Martin Santivañez

Martin Santivañez

Cartas a Mariana: sobre la verdad

La verdad nos permite liberarnos personal y socialmente

Cartas a Mariana: sobre la verdad
Martin Santivañez
20 de junio del 2018

 

Como te decía hace unos días, Mariana, el mundo actual no acepta la existencia de la verdad. Vivimos en un mundo relativista. El relativismo es el signo de nuestro tiempo. El relativismo pone en duda la existencia de verdades absolutas y permanentes, y otorga a la libertad humana la capacidad de crear “verdades individuales”, que en el fondo no son más que mentiras. Es fácil detectar estas “verdades individuales” porque no resisten el análisis de la razón. Esto no elimina un hecho fundamental: el mundo, tu mundo, ha sido copado por el relativismo.

La gente se encierra en “su verdad”, negándose a utilizar la razón. Hay una especie de terror a la verdad. Lo único importante es construir “verdades individuales” (mentiras) que satisfagan el estilo de vida de los constructores. Por eso un conocido político español dijo: “La libertad os hará verdaderos”. Es decir, la libertad construirá verdades al gusto de cada quién, a la medida de nuestros deseos y pasiones, sin importar si estos deseos son buenos o malos. Para el relativismo no hay nada bueno ni nada malo; o más bien, todo es bueno si tu libertad así lo quiere. Es bueno lo que te satisface a ti, aunque el mundo se acabe. Ojo, estoy hablando de satisfacción, no de felicidad. Son conceptos distintos y sobre ello volveremos.

He aquí la falla esencial del relativismo. La libertad, por más grande que sea, no puede alterar la verdad. La verdad es la frontera de la libertad. Por eso, lo que sí tiene sentido es que la verdad nos hace libres. Nos hace verdaderamente libres. Reconocer los límites de la libertad en la realidad (la realidad es objetivamente verdadera) permite que actuemos de manera razonable, empleando la razón para cambiar el mundo y respetando los límites de la verdad.

Yo sé que a los jóvenes no les gusta la palabra “límites”. Ustedes valoran por encima de todo la libertad. Pero hay algo impresionante que no debes perder de vista, Mariana. Es tan grande la fuerza de la verdad, es tan poderoso el esplendor de la verdad, que la libertad pensante, la libertad de la persona que piensa sin miedo hasta el final, tarde o temprano reconoce que en la verdad, y solo en ella, se encuentra la auténtica felicidad.

Mariana: es muy importante, incluso de vida o muerte, repetirle a tu mundo que la verdad sí existe. Que hay cosas buenas y malas, vicio y virtud. Existen realidades que te elevan y te hacen mejor persona, y hay ideas perversas que degradan y enturbian la razón. La verdad te libera porque te encamina hacia la trascendencia. La libertad sin verdad te condena a la mentira y al egoísmo. Y el egoísmo es el sendero seguro hacia la infelicidad y el fracaso personal.

La verdad genera una consecuencia que nace de la propia razón: tengo que buscarla, y al encontrarla debo transmitirla. El que encuentra la verdad siempre se lo hace saber a los demás. La verdad libera personal y socialmente. El que se topa con la mentira, por el contrario, se interna en un mundo egoísta donde prima el placer momentáneo y el daño a los demás. Busca la verdad, Mariana, búscala con todas tus fuerzas porque en ella está el secreto de la felicidad.

 

Martin Santivañez
20 de junio del 2018

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