “heterodoxia” de moda, haría arrancar el motor parado de la economía. La única condición que puso a sus apóstoles fue que la “masa de ganancias” la invirtieran en el país. Como eso era una irracionalidad económica –incluso para ellos-, los apóstoles procedieron a llevarse sus ganancias a Miami. Traicionado y humillado, AGP tramó su venganza y en estas mismas fechas, hace 27 años, les expropió a los apóstoles sus bancos. Y allí nació el Fredemo.

 Solo que hoy tenemos a Alan en el papel de Mario y los demás siguiendo, como siempre. Y, todos contra uno otra vez, he allí de nuevo al fujimorismo al frente.

Por Jorge Morelli

(15 - oct -2014)