Eduardo Ponce de Vivanco

Eduardo Ponce de Vivanco

Ecuador: lección democrática prometedora

La presidencia de Guillermo Lasso augura un futuro promisorio

Ecuador: lección democrática prometedora
Eduardo Ponce de Vivanco
24 de febrero del 2017

La presidencia de Guillermo Lasso augura un futuro promisorio

Rafael Correa ha sido un presidente imparable en Ecuador. Desde que lo eligieron se empeñó en copar el espacio público, predicar su versión del socialismo, condicionar el ejercicio de los medios y la libertad de prensa, competir por el discurso estridente en el ALBA, gesticular con personajes como Julian Assange o Snowden, socavar la independencia de poderes y, claro, hacer aprobar una constitución a la medida de su “revolución ciudadana” y su muy cursi filosofía del “buen vivir”. Inteligente (lamentablemente), hiperactivo, teatral y sanguíneo hasta el extremo, se erigió en una suerte de Mussolini ecuatoriano y amo del país.

Es un megalómano que, sin duda, enloquecerá sin el poder. No esperó los resultados del organismo electoral y se adelantó en una gran conferencia con la prensa extranjera para decir que, como matemático, aseguraba que habría segunda vuelta, que Lasso era un candidato fácil de derrotar y que, si triunfara, quebraría al país en unos meses y tendría que aplicar “la muerte cruzada”, mecanismo constitucional inventado por Correa para disolver el Congreso y convocar elecciones anticipadas. En esa coyuntura, pronosticó, tendría que regresar de Bélgica (es casado con belga) para salvar al Ecuador.

Megalómano y mesiánico, no imaginó que Alianza País sería derrotada. Correa perdió a pesar del error de los partidos democráticos ecuatorianos que, en vez de presentarse unidos, se arriesgaron a poner dos candidatos: Guillermo Lasso y Cynthia Viteri. No calculó que los votos de ambos superarían a los de su vicepresidente Lenin Moreno, cuyo carácter bonachón y conciliador le permitiría a Correa digitar la política desde fuera. Peor aún, jamás pensó que el hartazgo mayoritario con su omnipresencia casi evangélica se transformaría en la ola cívica liberadora que ha despertado tan saludablemente al Ecuador. Son masas las que han salido a las calles para defender su voto e impedir el fraude que se gestaba para lograr la victoria de Moreno en primera vuelta.

Mejor formado que Chávez, Morales, Ortega y Raúl Castro, Rafael Correa se veía por encima de ellos en el ALBA. De ahí la figuración internacional que intentó, con poco éxito y sacrificando a su servicio diplomático profesional (los llamaba “pelucones”).

Esperemos que los venezolanos aprendan que “sí se puede”. Es verdad que el aparato de inteligencia/seguridad/represión castrochavista no se implementó en Ecuador. Pero la derrota de la “revolución ciudadana” es otro fracaso del “socialismo del siglo XXI” que bien podría influir en Bolivia, donde el dúo Evo Morales - García Linera (su cerebro) pretende eternizarse en nuevas elecciones. Es posible que en 2018, Quito y La Paz hayan recobrado el estado de derecho, liberándose de las taras del bolivarianismo chavista. Sudamérica estaría entonces en los albores de una fisonomía refrescante y promisoria.

Ecuador será otro sin la presencia pegajosa y obsesiva de Correa. La presidencia de un demócrata liberal como Guillermo Lasso, apoyado por el Partido Social Cristiano liderado por Jaime Nebot y Cynthia Viteri, augura un futuro promisorio. Guillermo Lasso fue ministro de Economía del demócrata cristiano Jamil Mahuad, vilmente ajusticiado por sus rivales políticos, a pesar de que fue el artífice de la paz con el Perú, que trajo un futuro de amistad y desarrollo para los dos países. Mahuad vive exiliado en la Universidad de Harvard. No puede volver a su patria porque, hasta ahora, ningún presidente ha tenido la valentía de reivindicarlo como merece.

Si la traumática transición política del Ecuador culmina con la elección de Guillermo Lasso, nuestro vecino tendría la puerta abierta para integrarse a la Alianza del Pacífico. Sería un respaldo eficiente para un gobierno liberal y democrático que gravitará positivamente en el equilibrio político regional.

 

J. Eduardo Ponce Vivanco

 
Eduardo Ponce de Vivanco
24 de febrero del 2017

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