Paul Neira

Paul Neira

Educar para aprender o para el resultado

A propósito del inicio de clases

Educar para aprender o para el resultado
Paul Neira
17 de marzo del 2017

A propósito del inicio de clases

Este inicio de semana se completó el retorno a las aulas de los colegios de los casi 8.2 millones de estudiantes; a pesar de que luego, por la emergencia nacional, se cancelaran las clases. Ello trae a colación la necesidad de focalizar la mirada respecto del por qué van a estudiar nuestros hijos, el futuro del país.

Recuerdo, como si fuera ayer, el runrún constante que cada fin de mes comenzaba a aparecer. Esa colectiva preocupación entre mis compañeros de clase porque venían los exámenes mensuales, o la consabida revisión del cuaderno (sufrimiento particular para los que no tenemos el don de la caligrafía clara). Allá van las tardes y noches poniéndose al día y comprando las láminas de Bruño para arreglar en algo la falta de imaginación de la tarea que tenías que presentar.

Todo este ritual luego se fue sofisticando, conforme uno se adentraba en las siguientes etapas de la educación formal, pero manteniéndose en esencia intocado. Todos hemos pasado por la misma experiencia. Este drill ha llegado incluso a convertirse en un movimiento internacional, en el que los países miden su potencial humano a partir de rankings hechos a partir de evaluaciones estandarizadas. Pero detengámonos un instante a tratar de comprender lo que nos estamos jugando realmente cuando solo miramos un lado de la moneda y no el otro. Ese reclamo de focalización arriba indicado.

Una reciente investigación realizada por Fullan y Langworthy (2014) plantea que al interior de las aulas existe un movimiento que establece como centro del trabajo educativo que los estudiantes alcancen aprendizajes profundos. Qué es esta cosa, se preguntará querido lector. En el fondo son un conjunto de novedosas interacciones entre pedagogías que apuntan a generar aprendizajes, creaciones y haceres, cuya combinación busca resolver los problemas más complejos que enfrenta la humanidad en sus diversos espacios y situaciones. La profundidad del aprendizaje generado en contextos como el descrito logra aprendizajes que nunca vamos a olvidar.

Una historia para ilustrar mi punto.Hace muy poco tuve la oportunidad de participar en una clase preparatoria para la alta dirección en una de las mejores escuelas de formación de gestión del país; donde la forma de aprendizaje por antonomasia es a través del estudio de casos. Algo similar a la Harvard Business School, templo máximo de esta forma de enseñanza. Lo interesante del estudio de casos es que si bien sus parámetros plantean aprendizajes, creaciones y haceres, también responden a una decisión inicial algo rígida en sus objetivos, que en el caso que les cuento fue contabilidad de costos. Cuando entran en contacto con los grupos humanos, sus experiencias distintas y carreras de origen disímiles terminan floreciendo y generando aprendizajes profundos que son asimilados y no olvidados por los estudiantes. 

Del otro lado tenemos otro movimiento, muy en boga hoy en día, que sostiene que es necesario establecer puntos que nos permitan saber claramente y de forma comparable —a través de diversas situaciones, historias, contextos, naciones— qué están aprendiendo quienes participan en procesos educativos. Así nacen, hace algo más de veinte años, las evaluaciones estandarizadas nacionales e internacionales, que tratan de responder a la pregunta de qué tanto sabe y, más importante, qué tanto sé respecto de los otros. Mientras que a nivel internacional la evaluación PISA, que se ha convertido en la cereza sobre el pastel, plantea rankings sobre el conocimiento en cuatro áreas del saber que ponen en orden a los países que forman parte de la evaluación; a nivel nacional existe la Evaluación Censal de Estudiantes (ECE). Tenemos así que muchas decisiones de política educativa peruana, ya sea nacional o internacional, (y recuerden que toda decisión de política educativa tiene atrás el compromiso de recursos millonarios) han sido tomadas en función a los rankings que generan estas evaluaciones.

Frente a estos dos puntos, que parecen opuestos, creo que cabe hacer algunas reflexiones a mano alzada respecto a sus consecuencias. Si tuvieran que comprar un servicio educativo que ofrece a) aprendizajes que sirvan en la vida real o b) salir súper bien en la lista de honor del salón. ¿Cual comprarías? Recordemos en este punto que eso hace el Estado peruano con tus impuestos. Claro, lo lógico sería pensar ¿y si conseguimos los dos por un solo precio? Eso sería una súper oferta, ¿no? Desde mi apreciación creo que en realidad el camino es comenzar a construir aprendizajes profundos para nuestros ciudadanos en primer lugar, luego vendrán solos los mejores puestos de honor en el ranking. Solo para apuntar, eso fue justamente lo que hicieron Finlandia, Polonia, Corea, Singapur y ese grupo de países que están generando nuevas vanguardias en el manejo de la educación como sistema.

A manera de cierre, debemos recordar que es en este mes en que se publican los resultados de la Evaluación Censal de Estudiantes. Tome asiento y lleve la cancha para ver cómo nos va en el tema.

 

Paul Neira Del Ben

 
Paul Neira
17 de marzo del 2017

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