Alan Salinas

Alan Salinas

De corrupción y política

Los partidos políticos deben generar el sentido común ciudadano

De corrupción y política
Alan Salinas
01 de agosto del 2018

 

El país, luego de los escándalos de corrupción de Odebrecht y de los audios del Consejo Nacional de la Magistratura (CNM), está atravesando por una situación política bastante crítica, en la que son cuestionados los partidos políticos realmente existentes y su clase política en general. Ambos escándalos no hacen más que darnos a conocer los límites de nuestra transición a la democracia, a 18 años de haberla iniciado. Límites que pasan por el desencuentro que existe entre la política y sociedad.

Estimado lector, ¿ha escuchado, y visto en las calles, un “que se vayan todos” generalizado en todas las clases sociales, como sí se vio en Ecuador con el Feriado Bancario, en Chile con la crisis de la educación y en Argentina con el desmantelamiento de las políticas sociales en el gobierno de Macri? Pues no. Salió un grupo reducido de indignados, pero la mayoría de peruanos y peruanas ni se inmutaron. Siguieron con lo suyo, como si lo que pasa en la política fuera de otro país.

Queda claro para algunos que es necesario dar a conocer públicamente que detrás de todo lo que implica esta trama de corrupción hay un desorden que aparenta ser un orden. Vale decir, que detrás de los implicados en los audios de corrupción se esconden actores y prácticas que vienen del fujimontesinismo y que están prestando sus servicios a nuevos intereses.

¿Cómo así IDL-Reporteros logró conseguir dichos audios? Estimado lector, ¿cree que es gratuita la salida de los audios luego de haber sido aprobado en el Pleno del Congreso la ley que regula la publicidad estatal en medios de comunicación privados? Es legítimo en nombre de la democracia la salida de esos audios, pero ¿por qué no publican completamente todos ellos? ¿Qué esperan? ¿O qué intereses defienden?

Hay, como señaló Mauricio Mulder en el Pleno del Congreso sobre esos audios, una especie de “policía del pensamiento”, alguien que pretende controlar (¿chantajear?) para así legitimar sus intereses. O como dijo hace poco el expresidente ecuatoriano Rafael Correa en una entrevista: “No se engañen, desde que se inventó la imprenta, la tan cacareada libertad de prensa es la voluntad del dueño de la imprenta”.

Ya Pablo Iglesias, líder de Podemos en España, dijo que el gran partido político del siglo XXI son los medios de comunicación, que ponen agenda pública, generan sentido común y hacen que la gente milite en ellos a través de sus preferencias televisivas y periodísticas. Ese espacio, ganado hoy por los medios de comunicación, fue antes de los partidos políticos, reducidos hoy al Parlamento desprestigiado y a las calles sin movilizaciones masivas.

Ese es el panorama de la transición a la democracia 18 años después. A través de sus límites visibles, en el desencuentro de la política y la sociedad, los medios de comunicación —por medio de sus operadores, columnistas de opinión, editoriales, entre otros— han venido a reemplazar momentáneamente a los partidos políticos y su influencia en la ciudadanía.

El país políticamente se encuentra en escombros, pero no podemos dejarlo así. Es imperativo que los partidos políticos actúen disputando el sentido común ciudadano (que no cree en los políticos) desde medios de comunicación alternativos y a través de una ley de medios, que los regule. Hemos presenciado, desde los noventa hasta hoy, que la autorregulación no ha funcionado. Busquemos el equilibrio y un reimpulso a la post transición democrática del país.

 

Alan Salinas
01 de agosto del 2018

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