Tino Santander

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Conversación en el club empresarial

Conversación en el club empresarial
Tino Santander
26 de septiembre del 2017

Una tácita alianza ideológica, aún sin liderazgo político

En el club empresarial de San Isidro me reuní con cuatro gerentes de diferentes empresas transnacionales. Querían saber qué piensan los dirigentes del movimiento social peruano. Es más, me dijeron que leen mis artículos aterrados, porque describo una realidad que no entienden, y que observan muy preocupados el país, lo ven sin rumbo. Sin más preámbulo, resumo la conversación.

Jacob Johnson (ejecutivo minero) me pregunta: ¿Por qué dices que el poder en el Perú está fragmentado? No te asustes —respondo— en el Perú existe el poder formal, pero este carece de autoridad. El Poder Ejecutivo, Legislativo, Judicial, los gobiernos regionales y municipales, los partidos políticos e incluso los medios de comunicación están deslegitimados y el 80% de la población no cree en ellos; no les dan confianza, no los escuchan, los repudian. El otro Perú es diverso, disperso y fragmentado; crean como pueden sus propios trabajos y construyen sus casas al margen del Estado, no pagan impuestos y han instituido sus propias organizaciones que tienen poder en todo el país. Por ejemplo, las empresas mineras negocian la "licencia social", imprescindible para asegurar la inversión, con las directivas comunales o los frentes de defensa local; y casi siempre llegan a acuerdos satisfactorios, salvo en casos como los de Cajamarca y Arequipa.

Charlotte Sellers (economista y ejecutiva de una empresa inglesa) pregunta: ¿Cómo pueden convivir esos mundos tan diferentes? Le explicó que son varios los países que habitan este territorio que llamamos Perú. Además —le digo— que estos países están en proceso de reconocerse entre sí. Por ejemplo, Juliaca (“la perla del capitalismo andino”) expresa esa nueva relación. El 75% de su población se dedica al comercio formal e informal. Su parque industrial es el más importante del sur del Perú, alberga a Alicorp, Backus, Direpsur, Tecnología e Importación, Embotelladora Juliaca, Inca Motors, Compañía Textilera, Cementos Sur y a diversas empresas mineras, ganaderas agrícolas. Asimismo, están ahí todos los bancos y funciona uno de los shopping malls más grandes del país. Sin embargo, la ciudad crece desordenadamente, como sucede en todo el Perú. La ciudad tiene más de 150 barrios, pero solo están reconocidos 5O. El 38% de la población cuenta con agua dos horas diarias, y la inseguridad y las ejecuciones extrajudiciales son cotidianas. Esta Juliaca —reina del libre mercado, les señaló— convive con el contrabando, el narcotráfico, la minería ilegal y el lavado de activos, que también cohabitan con el Perú formal. Business are business (negocios son negocios) dicen los puneños.

Alfonso Orriols (ejecutivo de hidrocarburos) reflexiona: ¿entonces el Perú va camino al populismo de izquierdas? No, al contrario —respondo a mis interlocutores—, los peruanos son mayoritariamente conservadores y ahora están movidos por la ira. Los dirigentes sociales urbanos y rurales anhelan un gobierno autoritario de derecha que por fin ponga orden con fuerza. Creen que los senderistas están avanzando y quieren organizar escuadrones de la muerte para acabar con el terrorismo, como lo hicieron las rondas campesinas hace años; quieren se imponga otra vez el servicio militar obligatorio para que sus hijos tengan un oficio y también maten a los delincuentes para defenderse; creen que la reforma educativa fomenta la homosexualidad en los colegios, mientras las iglesias en el sector popular ven a PPK como un enviado del demonio. Y todo esto no se expresa en los números de las encuestas de opinión que realizan en Lima. Por otro lado, eso peruanos asocian a la izquierda con la crisis del chavismo, y dicen que los miles de jóvenes venezolanos que venden arepas en las calles de Lima son por culpa de la izquierda chavista. Lo que vendrá en esta situación —me atrevo a predecir— es un régimen autoritario de derechas, porque este pensamiento está impregnado en las mayorías y en las élites, en medio del desorden que vivimos y de la incompetencia del Gobierno.

Mi respuesta fue para ellos una recuperación de la fe en el espíritu de Mussolini, de Escrivá, de Franco, de Sánchez Cerro y de Odría. Esos ejecutivos creen ciegamente que el indulto a Fujimori traerá la paz y el orden necesario para el ansiado y salvador crecimiento económico. La conexión emocional de la derecha empresarial y el pueblo que anhela autoridad refleja una tácita alianza ideológica, sin liderazgo político aún. De triunfar esta inverosímil alianza puede cambiar radicalmente la historia del Perú, con consecuencias impredecibles.

Tino Santander Joo

Tino Santander
26 de septiembre del 2017

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