Neptalí Carpio

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Dammert el innovador, Dammert en las cavernas

Del mariateguismo peruano al chavismo venezolano

Dammert el innovador, Dammert en las cavernas
Neptalí Carpio
04 de agosto del 2017

Del mariateguismo peruano al chavismo venezolano

Cuando a fines de la década de los setenta ingrese a la Universidad de San Marcos me causó gran animadversión la extremada preponderancia de la ideología maoísta, a la que en su versión más extrema se le llamaba “el infantilismo de izquierda”. Era en la práctica una dictadura ideológica. Todos tenían que ser maoístas o marxistas - leninistas, mientras que los jóvenes apristas, liberales y conservadores estudiaban en silencio. Incluso a los propios trotskistas se les impedía opinar, y muchos catedráticos que discrepaban con esa ideología eran expulsados a empellones de la universidad.

Surgió entonces una corriente desde la propia izquierda estudiantil, de frontal crítica a ese dogmatismo maoísta y al bloque soviético. Un sector que rescataba el marxismo heterodoxo de José Carlos Mariátegui y muy crítico de los seguidores intelectuales de la Cuba de Fidel Castro, de Albania y de la Unión Soviética. Fue entonces que conocí a Manuel Dammert (tendría él entonces unos 33 años), del Partido Comunista Revolucionario. Me impresionó gratamente su talante antidogmático. Mientras la mayoría de grupos maoístas y los profesores de Materialismo Histórico y Dialéctico decían en las aulas y debates que el Perú de los años setenta era todavía un país semifeudal, Dammert señalaba que era ya capitalista. Explicaba los fundamentos de una “nueva izquierda”, contrariamente a la versión anquilosada del marxismo.

Muchos jóvenes de mi generación hicieron eco de esa prédica y generaron una suerte de reforma cultural antidogmática en San Marcos, que luego se expresó, junto a otros grupos renovadores, en un masivo referéndum a favor del tercio estudiantil. Y también en una nueva conducción de la Federación Universitaria de San Marcos (FUSM) y en una reforma académica contra la mediocridad.

Por cierto, no solo Manuel Dammert expresaba esa corriente innovadora de la izquierda, sino también otros como Carlos Tapia, Carlos Iván Degregori, Santiago Pedraglio, Javier Iguíñez, Dennis Sulmont, Sinesio López, Edmundo Murrugarra, Nicolás Lynch, Agustín Haya, el propio Javier Diez Canseco, entre otros. Fue el auge de lo que se denominó el “mariateguismo”, con una fuerte presencia intelectual y social en todas las universidades y sectores sociales del Perú. Lo demás es ya historia conocida. Dammert, incluso, en algún momento fue uno de los primeros en formular la tesis de que era imposible pensar en una vía socialista en el Perú y, en cualquier parte del planeta, si esta no era consustancial con el pluralismo político y la libertad. Desechaba así a la conocida “dictadura del proletariado” del Manifiesto Comunista de Marx y Engels.

Ahora, en el 2017, de aquel Manuel Dammert innovador no queda casi nada. Ha vuelto a la época de las cavernas, a tal punto que, frente a la dictadura de Maduro en Venezuela, se da la mano con Gustavo Espinoza (un prosoviético recalcitrante) para defender lo indefendible y negar la existencia de un gobierno dictatorial en el país llanero. Casi en el delirio ha llegado incluso a señalar que el domingo 30 de julio pasado, en Venezuela se ha realizado una “epopeya democrática” y un triunfo del pueblo venezolano. Contrariamente a sus años de juventud, se ha convertido en un defensor del castrismo cubano, de Corea del Norte y de otras expresiones de un socialismo retrógrado y dictatorial. En oposición a las opiniones del ex presidente Mujica de Uruguay, un frontal crítico de la dictadura venezolana, Manuel Dammert ha tomado la decisión de representar la expresión más atrasada y dogmática de la izquierda peruana. Qué pena. ¡Ni una pizca de crítica al régimen de Maduro! Puro seguidismo.

Los hombres de mi generación, dispersos en el Perú y en el extranjero, han tomado diversos caminos. Algunos son excelentes tecnócratas, docentes en el Estado y en el sector privado. Hay también prósperos empresarios. Otros hemos optado por el liberalismo democrático; más allá, otros persisten en crear una izquierda democrática o se han incorporado a otros partidos democráticos. Son decisiones respetables. Pero creo que ninguno de nosotros se atrevería a defender a una dictadura que tiene las manos manchadas de sangre. En eso seguimos las enseñanzas del joven Manuel Dammert de los años setenta, quien condenaba las atrocidades de José Stalin y de otros dictadores del bloque soviético.

A propósito, con semejantes ideas actuales de Dammert, ¿creen los amigos de izquierda que es posible formar un proyecto de “Nuevo Perú”, con viejas ideas? No lo creo. Verónika Mendoza, Marisa Glave, Alberto Quintanilla y Marco Arana, entre otros, tienen la palabra.

 

Neptalí Carpio

Neptalí Carpio
04 de agosto del 2017

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