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BICAMERALIDAD EN TIEMPOS DE CAMBIO

Columna

BICAMERALIDAD EN TIEMPOS DE CAMBIO

10 de Enero del 2017

Lo que está en revisión es quién y cómo intermedia la voluntad ciudadana

El debate sobre la bicameralidad regresa a la discusión política cuando el país se enfrenta a un proceso por casos de corrupción que debe afectar la presencia de varios actores políticos con cierto protagonismo.

Los miembros de la escena política vienen renovándose cada cinco años sin lograr reorganizar un elenco estable. Los partidos políticos que existían en el siglo pasado pasan por serias dificultades para sobrevivir. Acción Popular ha recuperado un aire, el PPC va camino a la extinción y el Apra no logra superar la omnipresencia de Alan García. La izquierda se renueva producto del paso del tiempo, pero sin abandonar su estilo cainita. De los nuevos emprendimientos, el fujimorismo parece el más estable, seguido de APP, mientras dure el financiamiento de César Acuña. Lo de PPK no parece ser capaz de sobrevivir este lustro. Pero, ante el advenimiento de los fondos públicos para los partidos políticos con representación en el Parlamento, las movidas por la captura del poder se han multiplicado en los partidos interesados. Vemos disputas en la izquierda, en Acción Popular, en el Apra.

Más allá de una o dos cámaras, está entonces en revisión quién y cómo intermedia la voluntad ciudadana. Si bien formalmente los partidos deben manejar la intermediación entre el ciudadano y el poder, en este siglo (ante la debilidad de los partidos) hemos visto cómo han aparecido nuevos actores que asumen la intermediación —como los famosos Frentes de Defensa—, que pasan incluso por los medios de comunicación hasta llegar, gracias a Internet, a una suerte de democracia directa, sin intermediarios, como sucede en las redes sociales.

Como ya se ha afirmado, la población electoral está subrepresentada. Desde la Constitución de 1993 se ha instaurado la idea de rebajar los costos de la representación, y ese es el criterio (el presupuestal) para proponer una sola cámara. Décadas antes, en la Constitución de 1933, frente a la arremetida del comunismo internacional se buscaron formas alternas de representación, como el Senado funcional; es decir una representación corporativa de gremios distinta a la de los partidos que conformaban la cámara de diputados. Nunca se logró plasmar.

¿Qué criterios deberían evaluarse? El poder siempre requiere control: mientras más contrapesos, más garantías para los ciudadanos. La representación debe poder identificarse. Los ciudadanos debemos saber quién es nuestro representante, por eso los distritos uninominales ayudarían además a deshacernos del voto preferencial que tantos problemas nos ha traído. El ciudadano debe mantener relación con su representante: mecanismos que hagan obligatoria la relación con los ciudadanos a través de asambleas (físicas o virtuales), comunicación electrónica y otras alternativas. Necesitamos partidos y no organizaciones para usar y botar, instituciones que tengan una propuesta de país y una voluntad de permanencia en la vida nacional.

Se vienen tiempos de cambios profundos y dramáticos. Es el momento de construir sobre lo que está a punto de derrumbarse.

Por Juan Carlos Valdivia